La producción usó para Las Dos Torres y El Retorno del Rey jinetes mujeres con barbas postizas porque en ocasiones "eran mejores que el resto"
En una época donde el cine digital domina, donde los rodajes apenas se realizan bajo la luz del sol y donde incluso los miembros del mismo reparto apenas se conocen debido a que, en ocasiones, ni siquiera graban juntos, hablar de cómo se hizo la trilogía de El Señor de los Anillos se siente como mirar a un pasado muy lejano. La épica obra de Tolkien, llevada al cine por Peter Jackson, tuvo mucho de artesanal y complejo, y una de esas dificultades radicó en los jinetes Rohirrim de Las Dos Torres y El Retorno del Rey. Y es que sí, no me he confundido: porque si no nos lo hubieran dicho, no nos habríamos dado cuenta, pero muchos de los valerosos guerreros de Rohan eran mujeres con barbas postizas.
Atendiendo al propio mundo de J.R.R. Tolkien, no hablamos de un entramado social especialmente progresista. Para los habitantes de Rohan, los Eorlingas, es decir, el pueblo en su conjunto, solo accedían al estamento militar los varones, que pasaban a ser soldados rasos, jinetes o milicianos, y luego a ocupar diferentes rangos, desde mariscales hasta capitanes o miembros de la Guardia Real. Sin embargo, las mujeres sí tenían cierta labor en épocas de guerra, consideradas guardianas del hogar del pueblo. No eran parte del ejército. Por otro lado, Tolkien sí escribió el término "doncella guerrera", aunque para referirse a Éowyn como una mujer con entrenamiento militar, pero dicho concepto introducido por el autor es vago y no profundiza en el pasado de Rohan.
Es decir, a no ser que se diera un tiempo de desesperación —como Tolkien mencionó en Los Cuentos Inconclusos y los Apéndices, donde la Invasión de los Dunlendinos, que inspiró La Guerra de los Rohirrim, obligó a las mujeres a luchar como parte del ejército regular—, ver jinetes mujeres era algo más que impensable, casi imposible; de ahí la singularidad de Éowyn. Pero no era raro ni imposible en el mundo real.
Los Rohirrim de El Señor de los Anillos eran mujeres porque "eran las mejores jinetes"
Todo esto nos lleva a Las Dos Torres y El Retorno del Rey. Como sabéis, Rohan es importantísima en ambas cintas, protagonista indiscutible de la segunda y de uno de los grandes momentos del cine épico en la tercera. Por ello, durante la preproducción de la trilogía en Nueva Zelanda —que, cabe recordar, se rodó al mismo tiempo—, el equipo de rodaje movió hilos para lo que se dice fue un rodaje que "dio trabajo a todo el país". Es decir, Jackson y New Line Cinema buscaban recursos nacionales. Por ejemplo, los gritos de guerra de los Uruk-hai se grabaron en un estadio de fútbol con miles de asistentes, mientras que los propios Uruks estaban interpretados, en su mayoría, por maoríes y samoanos de complexión imponente.
Sin embargo, había un problema con los jinetes de Rohan: aunque el pasado ecuestre del país es evidente y se sienten muy orgullosos de él, el equipo de Jackson entendió que no podía simplemente limitarse a "alquilar" caballos y contratar jinetes; debían contar con binomios reales, jinetes que montaran a sus propios caballos. La seguridad fue el factor determinante para esta decisión. Rodar una carga de caballería con cientos de caballos galopando a toda velocidad, rodeados de humo, gritos y extras a pie, es una de las tareas más peligrosas del cine. Por eso, tener tanto al caballo como a su jinete en el set, y lograr que la calma del actor se transmitiera al animal, llevó a buscar en clubes hípicos de todo el país. Y aquí llegó la sorpresa: no solo había un mayor número de jinetes mujeres con caballos propios, sino que, en muchos casos, eran mejores jinetes que sus compañeros varones; y para estas secuencias, la destreza era fundamental para garantizar la seguridad.
Al final, esto tenía un porqué histórico. Nueva Zelanda, como colonia británica, heredó parte de la cultura inglesa donde las mujeres de clase alta aprendían equitación desde niñas para la hípica recreativa, la exhibición social o la caza. Pero en el país oceánico, el aislamiento de las grandes granjas obligó no solo a criar caballos resistentes, sino a que la equitación, tanto masculina como femenina, pasase a estar íntimamente ligada al campo, democratizando su práctica. Y lejos de los colonos ingleses, las mujeres maoríes también comenzaron a montar y participaron en carreras, llegando incluso a ser las primeras mujeres del país en montar a horcajadas. Para 1900, la equitación femenina, tanto de la alta sociedad como de las trabajadoras, era tan común que la ropa se adaptó a esta actividad.
Y así, casi un siglo después, Peter Jackson se topó con un gran número de mujeres —la revista Empire llegó a citar en 2002 que en torno al 70% del rodaje de Las Dos Torres y El Retorno del Rey estaba compuesto por mujeres interpretando jinetes de Rohan, aunque la producción no lo confirmó— listas para cabalgar. Pero, dado que la fidelidad a la obra de Tolkien era clave, no podían introducir ejércitos mixtos de Rohirrim. Para ello, el departamento de maquillaje de Wētā Workshop realizó un trabajo titánico de caracterización: cada una de estas jinetes pasaba horas en la silla de maquillaje para colocarles barbas postizas, muchas hechas de pelo de yak, y pelucas que ocultaran sus rasgos femeninos.
Además, los icónicos cascos de Rohan, con sus protecciones nasales y laterales, fueron aliados perfectos para camuflar las facciones de muchas de ellas, integrándolas en el grueso del ejército y manteniendo la ilusión de un ejército exclusivamente masculino. Aun así, incluso dentro del rodaje la sorpresa fue evidente. El propio Viggo Mortensen, en el making of de la segunda película, comentó cómo, desde su perspectiva como jinete consumado, habría sido "una tontería no aprovechar el talento de las jinetes mujeres de Nueva Zelanda". Incluso añadió que "algunas de ellas son mejores que otros jinetes", aunque también admitió que la situación resultaba "un poco confusa".
Y es que, como relató Dominic Monaghan, quien interpreta a Merry, el propio Mortensen quedó maravillado con el talento de una jinete en el set de Las Dos Torres, hasta el punto de acercarse a felicitarla… solo para descubrir que era una mujer; algo que demuestra que el maquillaje funcionó dentro y fuera de cámara. "Siempre supe que Viggo tenía buen gusto. No se interesó por una barba negra y poblada, sino por quien tenía una bonita y cuidada barba rubia", comentó Monaghan con sorna. Mortensen, por su parte, no lo negó del todo y simplemente respondió: "No puedo negar nada de lo que el señor Monaghan haya dicho o dejado entrever".
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