Análisis: El Padrino 2| 8 de abril de 2009 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 2 de 3 |
Por lo demás el juego mezcla con mucha habilidad los combates cuerpo a cuerpo con los tiroteos con armas, y la mixtura resulta razonablemente compacta y francamente intuitiva. Somos completamente libres de emplear las manos o las armas en todo momento, y sólo en las partes de extorsión es especialmente recomendable guardar las pistolas y optar por utilizar nuestros miembros. Golpeamos con un puño por cada gatillo, y si pulsamos los dos al mismo tiempo podemos llevar a cabo agarrones. Una vez dentro de éstos las opciones de violencia se disparan, con un oponente completamente sometido y al que podemos golpear contra casi cualquier objeto del escenario o incluso ejecutar de diferentes y desagradables formas –mención especial para el estrangulamiento-.
El videojuego es, de hecho, tremendamente impactante y violento, sobre todo en las mencionadas ejecuciones. Éstas se van desbloqueando con el avanzar de la partida, y nos permiten acabar con nuestros enemigos a rodillazos, puñetazos, o empleando diferentes armas. Por si fuera poco El Padrino II cuenta con un vocabulario rudo y repleto de palabras malsonantes, además de con abundantes desnudos femeninos con lo cual su calificación de +18 se nos antoja ganada a pulso.
Sin embargo el problema que tristemente estropea bastante el buen trabajo de apuntado y combate es el de la penosa inteligencia artificial de la que hace gala el título. Los enemigos no suelen percatarse de nuestra presencia hasta que es demasiado tarde, y sólo algunos de ellos tienen actitudes “avispadas” como las de cubrirse tras objetos, el resto corren como pollos sin cabeza sin preocuparse de parapetos o de su propia vida.
Los movimientos de ejecución son uno de los reclamos de el combate cuerpo a cuerpo en El Padrino II. Iremos desbloqueando más con el avance en la aventura, y todos ellos son brutales.
El manejo de los vehículos, por otra parte, es muy tosco, y dista muchísimo del resto de títulos de esta generación. El problema se deriva con toda probabilidad del trabajo de su apartado de físicas, que resulta poco realista en peatones pero todavía mucho menos en los coches. Cuesta mucho tomar una curva a toda velocidad y no salirse de la carretera, y sólo conduciendo muy despacio es posible no organizar auténticas carnicerías de viandantes sobre la acera.
El Don –Director Deportivo de la Familia Corleone-
Las labores tácticas y de gestión de la familia son, por emplear un símil deportivo, tremendamente similares a las que puede realizar un Director Deportivo un equipo de baloncesto o de fútbol. Así pues deberemos ocuparnos de los fichajes –contratar matones-, del entrenamiento y promoción de nuestra plantilla –ascensos, progresión-, controlar los ingresos y gastos –beneficios de nuestros chanchullos- así como de las tácticas ofensivas –atacar a otras familias- y también de las defensivas –guardar nuestros locales y negocios-. Pero todo ello con el aliciente extra de que siempre podemos ser nosotros los que saltemos al “terreno de juego” para realizar las acciones por nosotros mismos. El lector ya conocerá aquella máxima del “si quieres el trabajo bien hecho, hazlo tú mismo”.
Con el botón Start del pad accederemos al mapa y a las acciones relacionadas con la gestión de la familia, básicamente donde se encuentran todos los parámetros que tienen que ver con este campo y donde también podemos informarnos en profundidad del estado de nuestras finanzas, ingresos, gastos etcétera.
Pocas pegas se le pueden poner al sistema de misiones de El Padrino II, sin embargo “hacer el gamberro” por la ciudad no es nada divertido. Esto se debe en parte a la total inoperancia de la policía, y a la ausencia de cosas que hacer en las ciudades.
Una de las primeras cosas que deberemos gestionar deberá ser el de los hombres que nos acompañarán. Nuestra Familia se compone de varios huecos que podremos ir rellenando progresivamente con matones que vayamos conociendo y “fichando” para nuestro equipo. Algunos de ellos nos acompañarán en nuestras misiones, los seleccionaremos, mientras que podemos encargar trabajos al resto para mantenerlos ocupados y sacar partido de sus habilidades.
De hecho a la hora de contratarlos iremos escogiendo entre unos u otros según su adecuación. Lo ideal es tener un equipo equilibrado, con buenos matones expertos en la intimidación y el combate, también hombres duchos en explosivos, algún que otro médico, un experto en “reventar” cajas fuertes, etcétera. Según las misiones que vayamos a llevar a cabo escogeremos unos u otros para que nos acompañen, pero el tener una plantilla equilibrada será fundamental a la hora de hacernos con el dominio de la ciudad.
En la ficha de cada hombre que estemos a punto de incorporar a la Familia descubriremos una pequeña descripción de su personalidad, su especialidad primordial y también su habilidad para el combate, reflejada en una calidad de Licencia de Armas que tiene cuatro posibilidades: Básico, Avanzado, Experto y Maestro.
No obstante estas características no son inamovibles, y es que en El Padrino II contamos con un cierto elemento de progresión gracias al cual podemos entrenar a nuestros hombres en diferentes facetas –salud, resistencia, dominio de armas, tiempo de descanso por heridas o detención, habilidad en el cuerpo a cuerpo y un largo etcétera- para mejorar su efectividad. Estas ventajas no son gratuitas y las inversiones rondan entre los 500 dólares y los más de 10.000 por cada punto que invirtamos en los diferentes varemos, y cada parámetro suele tener cerca de tres opciones entre las que repartir los puntos.
Desde nuestro mapa de Don podremos gestionar todo lo que hace referencia a nuestro imperio del hampa. El plano tridimensional servirá para controlar nuestros negocios, y también para guiarnos por las ciudades.

La mejora y el premio de la confianza sobre nuestros hombres acabará repercutiendo en sus ascensos. Como decía Frank Pentangelli en la película de Coppola, “una Familia mafiosa se parece mucho al ejército romano, y es que ambas se dividen en rangos”. Aquí podremos ascender a los “soldados rasos” a través de tres jerarquías más para darles mayores responsabilidades y recompensar su fidelidad y buen trabajo. Al más brillante podremos concederle el honor de nombrarle Consigliere.
Lógicamente estos personajes podrán ser abatidos o arrestados en las diferentes operaciones. Con un médico en el equipo podemos curarlos rápidamente, sino tendremos que hacerlo nosotros mismos. No obstante en caso de que no lleguemos a tiempo o, como decimos, la policía los detenga, deberemos esperar un número determinado de horas antes de recuperarlos, u optar al favor policial de algún agente corrupto que nos ayude a recuperarlo antes de tiempo.


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