¿Sustituye la IA a los creadores? Los profesionales de cine enfrentan un debate cada vez más importante
Si eres lector de 3DJuegos, tal vez te suene el nombre de Antonio Ortiz, un nombre clave dentro del ecosistema de nuestra web hermana Xataka, que se ha convertido en uno de los referentes periodísticos en relación a la Inteligencia Artificial (IA). Mientras revisaba la reciente entrevista de Ben Affleck y Matt Damon con Joe Coogan, Álvaro Castellano me proporcionó un artículo suyo en el que Affleck y Damon encaran este candente debate sobre el uso y la aplicación de la IA en una industria que no solo genera billones de euros de beneficios en todo el mundo, sino que también tiene una importancia social y política tremenda dado el impacto que tiene en la cultura pop.
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El mínimo común denominador de la creatividad
Según Ortiz, la IA está redefiniendo los procesos creativos del cine y plantea tanto oportunidades como desafíos éticos y legales. A nadie se le escapa ya a estas alturas que inteligencia artificial permite automatizar tareas técnicas y optimizar la producción, pero no puede reemplazar la visión artística ni la creatividad humana. En su análisis, Ben Affleck plantea una visión muy matizada sobre la inteligencia artificial aplicada al cine, comparándola con hitos tecnológicos como la electricidad o el CGI: una herramienta poderosa para tareas técnicas, pero incapaz de sustituir el arte. Es especialmente crítico con su uso creativo, en particular para escribir guiones, al considerar que la IA funciona por "regresión a la media", imitando lo existente y generando resultados previsibles y mediocres.
En ese sentido, ve mucho más valor en la IA como herramienta de edición y apoyo en postproducción que como generadora pura de contenido. Aunque reconoce que en ámbitos como la animación, los memes o la publicidad la IA empieza a ganar terreno, insiste en que sigue estando al servicio de la pulsión creativa humana, y alerta de que los modelos comerciales, por su aversión al riesgo, tienden a "tontificar" sus resultados y llevarlos al mínimo común denominador.
Donde Affleck se muestra más optimista es en el impacto económico: la IA podría democratizar el cine al reducir drásticamente los costes de producción, permitiendo a creadores independientes alcanzar calidades visuales hoy reservadas a grandes presupuestos. Esto, lejos de empobrecer la creatividad, podría abrir la puerta a obras más originales y arriesgadas, al disminuir el miedo a perder dinero. Aun así, persisten dudas clave, como el cuello de botella de la distribución y el peligro de una cultura excesivamente "dirigida por datos", donde lo que funciona estadísticamente marque las decisiones creativas. Vamos, el componente económico de mayor peso en esa industria (como en cualquier otra a fin de cuentas). Para Affleck, la clave seguirá siendo el gusto, un atributo exclusivamente humano: cuanto más omnipresente sea lo creado con IA, más valorarán las audiencias lo auténtico, lo vivido y lo profundamente humano, situando el mejor uso de esta tecnología en liberar tiempo y recursos para que los creadores aporten su visión y su verdad. Personalmente, viendo el uso que le estamos dando ahora mismo a esta tecnología, tanto usuarios como industrias, lamento no poder ser tan optimista como Affleck.
La IA en la producción cinematográfica: eficiencia y creatividad
Plataformas de IA generativa, como ChatGPT, Claude o Gemini, se usan hoy en los equipos de guionistas para generar variantes de escenas, diálogos o tramas, acelerando la lluvia de ideas sin sustituir la escritura de guionistas profesionales. Asimismo herramientas como Midjourney, DALL·E o Stable Diffusion permiten crear moodboards e imágenes conceptuales hiperrealistas, facilitando la exploración de estilos artísticos en fases tempranas de producción. Es algo que en el mundo los videojuegos hemos visto recientemente como centro de las polémicas protagonizadas por Sandfall o Larian.
El impacto de la IA en el cine no se limita a la preproducción. Como explican diversos estudios y artículos especializados, desde Medium, Forbes y Wired, la tecnología ha llegado a todas las fases de la producción. Según estos artículos, en Estados Unidos, Hollywood emplea directamente a más de 165.000 personas y genera más de 2 millones de empleos indirectos, según la Motion Picture Association (MPA), y la taquilla global superó los 30.000 millones de dólares en 2024, solo en cine, sin contar ingresos por streaming, mercha o licencias. En este contexto, la IA emerge como un motor económico del que la industria no puede ya prescindir,.
Herramientas como ScriptBook o Cinelytic analizan guiones para prever su viabilidad comercial y evaluar la recepción potencial del público, mientras que programas de VFX generativos automatizan la creación de efectos visuales, desde animaciones realistas hasta escenarios digitales complejos. Los expertos destacan que la IA permite automatizar tareas de edición, corrección de color, mezcla de audio y composición de efectos visuales, lo que incrementa la eficiencia sin comprometer la creatividad. Proyectos pioneros en España, como El Gran Reinicio (2025) de Daniel H. Torrado, muestran que es posible producir películas completas sin actores ni localizaciones físicas, usando únicamente IA, reduciendo drásticamente tiempos y costes de rodaje, y explorando paisajes imposibles de filmar de manera tradicional. Es evidente que el resultado no es, ni de lejos, tan bueno como el de un rodaje real, pero recordad cómo eran aquellos primeros vídeos de Will Smith comiendo pasta y lo que estamos viendo y proyectado a lo que este tipo de programas podrán conseguir en 5 años.
