Análisis: El Señor de los Anillos: Conquista| 16 de enero de 2009 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 2 de 2 |
Si que hay, en el ámbito de la diversidad, algunas alternativas entre las que optar. Por ejemplo contamos con cuatro clases de personaje: Guerrero, arquero, espía y mago, aunque todos ellos acaban estando cortados por el mismo patrón en términos de control y manejo. Por lo tanto las diferencias son las obvias y no pasan de ahí, así el mago está especializado en ataques a distancia con hechizos, el guerrero es brutal en el cuerpo a cuerpo, el arquero es vulnerable a distancias cortas pero letal en las largas y, por último, el espía está especializado en los rápidos zarpazos, gracias a una técnica que le permite pasar desapercibido en el campo de batalla hasta el momento en el que ataca.
El frenetismo y el desorden están fomentados todavía más por la presencia de una barra de energía especial que se recarga acabando con los enemigos. Lo que libera este pequeño interfaz es la posibilidad de realizar ataques especiales que la van consumiendo, aunque éstos se realizan de manera prácticamente idéntica a los normales con la sensación de tedio y monotonía que todo ello conlleva.
Todas estas dinámicas jugables son las mismas tanto en la campaña individual –que dispone de una modalidad cooperativa para dos jugadores- como en el modo multijugador, auténtico reclamo del videojuego. El Modo Historia no ha sido en absoluto desatendido, pero sería una pobre carta de presentación para un videojuego tan esperado como éste. Es en el multijugador donde Conquest depara sus mejores momentos, dejando, sólo en parte, de lado la torpe IA de las modalidades individuales.
La presencia en las partidas de algunos de los más icónicos personajes de las películas ayuda a darle al videojuego un tono mucho más épico y carismático.
Y decimos sólo en parte puesto que las batallas en el videojuego no son únicamente protagonizadas por los 16 jugadores humanos a los que da soporte el título, y es que el resto de soldados que vemos en pantalla los dirige la inteligencia artificial. Los rivales controlados por “la máquina” tienen auténtica fijación por los jugadores, y aunque otros soldados virtuales sean una amenaza mayor para ellos que nosotros siempre fijarán su blanco en nuestros personajes. Los aliados también hacen gala de abundantes comportamientos absurdos, y sus decisiones a la hora de escoger rutas u oponentes a los que enfrentarse siempre son discutibles.
Por otra parte, y ya con ánimo de rescatar lo positivo del multiplayer, hay que destacar la presencia de tres modos de juego. El clásico Deathmatch, el modo Conquista y el de Capturar el Anillo. El primero de ellos no merece mayor explicación y tiene dos vertientes, la de héroes y la de equipos. El de Captura del Anillo Único, por su parte, es una revisión de capturar la bandera en movimiento, mientras que Conquista es el que depara los mejores momentos del videojuego.
Dentro del multijugador, en el momento en que alcancemos una cifra concreta de puntos el mejor usuario del bando tendrá la oportunidad de convertirse en un héroe con habilidades especiales.
Aquí es donde se obtienen los mejores réditos de la cooperación con los compañeros de grupo, y donde mejor uso se le dan a las tácticas. En esta modalidad hay cuatro zonas de control en diferentes puntos del escenario, y cada equipo gana puntos exponencialmente en función del número de ellas que estén bajo su control. Se trata de la mejor alternativa que ofrece este lanzamiento de El Señor de los Anillos a todos los niveles, y es aquí donde verdaderamente las diferentes clases y estrategias toman el verdadero sentido.
En cuanto al funcionamiento de todo este apartado a nivel on-line no hemos experimentado ningún problema de lag ni en el cooperativo para dos jugadores –también disponible a pantalla dividida en una misma consola-, ni en las masivas batallas para hasta 16 usuarios. Un punto a favor de La Conquista.
Discutible Aspecto Visual
Que el videojuego que nos ocupa no es un dispendio visual es algo que, a estas alturas, no se le escapa a nadie. El conjunto resulta tan decepcionante que hay algunos elementos dignos de PlayStation 2 y la primera Xbox, y sólo el conjunto se redime por su condición de multijugador y del excelente resultado que se ha obtenido con estos sacrificios en su optimizado código de red.
Por si fuera poco se crea un desagradable desequilibrio entre escenarios y personajes, presentando los primeros un aspecto bastante bueno, y los segundos requiriendo urgentemente de un mayor trabajo de pulido a sus espaldas. Las texturas, en general, son francamente flojas en unos y otros elementos, y las animaciones de los soldados y bestias son muy pobres.
Gráficamente a La Conquista le ha faltado un plus muy serio para ser considerado un juego verdaderamente Next-Gen. Algunos detalles como los torpes sprites del enemigo en la lejanía son sonrojantes.
Los efectos a nivel visual son también anacrónicos, y algunos efectos como el fuego o el humo crean extrañas secuelas sobre los elementos a los que circundan. Podríamos llenar párrafos y párrafos sobre elementos visuales que nos han resultado decepcionantes, pero ciertamente sería un esfuerzo estéril. Baste decir que, sin ser merecedora de un suspenso, se trata de una faceta que no está a la altura de lo que se puede esperar de un título Next-Gen de estas pretensiones.
Después de relatar el decepcionante apartado gráfico y tecnológico, conviene deshacerse en elogios con la faceta sonora del título, un verdadero triunfo. La banda sonora de Howard Shore vuelve a demostrar una vez más su supremacía en términos épicos, beneficiándose el videojuego de haberla recogido punto por punto de las películas. Los efectos sonoros son también fantásticos, rayando en todo momento a un excelente nivel. El único elemento que desentona en el aspecto del audio en La Conquista es el del descompensado doblaje, algunas de las voces de los principales protagonistas llevan a cabo un trabajo extraordinario, mientras que otras de las que escucharemos en combate son muy mejorables.

Valoración de El Señor de los Anillos: Conquista El Señor de los Anillos: La Conquista es un videojuego demasiado irregular para recomendarlo sin hacer antes algunas matizaciones. Quien no guste del aporreo sistemático de botones no sacará demasiado partido de su propuesta jugable, aunque quien disfrute de las batallas masivas y del mundo de Tolkien encontrará aquí un entretenimiento directo y sin demasiadas complicaciones con una vida útil muy larga. |



El análisis de los lectores
¿Has probado el juego? Anímate y comparte tu experiencia con el resto de jugadores realizando tu propio análisis. Tu artículo será publicado en la revista y leído por muchos usuarios, ¡Lúcete!