El mejor momento de la saga Medal of Honor está bastante lejos, y Warfighter no hace demasiado por devolverla a la primera plana. Danger Close repite prácticamente todos los errores de la anterior entrega de 2010, y acaba condenando al nuevo episodio a ser un shooter bélico meramente correcto. Resultado poco memorable para un FPS del que, otra vez, esperábamos mucho más.
El caso de
Medal of Honor es realmente curioso. Comenzó como una de las sagas de
acción bélica precursoras de lo que ahora es uno de los géneros rey del mundo de los videojuegos, y lo hizo con la
Segunda Guerra Mundial como telón de fondo. Tras unas últimas entregas interesantes, aunque de discretas ventas, como Pacific Assault o Airborne; la franquicia pasó varios años en blanco antes de reinventarse con el escuetamente llamado
Medal of Honor de 2010. El producto estuvo rodeado de enorme expectación, sin embargo no logró colmar las expectativas de quienes buscaban una IP que pudiera plantar cara al monopolio de Call of Duty en la guerra contemporánea.
Y es que lamentablemente
Danger Close, el estudio al que
Electronic Arts encargó la tarea, no acabó de consolidar un lanzamiento a la altura de la marca, y quedamos emplazados al año 2012 para ver si serían capaces de mejorar la fórmula con una secuela del spin-off de batallas modernas. Entre medio disfrutamos del sobresaliente
Battlefield 3, también de EA, y ahora tenemos entre manos un Warfighter que ejerce de continuación, y que trata de apuntalar las virtudes de su predecesor y eliminar unos defectos que lo condenaron a ser un producto meramente interesante y, como decimos, bastante alejado de las cotas de excelencia de las que antaño gozaba la serie.
¿Ha conseguido el juego sus metas? Lo cierto es que, por desgracia, el nuevo título acusa los mismos defectos que su predecesor. No sólo resulta alarmante la falta de carácter del nuevo Medal of Honor, sino que tampoco hay mucha inspiración ni en la campaña individual ni en el multijugador competitivo. Así pues tenemos entre manos un lanzamiento que no pasa de lo meramente correcto, y que nos hace rememorar con nostalgia los orígenes de una franquicia que antaño fue leyenda.
El tratamiento de la historia de Warfighter es una de sus mejores virtudes. El guión es bastante absurdo, pero la intención de ofrecer algo intimista es interesante.
Medalla al Valor
Como es costumbre en los shooters bélicos, la oferta jugable de Warfighter se divide en la
vertiente off-line por un lado y, por otro, la competitiva que se disfruta a través de
Internet. También es hábito que los FPS de este corte ofrezcan campañas individuales bastante cortas, que se muevan tradicionalmente entre los márgenes de 4 y 6 horas. El juego de Danger Close dura precisamente entre la mitad de esas cifras, con un modo historia que podemos superar en unas
5 horas en el nivel de dificultad medio. El dato, como siempre, es muy relativo: por un lado hablamos de un dato numérico orientativo para un reto intermedio que puede prolongarse sensiblemente en caso de optar por desafíos más altos. Por otra parte no tenemos nada en contra de campañas que rondan esos números siempre que sean experiencias intensas y cargadas de adrenalina, y es que en ocasiones precisamente el prolongarlas podría ser contraproducente para el ritmo del programa.
El caso de Medal of Honor es complicado en este sentido, ya que si bien está claro que la intención era la de lograr un modo historia breve, trepidante y de impacto; al final Warfighter se ha quedado sólo en lo primero… en ser breve. Cada una de las misiones se presenta con una cinemática, cuidadísima eso sí, en la que se nos introduce a los objetivos que tendremos que afrontar y se nos cuenta algo de la historia de los protagonistas (Preacher, Stump...). Hay, de hecho, una intención bastante meritoria de dotar de profundidad y tridimensionalidad al principal personaje, que es un soldado moderno con los problemas a los que se enfrenta un hombre contemporáneo, y que forma parte de una pareja disfuncional y a cuya ex-mujer e hija trata de recuperar. Es de agradecer el que se intente tratar temas dramáticos como éste con una cierta madurez y, si bien al final no se pasa de la presencia testimonial de todo este arco y no se entra a diseccionar lo que podría haber sido una subtrama muy interesante, el esfuerzo es notable.
Las misiones de Warfighter nos llevarán a varios rincones del mundo. Una campaña breve, pero con algunos puntos bastante espectaculares.
El hecho de que hayan colaborado en la supervisión del guión del juego algunos
veteranos de guerra ha engordado, seguramente, el componente de respeto y culto que se rinde a los soldados de todo el mundo. No tardarán en abundar críticas hacia un componente que, para algunos, será un tributo excesivamente sensiblero; sin embargo la mayoría de las cinemáticas están tratadas con un buen gusto exquisito, y salvo algunos momentos puntuales no se cae en problema alguno de este tipo.
Tristemente la maravillosa factura estética y sonora de las cinemáticas, y el trasfondo de la mayoría, no se ve acompañada de una historia que esté a su altura. No es que el guión de Warfighter sea pésimo, ni mucho menos, es que sencillamente nos vamos a dar cuenta con presteza de que lo que se nos cuenta ni nos va ni nos viene, y que además no tiene la mínima seriedad o cohesión. Preacher, el protagonista, parece que va a dar mucho de sí al comienzo de la campaña; sin embargo la narrativa peca de inconclusa, y muchos de los vídeos en los que se nos presentan sus operaciones parecen inconexos, resultando fácil perderse a pesar de que lo que se nos cuenta no es, en realidad, tan complicado.
¿Es el de la discreta historia el motivo por el que la campaña de Medal of Honor no es tan brillante como esperábamos? En absoluto, ya que en estos casos de shooters bélicos consideramos al argumento un plus positivo en caso de ser interesante, pero nunca un lastre que reduzca la nota en caso de resultar sólo rutinario. El problema de la campaña de Warfighter tiene más bien que ver con que la acción es espectacular desde el punto de vista estético, pero no demasiado llamativa desde el jugable, y con que el conjunto resulta sólo medianamente entretenido.