Esta casa es comúnmente asociada a la valentía, pero J.K Rowling narró más bien imprudencia
Que vaya por delante que esto no es una crítica hacia el lector que, como buen fan de Harry Potter, se siente identificado con Gryffindor. Más bien se trata de analizar la representación que la autora, J.K Rowling, hizo de la característica principal de la Casa: la valentía. Puede parecer un detalle menor, pero si lo unimos a otros conceptos que han perdido su sentido con el tiempo, como los Dementores o la Poción Multijugos, no es raro llegar a la conclusión de que la escritora se pierde en sus propios conceptos. La valentía, mal llevada a cabo, puede convertirse en imprudencia y eso es lo que hoy vamos a comprobar.
El síndrome del protagonista
En el universo de Harry Potter, cada Casa de Hogwarts está asociada a un valor fundamental: Slytherin es la ambición, Ravenclaw la sabiduría, Hufflepuff la lealtad y Gryffindor la valentía. Teniendo en cuenta que esta última es la que tiene más protagonismo, ya que tanto el protagonista como los secundarios más populares pertenecen a ella, hay muchas situaciones para comprobar si la valentía que demuestran lo es de verdad o es tan solo imprudencia.
Hay una tendencia natural de los integrantes de Gryffindor a lanzarse al peligro. La gran mayoría de veces esto genera un buen puñado de problemas que suelen solucionarse gracias a la intervención de Hermione, Dumbledore o cualquier otro mago.
Por ejemplo, en La Piedra Filosofal no dejan de ser niños de 11 años que deciden robar el mineral por su cuenta en vez de acudir a los adultos. En La Cámara Secreta, Harry y Ron ni dudan en llevarse el coche volador (en vez de simplemente avisar a los Weasley) ni tampoco en saltar hacia la guarida del basilisco o adentrarse en el bosque de las arañas.
En El Prisionero de Azkaban, Harry está convencido de enfrentar en un inicio a Sirius (recordemos que tiene 13 años). En La Orden del Fénix deciden ir al Ministerio. En El Príncipe Mestizo, Dumbledore (que también es Gryffindor), no duda en beber una poción desconocida en la cueva de los inferi y, finalmente, en Las Reliquias de la Muerte, el trio protagonista se atreve a entrar en Gringotts cuando es un lugar de máxima seguridad. Eso por no hablar de otros exponentes temerarios como los Merodeadores, Seamus Finnigan (y sus explosiones) o los gemelos Weasley.
Un privilegio desmedido
Hay que señalar que, en parte, esta actitud generalizada de la Casa Gryffindor por no tener miedo a los peligros viene potenciada por el propio Dumbledore, quien parece no aplicar ninguna regla de conducta sobre sus integrantes. Es más, todos recordamos el famoso banquete de fin de curso en el que entregó "unos puntos de última hora" y realizó el mayor tongo nunca visto. En las novelas, personajes como Snape o McGonagall son más estrictos que el propio director, quien roza la negligencia a veces.
Eso no significa que no existan personajes que muestren valentía de verdad. Ginny Weasly, Neville, Molly, Hermione o la propia McGonagall son buenos ejemplos de ello. La primera no duda en interceder por sus seres queridos, Neville es capaz de hacer frente a sus compañeros por su Casa, Molly no duda en enfrentarse a Bellatrix o McGonagall a Snape, pero siempre bajo contextos justificados.
Hay que señalar que, siendo Harry Potter el protagonista, este es el que más actitud temeraria muestra, ya que es una forma de Rowling de hacer avanzar la trama. Esto no sería ningún problema si no fuera por el hecho de que parece ensalzarse como una virtud sin demasiadas consecuencias durante su estancia en Hogwarts, cuando en realidad podría haber terminado en desgracia si no fuera por el poder del guion. Dicha tendencia sería heredada más tarde por su hijo Albus, el cual no dudaría en usar un giratiempo de forma imprudente o saltar de un tren en marcha.
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