Análisis: GTA 4| 1 de diciembre de 2008 / Por Álvaro Castellano Córdova | Página 2 de 5 |
Ciudad de Dios –Liberty City-
Niko es el personaje principal de Grand Theft Auto IV, sin embargo la protagonista es Liberty City, una ciudad canalla y sin escrúpulos de asombroso parecido con el Nueva York real, y no sólo en su faceta arquitectónica. Mucho se ha hablado a estas alturas de la ambientación del juego, pero realmente hay que embriagarse de la ciudad, moverse por ella y empaparse por completo de lo que fluye por sus venas para sentirse un ciudadano de Liberty City.
Hay un ejemplo de programación realmente gráfico, que muestra muy a las claras la confianza de sus creadores en las posibilidades del lugar. Rockstar oferta en GTA IV la posibilidad de hacer los trayectos en taxi y despreocuparnos del angustioso tráfico de algunas partes de la ciudad, este hecho se puede obviar pagándole un plus al taxista y saltándonos el viaje, o se puede realizar todo el trayecto mirando desde el asiento del pasajero por la ventanilla las calles de Liberty City.
Los lectores pensarán: “Esto me gustará la primera vez, pero luego lo pasaré lo más rápidamente posible”, lo mismo pensábamos en redacción hasta que vimos la vida a través de los ojos de Niko. Empleados municipales barriendo, mujeres de compras, empresarios hablando por el teléfono móvil, personajes que corren a resguardarse de la lluvia si no llevan paraguas, yonkis pidiendo dinero, gente que tras atropellar a alguien se baja del coche para interesarse por su estado… Todo este fenomenal mosaico de pequeños momentos construyen una totalidad inapelable, un placer que si no tenemos tiempo de disfrutar paseando, al menos si que debemos admirarlo a través de las ventanillas de un taxi amarillo.
Pero la de los ciudadanos no es la única baza del juego, ya que en esta ocasión la interacción con el entorno ha aumentado de forma notoria. No sólo porque ahora podemos entrar a un buen número de edificios o subirnos a sus azoteas -para incluso protagonizar espectaculares persecuciones por los tejados al más puro estilo Assassin´s Creed-, sino también porque en los interiores los muebles, las paredes y los diferentes elementos reaccionan a los disparos componiendo entornos destructibles.
Brucie es una brillante muestra del ejemplar retrato de personajes. Obsesionado hasta lo enfermizo con su físico, los anabolizantes le han convertido en una bomba de relojería.

Pese a que la versión de Pc sigue siendo la misma en términos de extensión y de misiones, Liberty City continúa teniendo un tamaño fenomenal, y muy superior a la compacta Vice City, pero también muy alejada del vasto estado de San Andreas. Es más, el juego, consciente de sus fortalezas, captura muchas de las ventajas que otorga el impecable mapeado de la urbe, y saca partido de ellas con una selección de misiones realmente impresionante. Lo único que se le puede reprochar a Grand Theft Auto IV en su aspecto jugable tiene que ver precisamente con este factor, debido al hecho de reciclar en exceso propuestas de juegos anteriores de la saga; pues al fin y al cabo todas las misiones se reducen a seguir a un vehículo, robar un cargamento, infiltrarse en unas instalaciones, etc. Nada nuevo en este sentido. La innovación viene de la mano de la forma en la que se afrontan.
Promesas del Este –Reinventando una Saga-
¿Cómo revolucionar el que es sin duda el actual género de referencia? Está claro que si una compañía está capacitada para hacerlo esa es Rockstar, que como uno de los estudios precursores del Sandbox tal y como lo conocemos, parece la compañía más indicada. Y ahora la pregunta clave, ¿ha revolucionado GTA IV los juegos “de desarrollo libre”? La respuesta es si y no.
“No” obviamente porque, como hemos señalado, si nos quedamos con la superficie del juego no observaremos excesivas diferencias con respecto a entregas anteriores; y “Si” porque si profundizamos en el título nos daremos cuenta que el impecable pulido que en la gran R han llevado a cabo con el género lo acerca peligrosamente a la inalcanzable perfección, y convierte a Grand Theft Auto IV en el representante por antonomasia del Sandbox.
La impresionante física del título nos deja unos accidentes de coche realmente sobrecogedores.
El factor que más brilla en GTA IV y que lo separa de forma admirable de sus predecesores, es lo que se refiere a nuestra interacción real con la historia y a nuestra capacidad de modificarla con nuestra presencia y acciones. Grand Theft Auto siempre ha sido una saga donde nosotros actuábamos como mero espectador de los encargos, ajustes de cuentas y muertes que la IA preparaba para nosotros. Esta falsa sensación de libertad se ha terminado.
Para Rockstar es especialmente relevante que nos sintamos dentro de la historia y que experimentemos un sentido de la responsabilidad. Para ello el polémico estudio ha redefinido el concepto de libertad, lo que provoca que lo que nosotros hagamos en la piel de Niko Bellic tenga, a menudo, consecuencias reales en el juego. Así, por ejemplo, habrá un puñado de ocasiones a lo largo de la campaña en las que se nos presentará la posibilidad de salvar o asesinar a un personaje que nos haya hecho “una faena”, por ejemplo. Si acabamos con él haremos justicia y probablemente saciaremos nuestra sed de venganza, pero quizá no sea lo más práctico, y es que perdonándole la vida puede que obtengamos suculentos beneficios.
Estas decisiones vienen también muy a menudo de la mano de la multitud de llamadas que recibiremos en nuestro teléfono móvil. Lo que al principio será el alegre tono de llamada que significará que alguien necesita algo de nosotros, se convertirá con el avance del juego en poco menos que un suplicio, pues conforme progrese la aventura las llamadas se multiplicarán, y frecuentemente tendremos que elegir entre las personas que solicitan algo de nosotros pues será imposible satisfacer a todas al mismo tiempo. No obstante el teléfono es un aparato de “ida y vuelta” con lo cual también podremos ser nosotros quienes realicemos llamadas, y no sólo por cuestiones de trabajo.
Robar un coche ya no es tan sencillo como en entregas anteriores. Hay que romper la ventanilla, hacerle un puente y tratar de arrancarlo en el menor tiempo posible.
American Gangster –Esclavos del Móvil-
Al rudo Niko Bellic no le cuesta demasiado acostumbrarse al estilo de vida americano, y en seguida -tanto el serbio como nosotros- nos daremos cuenta de lo importante que es la amistad y el cultivar la vida social en Norteamérica.
A los pocos minutos de partida el entrañable, aunque a menudo también estrangulable, primo Roman nos dará un teléfono móvil, y también su número. Desde este primer pasito en nuestra vida social hasta el final del juego acumularemos decenas de números, personas a las que podremos llamar solicitando ayuda o con las que podremos quedar por motivos únicamente relacionados con el ocio.
El cultivar las relaciones tiene mucha importancia, no sólo porque es agradable hacer que Niko pase un buen rato dentro de su estresante vida, sino porque muchos de los personajes que conozcamos nos reportarán suculentos beneficios si les tratamos bien. Así, sabremos cómo está nuestra amistad con los diferentes personajes porque de vez en cuando aparecerá un icono en pantalla que indicará si la relación mejora o empeora.


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