Análisis: Devil May Cry 4| 9 de febrero de 2008 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 1 de 4 |
| Demonios, acción y brillantes escenarios góticos, una fórmula jugable endiablada. |
La esperadísima cuarta entrega de Devil May Cry por fin está entre nosotros. Nuevos escenarios, nuevo personaje y… poco más. Capcom apuesta sobre seguro y no introduce más novedades en la fórmula que las de unos gráficos mejorados. ¿Es esto malo? En absoluto. Los aficionados a la caza de demonios pueden estar orgullosos, Devil May Cry 4 es un excelente representante de la saga. |
Devil May Cry es, para bien o para mal, una de las sagas más representativas de las videoconsolas en el siglo XXI. Con personajes carismáticos como Dante, con escenarios fácilmente reconocibles por su estética, y con una jugabilidad frenética y de una dificultad muy elevada, se ha convertido en una serie de videojuegos adorada por unos y despreciada por otros.
Devil May Cry fue una saga que nació y creció en PlayStation 2, sin embargo la cuarta entrega debuta en Xbox 360 y PlayStation 3, y lo hace sacando partido de las características técnicas que permiten estas plataformas de nueva generación. Este cuarto episodio es un juego realmente bonito, con unas animaciones y movimientos muy elegantes y con una dificultad mucho más ajustada que su anterior capítulo.
Probablemente en términos de calidad se sitúe en tercer lugar, tras las brillantes primera y tercera entregas y por delante del fallido segundo episodio. Es por lo tanto un juego muy a tener en cuenta, tanto para los seguidores de la línea Devil May Cry como para los que se acercan por vez primera a un juego de estas características.
Devil May Cry 4 supone la carta de presentación de Nero, el nuevo héroe de la saga. De comportamiento y aspecto muy similar al de Dante, el inédito protagonista cuenta con un arma secreta, el “Devil Bringer”, capaz de desatar una fuerza devastadora.
El (segundo) CazaDemonios más macarra
Nero es un buen personaje. Hay que dejar claro eso en primer lugar. Desde Capcom se ha optado por sustituir a Dante por este joven de aspecto idéntico, y el nuevo protagonista tiene el mismo punto chulesco, machista y misógino que su predecesor. Su actitud de estar “por encima” de todo lo que le sucede puede resultar un poco atacante, pero es la fórmula Devil May Cry, y como tal hay que aceptarla.
El cuarto juego de la saga nos traslada a una ciudad costera regida por una suerte de religión militarizada conocida como “La Orden de la Espada” que rige con mano inquebrantable los destinos de sus ciudadanos bajo el apoyo de una serie de caballeros. Una de las ceremonias, donde se encuentra Nero con actitud pasiva y desinteresada como es lógico, irrumpe el no menos macarra Dante arrasando con todo y con todos.
Esto es lo menos que se puede contar sin “destripar” el argumento de Devil May Cry 4. No es que el guión sea esencialmente interesante o que repercuta en la jugabilidad, pero se nos van descubriendo una serie de aspectos según avanzamos nivel tras nivel en la aventura, y en última instancia todo cobra un sentido, más o menos previsible pero un sentido al fin y al cabo.
Las cinemáticas tienen el look clásico de Devil May Cry. De una ejecución impecable, con un estilo “videoclipero” muy adecuado y con un sentido de la espectacularidad verdaderamente digno de encomio, nos mantendrán pegados a la pantalla por poco interesantes que sean los diálogos o hechos que acaecen.


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