Análisis: Cursed Mountain| 27 de agosto de 2009 / Por David Hernández Santamaría | Página 1 de 2 |
| Desolación, espíritus, horror y supervivencia: una lucha interna entre la vida y la muerte. |
Cursed Mountain es una lucha continua del ser humano contra la naturaleza. Una mezcla de religión, misticismo y valores humanos con el único fin de la supervivencia; una cuenta atrás dividida entre el rescate de una vida humana y la ostentación de poder. Un juez de altura que dicta sentencia. |
Siempre hubo una primera vez. Las superproducciones vienen acompañadas de expectación desde el primer momento de su anuncio, en cambio otros títulos deben labrarse un camino hasta el éxito. Ni Deep Silver, desarrolladora de este juego, ni un género como el survival horror en Wii, parecían elementos suficientes para la sorpresa. Si bien en Wii sobran exponentes del survival horror, cierto es que se limitan en exceso al continuismo y que los que intentan sorprender caen por un apartado técnico discutible. Con Cursed Mountain tenemos una merecida respuesta al buen trabajo y, sobre todo, a la sabia elección de una excelente ambientación que recuerda a los grandes Silent Hill, y donde el clima psicológico transgrede tanto la personalidad del personaje como la del mismo jugaodor.
En un mismo videojuego se ha sabido plasmar el misticismo y el consecuente miedo a lo desconocido. En esta ocasión no veremos monstruos ni un argumento salpicado de un terror violento ya masticado en multitud de ocasiones, sino que nos encontramos con un terror clásico, un terror que juega con los sentimientos tanto del personaje como del jugador, y que lo controla, tal marioneta, por un argumento bien hilvanado dentro de la cultura tibetana, con su religión, sus miedos y los misterios que la rodean. La buena labor documental del título que recoge sabiamente los puntos principales de la religión tibetana; los elementos fundamentales de la meditación reflejada en el yoga; los rituales, e incluso el lenguaje del sánscrito que da juego en los distintos mantras (poemas religiosos), dejan que el hilo narrativo nos sumerja en un camino en busca de nuestro hermano perdido en la montaña y también en el juego de la vida humana por la ostentación de poder para conseguir un termo, una reliquia tibetana.
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Una vez que el enemigo esté débil se hará visible un círculo rojo en su interior que representa su alma. Es el momento de realizar un ritual con el wiimote y nunchuk para hacer que descanse en paz.
Una lucha interna entre la vida y la muerte
El videojuego es una incesante lucha del propio personaje principal con la realidad. Eric Simmons sale en busca de su hermano, perdido en una de las montañas más peligrosas del Himalaya, el Chomolonzo. Cursed Mountain, lejos de proponernos un continuo avance con el único objetivo del rescate, nos introduce en una magnífica historia que acaba convirtiéndose en una lucha interna de Eric consigo mismo.
La ascensión continuada a “La Sagrada”, tal como se conoce a Chomolonzo, va mermando las fuerzas físicas y mentales del protagonista. Por un lado por la altura cada vez más pronunciada; segundo por la pérdida de esperanza de ver con vida a su hermano; y tercero por el encuentro con fantasmas. Este último paso va volviendo loco al personaje haciéndole ver cada vez más y más visiones, reales o no, que despertarán unos pensamientos que oiremos mediante una voz en off.
Conforme avancemos el número de espíritus que se nos aparezcan será mayor. Por suerte la mayoría de ellos son lentos, con lo que podemos librarnos de ellos uno a uno. Eso sí, también pueden aparecer justo detrás de nosotros y nos veremos obligados a correr hacia otra zona del escenario.
Conforme avanzamos en la aventura el juego nos va obsequiando con una serie de libros divididos en temáticas, que cuentan desde la historia de Lhando -el pueblo que actúa de puerta hacia la escalada de la montaña-, hasta las visiones que va teniendo nuestro protagonista y las profecías. Aunque lo más importante son los fragmentos que nuestro hermano va dejando a su paso y gracias a los cuales seguiremos sus pasos, manteniendo la esperaranza de poder encontrarlo con vida.
Sin ánimo de contar nada de la historia, ya que aquí radica la naturaleza del título, comentaremos que nuestro hermano Frank se ha quedado atrapado en la montaña tras perder contacto con su expedición. El hombre que lo contrató, Edward Benneth, es un rico arqueólogo coleccionista que ansia el poder por encima de las vidas humanas. Nos llama para recuperar un termo escondido en una de las caras de la montaña, y de paso, si nos lo encontramos, rescatar a nuestro hermano que, atrapado 6 días a 6.000 metros de altura, es posible que ni siquiera siga vivo.
En el momento de usar el tercer ojo, la paleta de colores cambiará a un color más depresivo y podremos hacer frente a los fantasmas. Aunque muchos de ellos vagarán sin querernos hacer daño.
Desafío a lo natural y lo sobrenatural
El terror expuesto en la aventura es psicológico, y en pocos momentos encontraremos acción desenfrenada ni tampoco nuestro personaje será un héroe memorable, sino un ser humano, un profesional de la escalada que intenta sobrevivir. Olvidémonos de sangre y violencia gratuita, porque en Cursed Mountain no la hay, sencillamente porque no lo necesita. Aquí la violencia se expone por la soledad, las inclemencias y el abandono.
Nuestra primera parada será Lhando, el mencionado pueblo que yace abandonado a su suerte y con extraños seres habitándolo. En él no nos encontrarnos con enemigos que derrotar en cada esquina; los espíritus jugarán con nosotros apareciéndose en momentos determinados y en distintas zonas para sorprendernos. El arma principal con que contaremos será nuestro piolet, el clásico bastón de alpinista con contera puntiaguda en un extremo y piocha en el otro y que, conforme avancemos, iremos potenciando. Lejos de resultar una herramienta muy efectiva para ahuyentar a los espíritus, este piolet nos permitirá destruir vasijas para encontrar incienso, el cual mediante un sencillo ritual en los lugares habilitados, nos hará recuperar nuestra vida.


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