Límites éticos y creativos
No obstante, el entusiasmo por la IA convive con debates profundos sobre ética, creatividad y empleo. Algunos de las nombres más influyentes de la industiradestacan dilemas que van más allá de la eficiencia tecnológica.
Steven Spielberg, en una entrevista con Reuters, se mostró contundente: "No quiero que la IA tome decisiones creativas que yo no pueda tomar por mí mismo. Y no quiero usarla como colaborador no humano para desarrollar mi pensamiento creativo". El director reconoce que la IA puede ser útil para tareas de planificación o presupuestos, pero traza una línea clara respecto a su uso en la creación artística: "No quiero usarla frente a la cámara, todavía no". Esta postura refleja su experiencia en producciones como Jurassic Park, donde la tecnología CGI desplazó ciertas técnicas tradicionales, demostrando que la innovación puede afectar directamente a los profesionales que trabajan dentro del mundo del cine.
James Cameron, por su parte, advierte sobre los riesgos de la IA para la humanidad. En declaraciones recogidas por La Vanguardia, el director de Terminator subraya: "Creo que el armamento de la IA es el mayor peligro para la humanidad; lo advertí en 1984, y no me escucharon". Cameron plantea que el uso irresponsable de sistemas automatizados, tanto en el cine como en otros ámbitos, puede volverse contra nosotros, comparando la escalada tecnológica con una carrera armamentística nuclear. Guillermo del Toro, en el mismo medio, ofrece una perspectiva complementaria, centrada en la responsabilidad creativa: "Mi preocupación principal no es la inteligencia artificial, sino la estupidez natural. Creo que eso es lo que impulsa la mayoría de los peores rasgos del mundo". El cineasta mexicano recalca que el arte debe ser un acto de riesgo, empatía y emoción, no una producción sin alma generada por algoritmos, criticando el uso de IA para crear imágenes o historias sin un propósito artístico claro.
El maestro Hayao Miyazaki es citado a menudo como un opositor frontal a la inteligencia artificial en el arte por su famosa declaración de 2016, cuando calificó una animación generada por IA como "un insulto a la vida misma". En realidad se trata de unas declaraciones sacadas de contexto, tal como explica un interesante artículo de Utkarsh Upadhyay publicado en Medium que aclara que esa reacción no era un rechazo global a la tecnología, sino una respuesta visceral a un experimento concreto: una animación grotesca, de movimientos antinaturales, que a Miyazaki le recordó el sufrimiento físico de alguien con discapacidad. Upadhyay afirma que la crítica de Miyazaki apuntaba a la falta de empatía y humanidad de aquel uso concreto de la IA, no a la existencia de tecnología en sí, pero yo creo que Miyazaki deja clara su postura de rechazo ante una tecnología que, como el desarrollador de la misma afirma en el video ante la pregunta de Toshio Suzuki (productor de Ghibli), busca crear una herramienta que "dibuje como lo hacen los humanos". El mi opinión el rechazo de Miyazaki es frontal, pero no hacia la tecnología en sí, si no hacia su finalidad. De hecho, el propio Miyazaki ha utilizado CGI en trabajos posteriores, lo que refuerza la idea de que su preocupación central es ética y artística, no tecnófoba.
El texto de Upadhyay plantea que la inteligencia artificial puede convertirse en una aliada creativa si se concibe como una herramienta al servicio del artista y no como su sustituta, especialmente en un contexto creativo marcado por el agotamiento, la sobrecarga laboral y las tareas repetitivas, como el del cine de animación tradicional, donde la IA puede aliviar parte del trabajo mecánico sin eliminar el factor humano, del mismo modo que ocurrió con otras revoluciones tecnológicas. El problema, claro está, es que los principales intereses de la industria no están ahí. No dudo que los artistas de Ghibli pueden dar con una manera de usar esta tecnología de manera ética para facilitar la producción de sus películas, pero el foco de la industria, en general, está en otra parte, y es la de maximizar los beneficios, y eso en el cine pasa por abaratar gastos de producción.
Además de los directores, los actores también han reflexionado sobre la IA. Hace unos dísa pude charlar con Chris Pratt con motivo del estreno de Sin Piedad (Mercy, 2026), una película de ciencia ficción que aborda la sustitución del sistema judicial por una IA. Cuando le pregunté por el impacto de esta tecnología en la industria del cine, no tanto en los ciclos de producción como en la experiencia del espectador y su consumo. Pratt aseguró: "Creo que surgirá un departamento de efectos visuales generativos por IA en muchas producciones y desplazará a otros departamentos. Pero no imagino que vaya a cambiar la experiencia de ir a ver una película". Para el actor, la experiencia colectiva del cine en sala, con recuerdos y sensaciones compartidas, sigue siendo insustituible. La IA puede mejorar los efectos visuales y hacer los espectáculos más impresionantes, pero no reemplazará la magia de la proyección en pantalla grande.
