
Stan Lee vendió los derechos de Daredevil y Viuda Negra por un dólar, pero el proyecto era demasiado raro
Llevo toda la vida leyendo cómics de Marvel y durante años tuve un reparto imaginario bastante firme para la Viuda Negra, porque en mi cabeza la actriz que iba a darle vida en el cine era Milla Jovovich. Cada uno tiene sus manías, pero es innegable que Scarlett Johansson hizo un trabajo inolvidable con el personaje, nueve películas después de aquel debut en Iron Man 2 en 2010. Hoy cuesta imaginar a otro rostro que no sea el de Scarlett convirtiendo a la Viuda Negra en uno de los personajes más queridos de toda la historia del Universo Cinematográfico de Marvel. Incluso sabemos que, antes de su fichaje, Marvel Studios había puesto sus ojos en Emily Blunt, aunque un compromiso contractual con Los viajes de Gulliver terminó impidiendo que aceptara el papel. Aquella decisión cambió la historia del personaje para siempre, pero estuvo muy lejos de ser la primera vez que alguien intentó llevar a Natasha Romanoff a la pantalla.
Mucho antes de que Marvel se convirtiera en la fábrica de éxitos que conocemos hoy, e incluso antes de que Hollywood considerara que los superhéroes podían sostener grandes producciones, ya hubo quien vio un enorme potencial en la espía soviética. Lo curioso es que aquella persona no era un productor de televisión ni un ejecutivo de un estudio. Era Angie Bowie, modelo, actriz, figura clave de la escena glam londinense y, por entonces, esposa de David Bowie. En 1975 llegó incluso a obtener de Stan Lee los derechos televisivos de la Viuda Negra y Daredevil durante un año con un objetivo muy claro: producir una serie de acción real y protagonizarla ella misma. Lo que parecía una idea extravagante terminó convirtiéndose en uno de los proyectos fantasma más fascinantes de la historia de Marvel.
La Viuda Negra perfecta para los años setenta
La elección de Natasha Romanoff no fue fruto de la casualidad. En aquellos años la Viuda Negra estaba viviendo una de las etapas más interesantes de su historia editorial. Después de abandonar definitivamente su imagen de espía soviética de la Guerra Fría, Marvel había reinventado al personaje con el característico traje negro, los brazaletes con sus picadura de viuda y un papel mucho más activo como heroína independiente. Además, compartía colección con Daredevil en una de las etapas más recordadas del personaje, cuando ambos se trasladaron a San Francisco para combatir el crimen mientras mantenían una complicada relación sentimental. Bueno, en realidad todas las relaciones sentimentales de Daredevil son complicadas…
El caso es que aquellos cómics escritos por Gerry Conway habían conseguido algo poco habitual para la época. Natasha dejaba de ser un simple personaje secundario para convertirse en una protagonista con voz propia y muy popular entre los lectores, lo que haría que con el tiempo la editorial la convirtiera en miembro de Los Vengadores. Marvel incluso rebautizó temporalmente la colección como Daredevil and the Black Widow, una decisión inédita que reflejaba el creciente peso de Romanoff dentro de la editorial. Precisamente esa versión más adulta, urbana y alejada de los superhéroes tradicionales fue la que llamó la atención de Angie Bowie, que buscaba construir una serie dirigida a un público mucho más maduro que el habitual de los cómics.
Un almuerzo con Stan Lee y un contrato por un dólar
Vista con perspectiva, la historia parece casi imposible de creer. En 1975 Marvel todavía no veía un gran negocio en las adaptaciones audiovisuales de sus personajes. La editorial atravesaba dificultades económicas y nadie imaginaba que aquellas propiedades intelectuales llegarían a valer miles de millones de dólares décadas después. Bueno, nadie menos Stan Lee, que estaba dispuesto a vender los derechos de todos los personajes siempre que eso le permitiera entrar en Hollywood. En ese contexto, Angie Bowie convenció personalmente a Stan Lee durante un almuerzo para cederle la opción de los derechos televisivos y cinematográficos de Daredevil y Viuda Negra durante un año.
