Tras Resident Evil Requiem, Capcom volverá a la carga con un juego que tiene menos ciencia ficción de la que podríamos llegar a creer
Años de ciencia ficción nos han metido entre ceja y ceja que los robots del futuro serán como los que se enfrentaban a Will Smith en Yo, Robot, y que en el hipotético caso de que se vuelvan en nuestra contra, lo harán como los calamares de Matrix o los incansables Terminator. Lo que nos ha demostrado la ciencia y Pragmata recoge a la perfección es que, en realidad, serán como niños.
La próxima gran estrella de Capcom después del éxito de Resident Evil 9 Requiem está en una niña llamada Diana que nos acompañará en su próximo título de acción, Pragmata. Ella, a diferencia de los robots del futuro que tenemos en la cabeza, es el perfecto ejemplo de lo que se ha dado a conocer como neotenia.
Pragmata y el Kindchenschema
La idea detrás de la neotenia como proceso evolutivo pasa por la capacidad de un ser de llegar a su madurez antes de que termine su desarrollo morfológico. En el caso de los humanos, por ejemplo, la idea hace referencia a que, incluso al llegar a la edad adulta, nos parecemos más a las crías de chimpancé que a los simios adultos. Cabeza grande, ojos grandes, cuerpo con poco pelo… Si nos comparamos con otros simios y sus versiones adultas, en realidad somos como primates que nunca terminan de crecer.
Lejos de un capricho del destino, hay una razón biológica detrás de ello, y es la misma que demuestra por qué tenemos un instinto primario que nos lleva a tener la necesidad de cuidar a un bebé. Como nos resultan más tiernos que si tuvieran el aspecto de un adulto de rasgos más agresivos, nos mostramos más sociables y empáticos hacia ese tipo de facciones y morfología.
Al fenómeno le daba nombre el etólogo Konrad Lorenz en 1943 bajo la idea del Kindchenschema, el esquema del bebé. Lorenz recogía que ciertos rasgos infantiles como la cabeza y los ojos grandes, las mejillas redondas, narices y bocas pequeñas, y extremidades cortitas y regordetas, despertaban en los adultos la necesidad de ofrecer cuidado y protección a sus crías. Un rasgo evolutivo capaz de atacar a nuestra psicología más profunda que, a grandes rasgos, es la principal culpable de que hayamos llegado hasta aquí en vez de ir dejando abandonados por ahí a nuestra progenie.
El sistema está tan profundamente arraigado en nuestro cerebro que, incluso frente a crías de otros animales, nuestra mente actúa en consecuencia sin que nos percatemos de ello. En un estudio de 2009, a unos participantes se les mostraban imágenes de cachorros y gatitos, mientras que al otro se hacía lo propio con animales adultos. Los primeros demostraron ejecutar tareas de forma más precisa demostrando hasta qué punto altera nuestro comportamiento. Justo ahí, es donde entra en juego la niña robot de Pragmata y el futuro que nos espera.
Huir del Valle Inquietante para venderte un robot friegaplatos
La trampa del Valle Inquietante hace que, conforme la apariencia de los robots es cada vez más humana, nos genera más rechazo. Nuestro cerebro ve la imagen de algo que se acerca sospechosamente a un ser humano, pero a la vez también percibe que algo no está del todo bien en ello, no es perfecto. De hecho, hay una razón por la que Mickey Mouse ha ido evolucionando cada vez más a esa cabeza y ojos más grandes conforme se ha hecho mayor. Agarrarse a esa neotenia resulta imprescindible para no espantar al espectador.
Si el caso de Pragmata es especial es precisamente por cómo Diana se acerca a esa premisa desde una estética infantil. Puede que tenga poder y potestad para convertirse en una máquina de aniquilar robots enemigos, pero como vemos a ese monstruo desde la perspectiva de una niña, empatizamos más con ella y su cuidado consigue calar entre el público. De ser otro Robin de nuestro Batman, la reacción sería completamente distinta.
El mundo de la ciencia y la tecnología no es ajeno a esa premisa, y desde el inicio de los 2000 llevan experimentando con robots con apariencia cada vez más tierna para fomentar una respuesta similar. Su objetivo inicial pasaba por la creación de robots cuidadores para fomentar la interacción con niños con trastorno del espectro autista, demostrando que el Kindchenschema facilitaba esa labor.
En 2023, un estudio que buscaba analizar cómo distintas apariencias faciales de robots generaban una respuesta positiva o negativa, los que seguían ese esquema de bebé con facciones más exageradas, con esas cabezas más grandes y ojos prominentes de forma casi caricaturizada, ganaban por goleada.
Es el primer paso hacia un modelo que, desde un punto de vista comercial, empujará a las empresas a aventurarse a explorar ese camino para que la "necesidad" de tener un robot en casa sea más fácil de tragar por la población. Y si quieres irte al otro extremo y pensar en el escenario de los Terminator y la ciencia ficción, es fácil que llegado el momento esos robots en busca de conquistar el mundo no empiecen a hacerlo por la fuerza bruta, sino a base de ganarse tu empatía mirándote con ternura.
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