Análisis: Jackass the Game| 5 de diciembre de 2007 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 1 de 2 |
| Mente insana in corpore insano. El irreverente y humorístico espíritu Jackass en videojuego. |
Uno de los programas más irreverentes de la televisión tiene por fin videojuego. Jackass The Game es una colección de minijuegos de irregular acierto, y, sobre todo, un constante guiño a los fans de la serie, que probablemente los ajenos a su peculiar sentido del humor no puedan apreciar. |
A estas alturas poca gente no conoce Jackass, se trata del programa de televisión convertido posteriormente en película –y ahora en videojuego-, en el que una cuadrilla de descerebrados hacen disparatadas acrobacias y pruebas con el principal afán de hacer reír con sus golpes y caídas.
Jackass the Game nos traslada a una hipotética cuarta temporada de la serie que, para ponerla en funcionamiento, nos obligará a “construir” los siete episodios de los que constará y a reunir al diseminado equipo del programa.
Se nos dará una cantidad de dólares por cada prueba superada, lesión sufrida u objetivos secundarios conseguidos; de modo que cuanto más daño nos hagamos en la prueba u objetos rompamos en su transcurso obtendremos más dinero, que nos servirá para pasar de un episodio a otro.
Antología de la Estupidez
Más de 30 pruebas adornan el desarrollo de Jackass the Game y, siguiendo el peculiar espíritu de la serie en la que se basa, todas tienen el sentido del humor característico del programa.
Acompaña a Johnny Knoxville, Steve-O, Wee Man y compañía en una nueva entrega de sus aventuras de Jackass, esta vez en forma de videojuego. Por suerte para todos no aparece el chulesco, engreído y escasamente divertido Bam Margera.
Todos los minijuegos se pueden agrupar en un puñado de conjuntos representativos: Pruebas de coordinación con los botones, carreras, destrucción de escenarios y desafíos de habilidad.
Será habitual que diferentes misiones se enmascaren tras aspectos visuales diversos, pero en esencia todas se enmarcan dentro de esos cuatro géneros, y la gran mayoría se manejan con apenas dos o tres botones, con lo cual su desarrollo es tan sencillo como intuitivo.
Un peculiar sogatira que se resuelve con combinaciones de botones, un golf de destrucción que nos obligará a ser muy precisos con los controles, destrucción de mobiliario de un barrio residencial haciendo ski urbano colgados de un vehículo o carreras de carros de la compra son sólo algunos de los ejemplos. El conjunto es muy irregular, y algunos lapsos son mucho más divertidos que otros; por fortuna podemos escoger siempre a cuales jugar y no se nos obligará a repetir los que no sean de nuestro agrado.
La variedad es amplia y el descubrir las diferentes premisas y el llevarlas a cabo con tanta sencillez es razonablemente entretenido y adictivo, pero tristemente acaban siendo repetitivas a muy corto plazo, y la vida útil del juego es muy escasa debido a su breve duración.


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