El acuerdo era casi simbólico. Según la propia Bowie, Stan Lee le concedió aquella opción de desarrollo por el precio de un solo dólar. Con el contrato en la mano, Bowie comenzó a preparar un completo paquete promocional con el que pretendía vender la serie a las grandes cadenas estadounidenses. Su intención era mantenerse relativamente fiel a los cómics contemporáneos, respetando la temática de espionaje, las tensiones entre los protagonistas, los disfraces y un tono mucho más sofisticado de lo habitual en la televisión de los setenta.
Un reparto rompedor que desconcertó a Hollywood
Para interpretar a Daredevil, Angie Bowie tomó una decisión tan inesperada como valiente. En lugar de buscar a una estrella televisiva, eligió al actor Ben Carruthers, conocido por su trabajo junto a John Cassavetes en Sombras y por participar en Doce del patíbulo. Carruthers aportaba una intensidad dramática muy alejada del héroe clásico, algo que encajaba perfectamente con la visión más oscura que Bowie tenía del personaje.
La producción reunió además a nombres muy destacados del panorama artístico británico. El prestigioso fotógrafo Terry O'Neill realizó las imágenes promocionales mientras que el vestuario quedó en manos de Natasha Korniloff, diseñadora estrechamente vinculada al universo creativo de David Bowie. El resultado fue sorprendente. La Viuda Negra lucía un traje negro muy cercano al diseño que décadas después popularizaría Scarlett Johansson en el UCM. Sin embargo, Daredevil aparecía completamente transformado: sin su clásica máscara roja, con maquillaje teatral, sus pequeños cuernos de disfraz de baratillo, licra y una apariencia inspirada en el teatro Kabuki y el glam rock que desconcertó tanto a aficionados como a ejecutivos. Y no es para menos, porque las imágenes que quedan de la propuestas parecen bastante cutrecillas incluso para 1975.
Demasiado adelantada para la televisión de su tiempo
Pese al enorme esfuerzo invertido, ninguna cadena quiso apostar por el proyecto. Angie Bowie explicó años después que todos coincidían en el mismo diagnóstico: la serie resultaba demasiado cara y complicada de producir. Recrear las acrobacias de Daredevil, sus habilidades sensoriales y las secuencias de acción de la Viuda Negra exigía un presupuesto que la televisión de 1975 simplemente no estaba dispuesta a asumir. Y bueno, que nadie confiaba en que esa versión de Daredevil fuera a gustar.
Pero el dinero era solo una parte del problema. Daredevil y Viuda Negra todavía eran personajes prácticamente desconocidos fuera del mundo del cómic. Frente a iconos consolidados como Superman, Batman o Wonder Woman (personaje para el que Angie hizo una audición antes de que el papel se lo llevara la inolvidable Lynda Carter), los ejecutivos no veían motivos para invertir en dos héroes cuya popularidad era muy limitada. Tampoco ayudaba que Angie Bowie apenas tuviera experiencia interpretativa ni que toda la propuesta respirara una estética experimental y profundamente europea que chocaba de frente con la televisión comercial estadounidense.
El piloto fallido que anticipó el futuro de Marvel
La serie jamás llegó a rodarse y los derechos regresarona Marvel cuando expiró el contrato de un año. Durante décadas, el proyecto quedó reducido a unas pocas fotografías promocionales que hoy sobreviven como una curiosidad para los historiadores del cómic. Sin embargo, vistas con perspectiva, aquellas imágenes parecen casi proféticas sobre el potencial de los dos personajes para dar el salto al cine y las series.
Angie Bowie comprendió antes que nadie que Daredevil y la Viuda Negra funcionaban mejor como personajes adultos, atormentados y alejados de la colorida ingenuidad de otros superhéroes de la época. También entendió que las mejores adaptaciones debían inspirarse directamente en los grandes arcos argumentales de los cómics, exactamente la filosofía que Marvel Studios convertiría muchos años después en la base de su éxito. Quizá su serie nunca llegara a existir, pero aquel proyecto de 1975 demostró que alguien ya había imaginado el potencial de Natasha Romanoff mucho antes de que Scarlett Johansson o incluso el propio Kevin Feige pensaran en convertirla en una estrella del cine.
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