A la Generación Z no podría importarle menos El Señor de los Anillos. La culpa es del satisficing

A la Generación Z no podría importarle menos El Señor de los Anillos. La culpa es del satisficing

  • La psicología dice que las personas estamos lejos de ser racionales todo el tiempo

  • Para los jóvenes Gen Z, eso supone elegir lo que resulta suficiente antes de lo que es mejor

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Anillos Gen Z
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Rubén Márquez

Editor - Trivia
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Rubén Márquez

Editor - Trivia

En algún punto del camino, sin darnos cuenta, hemos perdido lo que las grandes superproducciones significaban para el mundo del cine. Muchos creen que el problema está en el precio de las entradas, otros en que Hollywood ha perdido su chispa, y hay quienes mantienen que a la Generación Z y las próximas generaciones es algo que, simple y llanamente, no les interesa. Que a diferencia de los Millenial, da igual si delante tienen el fenómeno de Matrix, la ciencia ficción nostálgica de Star Wars, o la épica de El Señor de los Anillos. No podría importarles menos. 

Con estudios sociológicos que decantan la balanza hacia un lado o el otro, manteniendo que los jóvenes Gen Z siguen empujando el cine aunque no sea su principal afición, o tirando por tierra ese esfuerzo reduciéndolo todo al embrujo de los contenidos cortos y un TDA que no es tal cosa, todos ellos parecen evitar un problema de base. Lo que está experimentando la Generación Z es el fenómeno satisficing.

Los jóvenes Gen Z frente a la paradoja de la elección

Aunque el término satisficing queda a kilómetros de haber nacido de la mano de los jóvenes de la Generación Z porque la psicología lo inventó hace ya 70 años, hay pocas opciones que sean igual de válidas a la hora de explicar por qué a los Gen Z no les importa lo más mínimo El Señor de los Anillos y derivados. En una mezcla entre satisfy y suffice, de satisfacer y ser suficiente, la idea plantea que las personas estamos lejos de ser racionales todo el tiempo. A la hora de elegir nuestro cerebro tiene ciertos límites. 

Tal y como establecía Herbert A. Simon, el psicólogo y economista que inventó el palabro, satisficing hace referencia a ese fenómeno en el que, frente a una cantidad de opciones que superan a nuestra capacidad para analizarlas una por una, dejamos de buscar la mejor y nos quedamos con la primera que nos parece lo suficientemente aceptable. Si te acaba de venir a la cabeza la idea de la paradoja de la elección es porque viene precisamente de ahí. 

Cuando la psicóloga Sheena Iyengar trasladó el satisficing al mundo del marketing de principios de los 2000, descubrió que si ponía a la gente a elegir entre 24 mermeladas distintas en un supermercado, terminaban comprando menos que si sólo tenían que elegir entre 6. El clásico análisis-parálisis en el que más opciones no necesariamente implican ni mejores elecciones ni más felicidad con lo escogido. Ahora detente un segundo y mira a tu alrededor para intentar contar cuántas mermeladas tienes a tu alcance.

Con decenas de plataformas y opciones de entretenimiento a su alcance, que un joven Gen Z se pare a analizar si las 9 horas y 17 minutos que dura la versión original de El Señor de los Anillos entran o no en sus planes, no es una cuestión de gustos. Ni de renegar con lo que para un Millenial sería una decisión obvia. Es su cerebro buscando la salida más rápida a un problema que no puede permitirse. Es entender que ya no hay nada especial en esos eventos cinematográficos que nos arrastraban hasta el cine. 

Los eventos únicos e irrepetibles ya no son tal cosa

Hay muchas ganas de ver qué ocurre con la nueva serie de Harry Potter para HBO porque, a diferencia de lo que ocurrió con Los Anillos de Poder, donde el 71% de sus espectadores eran mayores de 35 años, la historia del mago puede agarrarse mejor a la Generación Z tirando de ese factor nostalgia que El Señor de los Anillos sí despierta en generaciones más grandes. El problema, en cualquier caso, es que la situación no tiene nada que ver con lo que era hace años. 

Cuando La Comunidad del Anillo llegó a los cines a principios de los 2000, encontrar un producto similar era prácticamente imposible. Era ese tipo de estreno que suponía un fenómeno a nivel global. Algo único que había que vivir sí o sí porque tardaría mucho en volver a repetirse. Había una escasez que convertía esa película en algo único, así que puestos a elegir una mermelada no había satisficing que impidiese tomar la mejor decisión posible. 

No es que esos eventos no ocurran en plena época de la Generación Z, es que tienen que lidiar con decenas de conversaciones más que duran lo que un caramelo en la puerta de un colegio. Porque además de esa película en el cine hay tres series en Netflix, dos estrenos en Prime Video, y además se está viviendo un dramón en redes porque no te vas a creer lo que acaba de decir streamer 1 sobre streamer 2. La cabeza no da para más, así que simplemente cae en el satisficing

Tendemos a creer erróneamente que quienes nos criamos entre fenómenos como El Señor de los Anillos nos agarramos a ello porque somos culturalmente superiores a la Generación Z. En realidad, lo hicimos porque acudimos allí como un rebaño de ovejas buscando el único yerbajo fresco que crecía en un yermo. Hoy, en cambio, esa extensión de terreno es un pasto verde a rebosar de opciones. No todas son necesariamente buenas, es innegable, pero sí lo suficiente como para dejara los jóvenes satisfechos.

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