Prime Video organizó hace unos días en Madrid un pase especial en cine de los dos primeros episodios de Spider-Noir, la nueva serie protagonizada por Nicolas Cage. El primer capítulo lo proyectaron en blanco y negro, en su versión llamada Authentic Black & White. El segundo, en color, en la versión True-Hue Full Color. Me encantan esos detalles tontorrones… Salí de la sala con una sensación muy concreta y poco habitual en este tipo de pases: la de haber visto algo que no se parece a ninguna otra cosa que esté pasando ahora mismo en el streaming superheroico. Lo más interesante que tengo que contar no tiene que ver con los disfraces ni los superpoderes. Es la rareza de encontrarse, en pleno 2026, con una serie de Marvel que parece haber sido rodada por alguien que quiere a Bogart y a Mitchum bastante más que al propio Spider-Man. Y en esta serie me da la sensación de que se quiere mucho a Spider-Man.
Salí del cine convencido de que esto no es una serie de superhéroes, y eso es bueno
Los que tengáis cierta debilidad por el cine negro de los años cuarenta entenderéis perfectamente por dónde voy. Spider-Noir no es exactamente una serie de superhéroes, aunque lleve a un tipo con máscara y traje como principal reclamo. Es otra cosa, y esa otra cosa es justo lo que la hace interesante. La idea principal va por aquí: si os habéis criado leyendo a Hammett, viendo a Cagney los domingos por la noche en La 2 y suspirando por Lauren Bacall, esta serie os va a gustar. Si lo que esperabais era otro The Boys con su mala leche y su crítica poco disimulada, no se parece en nada a esto.
El Spider-Man olvidado cumple dieciséis años
Para entender bien Spider-Noir hay que retroceder un poco y recordar de dónde viene este Hombre Araña que el gran público apenas conoce. El personaje nació en febrero de 2009 en las páginas de Spider-Man: Noir #1, una miniserie de cuatro números escrita por David Hine y Fabrice Sapolsky con dibujos de Carmine Di Giandomenico. Formaba parte de la línea Marvel Noir, una continuidad alternativa publicada entre 2009 y 2010 que reimaginaba a los personajes clásicos de la editorial en clave de cine negro y pulp de los años treinta. En aquel rincón paralelo de la Tierra-90214, Peter Parker es tu antipático amigo y poco recomendable vecino "the Spider-Man", un vigilante sombrío que combatía a la mafia y a los políticos corruptos en la Nueva York de 1933, con un Norman Osborn convertido en señor del crimen y un Daily Bugle donde Ben Urich llevaba el peso emocional del relato.
El equipo creativo que hizo posibles las películas animadas de Spider-Verse vuelve a meter la mano en el cotarro arácnido
Pero el gran salto del personaje al imaginario popular llegó en 2018 con Spider-Man: Un nuevo universo, la primera película animada de la saga Spider-Verse de Sony, donde Spider-Man Noir aparecía como uno de los héroes arácnidos que se cruzaban en el universo de Miles Morales. Lo doblaba el mismísimo Nicolas Cage, que decidió construir la voz del personaje cruzando a Humphrey Bogart con James Cagney y con Edward G. Robinson, los tres pilares del cine de gánsters clásico de los años cuarenta. Quien haya visto la película recordará el detalle del cubo de Rubik con el que el personaje juega obsesivamente: en su dimensión todo es blanco, negro y gris, y no es capaz de entender qué demonios son esos colores que tiene delante. Aquel gesto, que en 2018 era una broma de quince segundos para mayores de treinta y cinco años, ha terminado siendo profético. Ocho años después, el mismo actor protagoniza la primera serie de imagen real dedicada a este Spider-Man de gabardina y fedora, cambiando su nombre a Ben Reilly, y abriendo las puertas a una reimaginación del Universo Marvel tan original como desconocida.
Esta nueva serie está producida por Sony Pictures Television, Lord Miller, Pascal Pictures y Amazon MGM Studios, lo que significa que el equipo creativo que hizo posibles las películas animadas de Spider-Verse vuelve a meter la mano en el cotarro arácnido. El director de los dos primeros episodios es Harry Bradbeer, un nombre tal vez poco conocido pero que firmó algunos de los mejores capítulos de la siempre recomendable Fleabag y de Killing Eve, además de las dos películas de Enola Holmes (mucho menos recomendables que Fleabag).
Hay una decisión narrativa importante que os señalaba antes, y que como marvelita me llama mucho la atención. En el cómic original, el protagonista de Spider-Man Noir era una versión alternativa de Peter Parker. En la serie de Prime Video, el protagonista se llama Ben Reilly, Nicolas Cage, un nombre que cualquier lector arácnido reconocerá del clásico Clon Saga de los noventa pero que aquí se usa con un sentido completamente nuevo. Reilly es un detective privado venido a menos, golpeado por la vida y por una tragedia personal ligada a una mujer llamada Ruby, que arrastra una pierna mala, una botella siempre cerca y un pasado que prefirió enterrar. Vive en una Nueva York de los años treinta donde es el único superhéroe enmascarado en activo. Le acompañan en pantalla Lamorne Morris como Robbie Robertson (un periodista negro que también se enfrenta a las barreras raciales de la época), Li Jun Li como Cat Hardy, Abraham Popoola, Karen Rodriguez y dos hombres del oficio como Jack Huston, que da vida a Flint Marko, y un intenso Brendan Gleeson que se calza el papel de Silvermane con la veteranía.
