Hubo una vez un poder omnímodo que debía proteger una diosa, pero para proteger ese poder se elevó la tierra hasta los cielos, donde las garras malignas no pudieran llegar. Al final, el maligno cayó y la paz volvió. Pero el destino ha vuelto a llamar a la puerta de un héroe, y serán tus propias manos las que empuñen la pluma que escriban esta nueva leyenda. Una pluma con forma de wiimote.
Tan épico como siempre, o incluso más. Así se nos ha presentado las que serán las primeras horas del proyecto estrella de Nintendo para este 2011, un The Legend of Zelda: Skyward Sword que promete poner la piel de gallina a cualquier usuario que se sienta fan de una de las mayores sagas que ha dado la industria.
Podemos dar buena fe de ello. Desde las oficinas de Nintendo España, hemos podido comprobar de primera mano la versión final del título, una que nos ha dejado ver la introducción de la obra: casi dos horas de juego que, como es tradición, siguen sirviendo tanto para introducirnos en la jugabilidad del título como en su historia.
Épico
Y hemos de decir que, para bien de todos los fans, se nota muchísimo que
el guión, con cada entrega, va ganando peso, profundidad, sensibilidad y, al mismo tiempo, madurez.
Link ya está muy lejos de ser el típico héroe que sale a los campos de Hyrule con la motivación de salvar a una princesa de las garras de un ser maligno. Esto no quiere decir que vayamos a perder el aire de fantasía, epopeya y magia que ha rodeado a esta franquicia, pero sí que notamos un mayor acierto a la hora de enfocar a los personajes, mejor dibujados, con conductas bien perfiladas.
Todo para un fin, por supuesto, que es conseguir que el usuario se sienta dentro de la trama más que nunca. Una vez vislumbremos una trabajada “intro” (que es mucho mejor descubrir a que os la contemos) y pongamos nombre al bueno de Link, comenzará nuestra andadura por Altaréa, que se propone como el escenario principal del juego y que se sitúa en los cielos (según la leyenda, para protegerse del mal residente en las conocidas como “tierras inferiores”).
Allí, y concretamente dentro de la Academia de los Caballeros, despertará nuestro personaje después de una pesadilla (¿os suena?) que, como no podía ser de otra manera, servirá como preámbulo de los hechos venideros. Pero antes de ello, nos tocará experimentar el típico tutorial de Zelda: el que mezcla historia con nociones de juego. Confirmado queda que la fórmula sigue funcionando. Sin apenas darnos cuenta sabremos correr, saltar obstáculos, empuñar la espada y hasta volar a lomos de nuestro pelícaro.
Bienvenidos a Altaréa, un lugar sobre los cielos donde humanos viven a salvo de las tierras inferiores. Allí comenzará nuestra aventura, pero pronto la abandonaremos para embaucarnos en la leyenda.
Importante es concretar que nuestro pelícaro mantendrá una especial relación con Link. De hecho, en el juego se nos cuenta que cada habitante de Altaréa tiene uno asociado (como bendición de la gran diosa). Por tanto, su uso promete ser crucial en el desarrollo de la trama. Nosotros, en particular, tuvimos que usarlo en una de las primeras misiones, que si seguís el juego desde nuestros primeros avances conoceréis. Se trata del
Torneo Celeste, una competición donde, a lomos de nuestro ave, debemos recoger la estatuilla que lleva otro ser alado, luchando por supuesto contra algunos de los miembros de nuestra misma escuela.
Esta fue una de las primeras ocasiones que tuvimos para comprobar que el Wii Motion Plus (recordemos, obligatorio para el juego) funciona a la perfección. En este caso, todo lo que teníamos que hacer era girar el wiimote sobre su eje para planear, usando el botón A para que nuestro pelícaro diera unos cuantos aletazos (al estilo de los galopes de Epona en anteriores títulos, que eran limitados pero se iban recargando si no los utilizábamos).
Pero el Wii Motion Plus no cumple sólo esta función. También sirve para luchar, y de una forma muy intuitiva. Otra vez, constatamos que realizar cortes en varias direcciones -así como estocadas- es tan fácil como Miyamoto demostró en los pasados E3. Además, no es necesario ni mucho menos estar de pie frente a la pantalla. Ahora, que hemos tenido ocasión de jugar a TLOZ: Skyward Swords sin la presión de las ferias, podemos afirmar que es posible blandir la espada con leves giros de muñeca. Se acabó la temida “wiitis”.
¿Mejorar equipamiento? Esa será solamente una de las numerosas novedades que nos aportará este nuevo Zelda, que promete ser también el más grande hasta la fecha.
Sólo hay un pequeño problema, y es que hemos detectado que el wiimote se desconfigura fácilmente. Sin embargo, es un problema con fácil solución, puesto que Nintendo ha habilitado el uso de la dirección “abajo” en la cruceta con el fin de reconfigurar “in-game” el controlador, sin necesidad de nada más. Una solución trabajada y necesaria para disfrutar al máximo de este Zelda.
Por otro lado, y sin descuidar la parte de exploración -aunque sólo recorrimos los limitados territorios de Altaréa-, hemos apreciado que ahora Link se mueve con más soltura que nunca. Su agilidad ha aumentado, y acciones como subirse a cajas, escalar paredes o realizar saltos automáticos (al llegar a precipicios) son incluso más rápidas que en el pasado. Adicionalmente, se ha incorporado la oportunidad de agarrarnos de salientes y usar cornisas, potenciando así unas mecánicas de juego que incluso consideran la energía que estamos consumiendo.