
Far Far West no solo es uno de los juegos indie más exitosos del momento, sino un recordatorio de que el encanto no entiende de épocas
Si estás leyendo estas líneas en pleno 2026, calculo que estarás familiarizado de sobra con el 'gamefeel' —esto es, la respuesta a los controles y al mundo— que tenían los juegos durante la edad de oro de las plataformas. Ya sabes de qué te hablo: Super Mario 64, Banjo & Kazooie, esa clase de cosas. Aquellos juegos se me antojan súper reconocibles a los mandos porque se habían diseñado con la expresividad en mente. Había diversión pura impresa en las reacciones de tu personaje al saltar o atacar, y en las de los NPC al interactuar con el resto de elementos del escenario. Far Far West me devuelve a esa época.
Lo cual es curioso, porque en realidad no podría ser un juego más distinto a los clásicos de Nintendo 64 y similares: siendo justos, lo suyo sería equipararlo más bien a Helldivers 2. Un shooter que te suelta en un mundo western con eventos aleatorios, algunos de los cuales debes completar en solitario o en compañía de tus amigos antes de extraer. Ahí uno podría filosofar acerca de hasta qué punto se le puede encasillar en la moda del 'extraction', pero en mi opinión esa mecánica es muy secundaria. No estás apostando ninguna recompensa al entrar.
Moderno, pero con un encanto familiar
No estamos muy acostumbrados a que esta clase de géneros enfaticen el tacto del 'sandbox'. Sí, es verdad que unos cuantos juegos tienen las físicas bien definidas. Es una parte indivisible de la identidad del propio HD2, de hecho: todos nos acordamos de la buena publicidad que hacían del juego aquellas capturas en las que una escuadra entera salía volando. A FFW le pasa algo parecido, pero lo suyo está más bien en el refinamiento. En una animación con gusto exquisito.
Los cowboys robóticos que protagonizan Far Far West transmiten encanto en cada movimiento, como también lo hace la horda de esqueletos (primera de las dos facciones enemigas anunciadas) al disparar, corretear o golpear; e incluso con el propio escenario —si toca crear una explosión, no basta con una cualquiera: tiene que ser una bomba nuclear que mande volandoa los jugadores por el mapa. Es un juego que no escatima, que no se corta.
Tiene humor, tiene alegría, pero ante todo, tiene ganas de comunicar todo su universo; y eso es algo que uno puede ver sin siquiera abandonar el 'hub' social. Creo firmemente que ahí hay un poderosísimo efecto de luna de miel que ha catapultado el juego hasta el 98% de reseñas positivas en Steam, al margen de la polémica que hubo con sus truquillos para incentivar al usuario a darle su voto. Quiero decir, el juego es legítimamente bueno. Todo lo tocante a la progresión y la partida y los enfrentamientos está muy bien. Pero el encanto manda.
Es, además, algo que notas desde el primer minuto. Tan pronto como tomas el control de un personaje in-game, lo ves en cómo corretea por el escenario, en el trote del caballo y en los andares de los enemigos; lo escuchas en la música (¿te acuerdas de cuándo los juegos sonaban un poco menos ambientales y un poco más rítmicos?) y aún así, con ese toque nostálgico, no se me hace en absoluto un homenaje a ningún clásico ni veo que tenga interés específico en replicar nada. Simplemente toma esa personalidad que ya no se suele ver, la hace suya, y le sienta muy bien.
No creo que Far Far West haga escuela ni nada de eso: no he visto que ponga nada nuevo sobre la mesa. No es un juego transformativo. Solo es uno que lo que hace, lo hace bien; y no tiene ningún problema a la hora de superarse a puro golpe de encanto. Piensa en un jefe, por ejemplo. O más bien en el concepto de jefe de videojuegos. Técnicamente, nada impide al desarrollador hacer más grande a un enemigo cualquiera y cambiarle de nombre; pero algo tan especialito como FFW no puede conformarse con eso. Quiere desafiar las expectativas.
Imagina mi cara cuando me cruzo con un jefe que es, literalmente, un bar típico de western. El mítico 'saloon'. Un edificio a tamaño completo, que vuela y dispara y se mueve por una arena de combate. Creo que es ahí cuando esto terminó de hacerme clic. Tiene el encanto y la sinvergonzonería de los Rabbids, pero es también imprevisible y capaz de animar cualquier cosa. A mí me tienen. No sé si para jugarlo muchísimo tiempo, pero desde luego que he caído (como seguramente te pase a ti) en esa magia nostálgica que transmite.
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