XBOX se arrepiente por sus pecados del pasado y ha hecho algo muy poco habitual: pedir perdón, a su manera

XBOX se arrepiente por sus pecados del pasado y ha hecho algo muy poco habitual: pedir perdón, a su manera

La nueva estrategia de Asha Sharma es una enmienda a la totalidad de la consolidación de la etapa Spencer que exhibe muestras de arrepentimiento

Borja Vaz

Colaborador

Esta semana nos enterábamos de que Double Fine, uno de los estudios que Xbox liberó en su reseteo, había despedido a 23 desarrolladores como parte de su estrategia de supervivencia como entidad independiente. La realidad es que los dos últimos juegos del estudio han sido un fracaso colosal en ventas y todos se agarran a que el próximo juego, presumiblemente dirigido por Tim Schafer, consiga atraer a una legión de jugadores para mantener a flote el estudio. Es evidente que Microsoft no pensaba lo mismo, al igual que con los proyectos de los otros estudios de los que se ha desvinculado, pero por primera vez en mucho tiempo, en vez de seguir el curso natural de las cosas corporativas, han demostrado una nobleza casi que podríamos decir impropia de una compañía con su trayectoria

Enmienda a Spencer

Microsoft y Asha Sharma optaron por vender las acciones de vuelta a los fundadores del estudio en algún caso o a fondos de inversión que pudieran asumir el coste. Previsiblemente, a un precio mucho menor que el que ellos pagaron cuando se hicieron con el control en la década anterior. Y no solo eso, sino que les han dejado dinero suficiente para tratar de terminar el desarrollo de sus proyectos más avanzados y les han otorgado el control de las IP que han desarrollado durante su tiempo bajo su paraguas. Es una medida de gracia prácticamente sin precedentes y en mi opinión solo puede significar una cosa: que Microsoft se arrepiente profundamente de la locura de adquisiciones durante la etapa Spencer y que su obsesión por la consolidación ha sido muy lesiva para todos los implicados. Es lo más cerca que tenemos de una corporación pidiendo perdón y asumiendo su responsabilidad.

Hay que poner las cosas en contexto. Estamos caminando hacia un mundo donde los agentes corporativos y el gran capital están actuando cada vez con más codicia, menos controles y menos consideración hacia el ciudadano/trabajador/consumidor. Algunos lo consideran las consecuencias inevitables del capitalismo tardío, pero creo que la realidad es mucho más compleja, un crisol donde confluyen el declive moral de las sociedades, el aceleracionismo tecnológico y las cuitas intergeneracionales, entre otros muchos factores. Tenemos a los ejecutivos de Electronic Arts cobrando bonus millonarios gracias al éxito de títulos como Battlefield 6 mientras lo compaginan con despidos para facilitar la venta de la compañía a los saudíes. Tenemos a PlayStation eliminando el formato físico, experimentando con los precios dinámicos y a la vez restringiendo derechos digitales. Xbox con caídas de sistema que revelan la inestabilidad inherente a los ecosistemas digitales. Y la FIFA de Infantino vendiendo el fútbol a cachos para sacar tajada y desvirtuar la competición

Si no son rentables es porque los productos que han desarrollado durante su etapa en Microsoft han sido muy deficitarios

En este panorama, las acciones de Microsoft en su reseteo contrastan de manera notoria. Lo normal hubiera sido que directamente cerraran los estudios, retuvieran las IP, despidieran a todo el mundo y no se prodigaran con explicaciones más allá de una nota de prensa informativa. Es como hacían las cosas en el pasado. Es cierto que habrían recibido una respuesta en las redes sociales y en la opinión pública, pero no nos llamemos a engaño. Si han desgajado estos estudios de la matriz es porque no son rentables, y si no son rentables es porque los productos que han desarrollado durante su etapa en Microsoft han sido muy deficitarios. Es decir, que una cantidad ínfima de jugadores se han interesado por ellos. Puede que esos se sintieran agraviados, pero poco más. Y aprovechando que toda la indignación está firmemente enfocada hacia PlayStation, con un poco de suerte podrían haber pasado desapercibidos. 

Una industria nueva

Hay que saber leer entre líneas. Este movimiento encarna mensajes hacia afuera y también hacia dentro. Es la asunción de responsabilidades por la entidad corporativa, pero es también la forma de delimitar claramente un parteaguas. Un cambio de régimen donde el nuevo no quiere cargar con el lastre que llevó al antiguo a la ruina, pero tampoco con las culpas. Les han legado una máquina de perder dinero y ahora son ellos los que tienen que arremangarse y amputar las partes más deficitarias del negocio para intentar salvarlo. Lo van a hacer con anestesia y con todos los cuidados, pero la realidad final es la que es. El tiempo de los cheques en blanco y las promesas incumplidas se ha terminado. O reportas beneficios a la compañía, o serás pasto de las llamas. En Microsoft se han hartado de invertir a pérdidas y de generar un dolor de cabeza permanente. 

El reseteo de Xbox ha sido muy bondadoso con estos estudios, pero habrá que ver en 2 o 3 años cuántos de ellos han sobrevivido. Algo me dice que no muchos. Hemos presenciado movimientos similares en el pasado que fueron exitosos. Square Enix, hace ya unos 10 años, se desvinculó de IO Interactive por no cumplir con sus objetivos, pero en vez de cerrar la empresa, les dieron una oportunidad de retener el control el IP y trabajar en ella de manera independiente. Fueron tiempos duros para IO, pero al final no solo han salido adelante, sino que han prosperado. Justo ahora se encuentran también en un cierto apuro coyuntural al retirarse Microsoft de la publicación de su proyecto de fantasía RPG, pero con suerte son capaces de reanudar el desarrollo con otra publisher. Podría repetirse la historia en esta ocasión, aunque, sobre el papel, las circunstancias sean muy diferentes. Principalmente, el valor de las IP que retienen.

El reseteo de Xbox ha sido muy bondadoso con estos estudios, pero habrá que ver en 2 o 3 años cuántos de ellos han sobrevivido

Este periodo de transición que empezó en 2023 y que está provocando tantísimos dolores a la industria todavía no ha terminado. Es más, contemplando lo que trae bajo el brazo la próxima generación, lo más probable es que se alargue hasta el final de la década como poco. Todavía se tienen que despejar muchísimas incógnitas: ¿cómo va a afectar el cese del formato físico al ecosistema? ¿Qué desempeño van a tener unas consolas con precios prohibitivos para una gran mayoría de los usuarios potenciales? ¿Cómo se van a comportar los saudíes y otros fondos de inversión foráneos a la industria a la hora de desarrollar nuevos proyectos? ¿Qué impacto va a tener la incorporación de la IA no solo en el desarrollo, sino también en los procesos de toma de decisión de las publishers? ¿Cómo se va a afrontar el evidente envejecimiento de la población jugadora sin recambios naturales? 

Esta transición va a durar tanto tiempo que la industria que nos encontremos al otro lado no tendrá mucho que ver con la que teníamos antes de que empezara. En muchos aspectos, va a ser irreconocible. Ni siquiera podemos todavía anticipar desde aquí lo que nos encontraremos a partir de 2030. Presumiblemente será una industria más pequeña, más boutique, más especializada en satisfacer nichos muy concretos, más allá de su tamaño relativo. ¿Seguirá Microsoft formando parte de esa industria? Es imposible saberlo. Pero aunque lo haga, lo hará de una forma muy diferente. Con una identidad nueva, sin lastres de etapas anteriores. Arrepentidos de sus pecados del pasado: de su grandiosidad, de sus posturas erráticas, de su obsesión por el control y la voluntad de dominio.

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