El mal ha vuelto a la tierra de Hyrule, la princesa Zelda ha perdido su cuerpo y el maligno está a punto de resucitar. Sólo hay una persona capaz de arreglar la situación, resolver los enigmas más complicados y vivir una aventura bendecida por el poder de los dioses. Y sí, eres tú, que en el papel del famoso héroe del tiempo protagonizarás uno de los mejores videojuegos que Nintendo ha dado a los seguidores de la Trifuerza.
Poder, coraje y sabiduría. La saga Zelda ha demostrado en sus casi 25 años de existencia saber plasmar en cada uno de sus videojuegos el perfecto equilibrio reflejado por la trifuerza, ese fantástico símbolo atemporal que nos ha permitido disfrutar de 15 entregas hasta la fecha, todas de una enorme calidad y que poseen el poder para crear seguidores, el coraje necesario para innovar y la sabiduría para gestar un sistema de juego único y difícilmente replicable.
Sólo Miyamoto conoce la receta, y se la cuenta secretamente a los maestros de cocina de Nintendo EAD 3, una de las subdivisiones más importantes de la compañía y que año tras año intentan crear tendencia, incorporando novedades jugables únicas de las que el resto de la industria acaba contagiándose con el tiempo.
Eiji Aonuma es, a este respecto, una pieza clave dentro del proceso. Desde su inmaculado trabajo en Ocarina of Time, el diseñador japonés no ha hecho más que escalar posiciones. Fue la cabeza pensante detrás de
Twilight Princess,
Phantom Hourglass y, por supuesto, el juego que nos ocupa hoy, un título que nos ha hecho recordar por qué esta franquicia es capaz de despertar tantos y tan grandes sentimientos entre sus seguidores. Y la respuesta es más sencilla de lo que muchos imaginan, puesto que el secreto de Miyamoto reside en hacernos vivir la aventura repleta de fantasía que siempre hemos deseado protagonizar.
He aquí nuestro tren, un vehículo de transporte que nos va a llevar a cada uno de los rincones del reino, tanto para explorar templos como para realizar una de las mil y una tareas que podremos realizar en Spirit Tracks.
El espíritu de Zelda
The Legend of Zelda: Spirit Tracks es la secuela de
Phantom Hourglass y sucesor espiritual del estilo caricaturesco, tierno y desenfadado que nos trajo Wind Waker en Gamecube. Un título que se desmarca de la vertiente más madura de la serie, pero no de un estilo de juego marcado por una exquisita dificultad, dotada de los puzles mejor elaborados de toda la franquicia y que, en el caso de la última entrega de
Nintendo DS, rozan el virtuosismo en términos de programación, planificación y diseño.
La aventura de Link en Spirit Tracks no es la más original de la serie. De hecho, aprovecha buena parte del trabajo proyectado sobre Phantom Houglass, pero su mayor duración (unas 20 horas) y el perfeccionamiento de sus dinámicas de juego son ya suficientes argumentos para subir a lo nuevo de Nintendo al olimpo de los imprescindibles.
En una época en que la acción puede con los puzles, Spirit Tracks se gana aún más su condición de auténtico regalo, de oda de incalculable valor para los jugadores que buscan algo más en sus aventuras. Spirit Tracks da una bofetada en la cara a todas las compañías que tienen miedo a hacer sus videojuegos difíciles, mostrándoles cómo crear un título con una dificultad suprema pero no prohibitiva y, a la vez, apta para todo tipo de jugadores. Nintendo una vez más vuelve a mostrar sus mejores artes, reviviendo el espíritu Zelda, ese que antaño hacía que nos atascáramos, obligándonos a consultar guías o amigos para seguir adelante.
Probablemente este no sea el Zelda más largo, tampoco el más emocionante, pero retransmite los valores de la franquicia con el estilo que creó Wind Waker gracias a la tecnología cel-shading. El resultado salta a la vista.
La eterna lucha de bien contra mal
Pero no todo son puzles en la serie Zelda. Siempre tiene que haber una historia, un hilo conductor que nos motive a seguir adelante. En esta ocasión, la trama no es demasiado profunda y no goza de excesivos giros argumentales. Tampoco hay numerosas conexiones con la historia de la saga y, en este sentido, sigue sin aportar (como
Phantom Hourglass) grandes detalles a los fans.
El argumento no pretende ser en Spirit Tracks demasiado dramático y, de hecho, recoge buena parte del estilo empleado en el cine infantil. Buenos muy buenos y malos muy malos (con alguna honrosa excepción) se juntan en una historia repleta de humor pero que podría resumirse en la sencilla idea de bien contra mal dentro de un mundo que se desmorona.
Y claro, el héroe que vendrá para salvar la situación será Link, el cual se nos presenta en el día de su nombramiento como
maquinista del reino, un cargo que la mismísima princesa Zelda oficializará. Eso poco antes de que los problemas empiecen a llegar, con el malvado Makivelo entrando en acción, destrozando la Torre de las Almas, haciendo desaparecer la vías del reino y llevándose de paso el cuerpo de Zelda (no su espíritu), anunciando a su vez la resurrección de
Malhadus, gran antagonista de una aventura que copia buena parte de la estructura principal en que se sustentaba
Phantom Hourglass.
El vórtice de viento es uno de los nuevos artilugios de esta entrega, y nos servirá para accionar interruptores, atacar enemigos y, en definitiva, resolver la gran cantidad de puzles que nos encontraremos.
Los dioses están de nuestro lado
En efecto, nuestro principal deber como defensores del bien consiste en reconstruir la Torre de las Almas, una construcción sagrada forjada por los dioses con el fin de sellar el poder del "maligno". Ahora que está completamente destruida tendremos que buscar a los Lokomos, una raza de sabios que desbloquearán sucesivamente y una por una las cuatro regiones del mapeado (bosques, nieves, fuego y mares), a la vez que nos muestran la localización de los cuatro templos necesarios para devolver los sellos sagrados a la normalidad.
Y como seguramente alguien se quejará diciendo que no hay sólo cuatro templos, nos curamos en salud alegando que no queremos estropearos la experiencia. Este nuevo Zelda, al igual que tantos otros, tiene la particularidad de que es más largo y profundo de lo que parece, mucho más cuando se completa y se aprecia en su magno esplendor.
Un esplendor que es más intenso gracias a las importantes mejoras introducidas con respecto a su predecesor. En primer lugar, hemos de hablar del nuevo protagonismo de Zelda. La princesa de Hyrule sale de sus aposentos con la mala fortuna de que pierde su cuerpo, pero no su espíritu, que perseguirá a Link allá donde vaya, dándole pistas sobre lo próximo que hacer, pero también ayudándole en la Torre de las Almas, una edificación que se levanta en el centro del mapa, simbolizando el epicentro jugable de Spirit Tracks.