El superhéroe es lo de menos
Vamos al lío. Llo primero que a uno le queda claro viendo el episodio inicial es que el peso del relato lo lleva el género, no la franquicia. Aquí mandan los planos largos, la gente fumando sin parar, los ascensores antiguos de reja metálica, la segregación racial y el crack del 29. La música acompaña con maderas y metales en sordina, y la acción se centra más en los diálogos rápidos e ingeniosos que en las peleas espectaculares (que también las hay, tranquilos). Reilly arrastra sus problemas por callejones donde la cámara podría haberse cruzado con Sam Spade o con Philip Marlowe y nadie habría notado la diferencia. El hecho de que el detective de turno tenga la capacidad de trepar por las paredes y lanzar telarañas es casi anecdótico, una vuelta de tuerca añadida al manual del género más que la columna vertebral del relato.
El peso del relato lo lleva el género, no la franquicia
Resulta curioso que el cine negro clásico, ese que va de El halcón maltés en 1941 a Sed de mal en 1958, nació en realidad mirando hacia atrás, hacia la Gran Depresión de los años treinta. Las novelas de Hammett y de Chandler que sirvieron de base estaban escritas precisamente en ese contexto de derrumbe económico, corrupción política y desigualdad creciente. Spider-Noir hace el viaje en sentido contrario y ambienta el género en su época originaria, cuando todavía estaba ocurriendo lo que el cine negro luego procesaría como mito. Es solo un detalle, pero me hace pensar que esta serie ha sido trabajada con mucho más mimo de que parece a simple vista, aunque, tengo que reconocer, a nivel técnico resulta algo irregular: hay momentos que son absolute cinema, otros que parecen un anuncio de perfumes, y otros que rozan el fan film.
Nicolas Cage se está divirtiendo más que tú con esta serie
Creo que Cage llevaba ocho años deseando hacer esto, y lo sigo porque me da la sensación de que se lo ha pasado pipa interpretando a Reilly. Cuando en 2018 prestó la voz a Spider-Man Noir en la película animada, lo que hizo fue trabajar el personaje desde el cariño de fan, cruzando referencias del cine negro clásico que él se sabe al dedillo. Ahora, en imagen real y con ocho episodios por delante, esa relación previa con el personaje se nota en cada plano. Y lo mejor es que ha crecido y ahora resulta fascinante ver a Cage usar varios registros de interpretación, como cuando en sus funciones de detective se hace pasar por alguien para colarse en algún sitio. Su Ben Reilly es exactamente el detective venido a menos que el género pide, pero hay momentos que son pura comedia física y Cage lo borda. También es que yo soy muy fan de Cage.
El hecho de que el detective de turno tenga la capacidad de trepar por las paredes y lanzar telarañas es casi anecdótico
La gran particularidad de Spider-Noir está en su doble formato de emisión. Prime Video ha decidido estrenar la serie tanto en blanco y negro como en color, permitiendo que cada espectador elija cómo quiere verla. Sin embargo, tras comparar ambas versiones, la opción monocromática me parece la más coherente con el espíritu original del personaje y de los cómics que inspiran la serie. La fotografía tenebrista y la textura visual ganan mucha más fuerza en blanco y negro, reforzando la atmósfera noir que define la propuesta. La versión en color funciona estupendamente también y probablemente resulte más accesible para parte del público, pero también diluye parte de la personalidad estética que hace especial a la serie.
La producción también esconde pequeños detalles pensados para los seguidores más veteranos del personaje. Uno de los guiños más curiosos conecta directamente con la película animada de 2018 en la que Nicolas Cage puso voz a Spider-Man Noir, un personaje que bromeaba sobre no comprender los colores porque su mundo era completamente gris. Ahora, ocho años después, el propio Cage protagoniza una serie disponible precisamente en blanco y negro y en color, y quiero pensar que es un guiño un poco meta para los fans.
Spider-Noir no es una propuesta superheroica convencional, conectada al gran universo Marvel. Se trata de una propuesta más rara, pausada y profundamente influenciada por el cine negro clásico, algo que puede desconcertar a quienes esperen acción constante. Precisamente por eso, la serie parece destinada a un público concreto: espectadores con paciencia, interés por el género y ganas de dejarse llevar por una propuesta diferente. Estoy deseando hablar un poco más en detalle de esta serie emi crítica de la semana que viene, pero hoy ya os puedo confirmar que los dos primeros episodios transmiten la sensación de que sus responsables saben exactamente qué historia quieren contar y cómo quieren hacerlo, dejando la impresión de que Prime Video podría tener entre manos una de las rarezas más interesantes del catálogo reciente.
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