Frente al miedo a la sustitución y a las críticas medioambientales, otro importante factor en la aplicación de esta tecnología, el artículo aporta perspectiva, comparando su impacto con el de otros sectores y recordando que la IA carece de visión, experiencia y gusto propios, por lo que no amenaza a estudios como Ghibli ni al arte en sí, sino que puede democratizar el acceso a las herramientas creativas, reducir el desgaste de los creadores y reforzar, paradójicamente, el valor de lo humano en el proceso artístico, en la misma corriente de opinión de Ben Affleck. El problema es cómo la industria va a explotar realmente esta herramienta.
Respecto al impacto medioambiental, el uso de inteligencia artificial tiene un alto iprecio, principalmente por el gran consumo de electricidad de los centros de datos y el agua necesaria para su refrigeración. Entrenar y operar modelos como GPT-3 puede generar cientos de toneladas de dióxido de carbono, equivalentes al consumo anual de más de 120 hogares estadounidenses. Sin embargo, expertos como MIT News señalan que este impacto debe contextualizarse frente a otras industrias y que la tendencia creciente exige mejorar la eficiencia energética y la sostenibilidad.
La IA en la distribución y el marketing cinematográfico
Más allá de la producción, la IA también ha transformado la distribución y el marketing. Plataformas de streaming como Netflix usan algoritmos de recomendación para personalizar la oferta de películas y series, analizando el historial de visionado de los usuarios y anticipando sus preferencias. sin duda ahorra tiempo a la hora de buscar nuevos títulos de lso que disfrutar, pero limita enormemente el descubrimiento de producciones que no se vean favorecidas por el algoritmo que más allá de poder recomendar uno u otro título siguiendo determinados sesgos e intereses de la plataforma, siempre tenderá a retroalimentar al usuario recomendando cosas parecidas a las que ya conoce.
La IA incluso permite generar subtítulos y doblajes automáticos, haciendo que las estrenos lleguen más rápido a audiencias internacionales y mejorando la accesibilidad. Actualmente ya sabemos lo insatisfactorios que suelen ser estos resultados, artificiales y poco acertados, además del impacto que supone para los profesionales dedicados a la adaptación de este tipo de contenidos. Por otro lado, herramientas como StoryFit o Cinelytic permiten simular escenarios de audiencia y calcular riesgos, ofreciendo recomendaciones sobre finales alternativos o protagonistas más atractivos para ciertos mercados. De esta manera, los estudios toman decisiones basadas en datos analíticos que complementan, pero no sustituyen, la intuición creativa de los cineastas. el problema, de nuevo, es el sesgo y la mitigación, ya que si el principal parámetro que mueve estos algoritmos es el de repetir éxitos anteriores las fórmulas que proporcione serán soluciones que emulará otras que ya han funcionado antes.
Futuro incierto: innovación, economía y regulación
El uso creciente de la IA plantea también retos legales y laborales. Las huelgas en Hollywood de 2023 incluyeron demandas para proteger a actores frente a la replicación digital de su imagen o voz. Disney fue uno de los primeros protagonistas de estas polémicas por el uso de una versión digital del actor Peter Cushing en Star Wars, y eso que todavía no se aplicó una tecnología de Inteligencia Artificial como la que tenemos hoy en día. En España, la Academia de Cine estableció que solo podrán postularse a los Goya films cuyos aspectos artísticos y técnicos sean obra de "personas físicas identificables". Estos debates reflejan la tensión entre innovación tecnológica y protección de los creadores, así como la necesidad de establecer marcos regulatorios claros que definan responsabilidades y límites éticos.
El futuro de la IA en el cine es incierto, pero es seguro que estará ligado tanto al beneficio económico que pueda generar como a la legislación que los distintos países establezcan. La industria deberá equilibrar la eficiencia, la creatividad y la ética para que la IA sea una herramienta al servicio de los creadores, sin reemplazar la experiencia humana ni la autoría artística. Los avances actuales sugieren que veremos producciones más eficientes, democratizadas y visualmente impactantes, con posibilidades de formatos interactivos y narrativas adaptadas a cada espectador. Producciones más espectaculares y más cercanas a las visiones creativas de sus responsables, y mucho más económicas. Sin embargo, como advierten Spielberg, Cameron y Del Toro, es fundamental mantener límites claros para proteger la creatividad, la diversidad y el empleo en el sector.
En definitiva, la IA está llamada a expandir las fronteras tecnológicas del cine, ofreciendo nuevas herramientas a guionistas, directores y productores. Pero su integración debe hacerse con responsabilidad, ética y supervisión humana, garantizando que la tecnología potencie la narrativa y la experiencia cinematográfica, en lugar de sustituirlas.
En 3DJuegos | Ha llegado el momento: OpenAI quiere cambiar la industria del cine con su peli hecha con inteligencia artificial
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