DiRT Showdown

DiRT Showdown

Fecha de lanzamiento: 25 de mayo de 2012
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DiRT Showdown - Análisis

DiRT Showdown - Análisis PC / PS3 / X360

Análisis “DiRT Showdown”

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Por  /  24 de mayo de 2012
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Si lo tuyo siempre ha sido chocar coches de juguete entre sí, o simplemente Destruction Derby ha sido uno de tus juegos favoritos, puede que Dirt Showdown sea la experiencia que andabas buscando. Codemasters Racing aprovecha el excelente trabajo realizado en Dirt 3 para llevar a cabo un experimento motorizado plagado de accidentes y las carreras más locas que han diseñado hasta la fecha. Ponte el cinturón, que empezamos.

Los británicos de Codemasters ya no necesitan presentación. Máximos responsables de la fantástica serie Colin McRae, se han consagrado como los auténticos ases de la conducción, una fábrica de sueños motorizada cuyo último exponente, el genial Dirt 3, ya nos dejó durante el año pasado una buena combinación entre espíritu rally y las tan acrobáticas "gymkanhas" que tanta frescura introdujeron en la franquicia.


Codemasters Racing sigue el mismo camino que se marcaron con Dirt 3 en este nuevo videojuego: mantener la esencia jugable gracias a un control excepcional, pero protagonizando un cambio de marcha drástico. Así nace Dirt Showdown, un videojuego que abandona completamente el mundo rally para adentrarse en terrenos menos explorados, aunque no por ello menos divertidos.


De hecho, este nuevo título podríamos definirlo como el momento en que los ingleses se decidieron a crear su particular Destruction Derby. El resultado es una mezcla muy interesante de contenidos, que van desde carreras donde todo vale hasta pruebas de habilidad en las que lucirnos y, por supuesto, batallas masivas en arenas donde gana el coche que más chapa consiga abollar. Todo gracias al poder del motor EGO 2.0, que vuelve a hacer aparición con un sistema de daños que, sin estar críticamente mejorado, consigue hacer realidad el sueño de destrozar nuestro coche sin tener que pagar seguro alguno.



Los autos locos de Codemasters

La obra del estudio de Southam (Reino Unido) se nos presenta así como puro espectáculo, pero aún más competición. Y hay que tener algo muy en cuenta: esto no hubiera sido posible sin una eficiente inteligencia artificial. Cierto es que la obra no presenta una gran evolución con respecto a Dirt 3 (de hecho el núcleo arcade se mantiene intacto), pero la adecuada IA -ahora más agresiva- hace que cada prueba sea todo un reto, con rivales que forcejean, que intentan echarnos de la pista y que incluso irán a por nosotros como exhalaciones.

Por supuesto, y otra vez como herencia del trabajo del año pasado, la IA contraria cometerá errores en pista, presentando en este sentido una conducta impredecible, lo cual hay que decir que sienta extraordinariamente a una obra de estas características, puramente arcade. Dirt Showdown no oculta su naturaleza. No pretende nunca, ni tampoco quiere, ser un simulador. Lo suyo es divertirnos a su manera, y eso incluye un sistema de manejo depurado, marca de la casa Codemasters. Es decir, algo fácil de entender pero algo más difícil de llegar a dominar.


Esa aproximación creemos que es la más acertada para un videojuego que, por ejemplo, enfatiza su carácter desenfadado con dos indicadores (uno de salud y otro de turbo) que ya nos muestran cuáles fueron las intenciones de los diseñadores. Y si no os quedan todavía claras, basta comentar que a medida que embistamos a otros bólidos, nuestra capacidad para apretar el botón "A" o "X" -para así alcanzar velocidades vertiginosas- se verá incrementada.


DiRT Showdown

Carreras locas, golpes y "gymkanhas". Estos son los pilares de Dirt Showdown, el juego que decidió que habíamos pasado mucho tiempo sin algo similar a Destruction Derby.

Golpes a cambio de "nitro" en un programa donde es necesario comentar que se mantienen los "flashbacks", muy a pesar de que ya no tengan la misma utilidad que en el pasado. En efecto, aquí los errores ya no se pagan tan caros como si estuviésemos en pleno rally. Más bien, las posibilidades de remontada y de abrirnos paso desde el último escalón se multiplican, factor que supone un valor añadido sobre el producto.


Y no será porque el camino sea precisamente de rosas. Durante cada una de las pruebas nos las veremos con multitud de obstáculos en pista, haciendo que cada circuito (en el caso de carreras o "gymkhanas") y arena (para las batallas) se erija como protagonista de Dirt Showdown. Lo que es más, dependiendo del vehículo escogido cada reto será más o menos llevadero. Y por catálogo no será. Existe una amplia colección de vehículos, cada cual más desenfadado, que poseen varios diseños predefinidos entre los que escoger.


Relativo a esto último, es una lástima que Codemasters Racing no se haya decidido a darnos un editor, ni tan siquiera un garaje donde tocar reglajes. Se nota que nos querían poner las cosas fáciles, y por ello directamente han decidido darnos la oportunidad de modificar determinados aspectos de cada vehículo como la potencia, la resistencia o el manejo (siempre a cambio del dinero que vayamos acumulando). En definitiva, un particular sistema de progresión que debe su existencia a un extenso repertorio de pruebas.


DiRT Showdown (PlayStation 3)

Dispondremos de hasta tres grados de dificultad, ideales para establecer el nivel de destreza de los contrincantes, siempre preocupados por hacernos la vida imposible.

Un "carmageddon" de posibilidades

Es ahora cuando hemos de hablar del verdadero núcleo del título: sus modos de juego. Showdown Tour se plantea así como la modalidad principal, dividida en cuatro categorías de dificultad creciente (Pro, AllStar, Champion y Legend) que a su vez comprenden todo un conjunto de desafíos. En total, existen unas 50 pruebas en el juego de los británicos, las cuales tocan varias disciplinas bien diferenciadas, como la demolición, las "gymkhanas" y las carreras.

En la variedad está el gusto, y los británicos nos lo demuestran con planteamientos que van desde un clásico todos contra todos donde ganamos puntos por embestir a rivales (Rampage), hasta retos donde nuestra única misión consiste en golpear obstáculos de colores según la secuencia establecida (Smash Hunter). Eso sin olvidarnos de otras ideas igualmente llamativas, como la de sacar a golpes a nuestros contrincantes de un ring (Knock Out) o sobrevivir el mayor tiempo posible a la persecución de adversarios con ansias de chapa abollada (Hard Target).


Quedará tiempo para los eventos más clásicos, o al menos en parte, porque tradicionales no son precisamente las carreras Race Off, al estilo "los autos locos" (donde todo vale). Tampoco lo son, por citar un par de ejemplos más, Domination, que nos invita a realizar los mejores sectores de un circuito para ganar; o Eliminator, evento en el que se va eliminando cada quince segundos al piloto en última posición hasta que sólo quede uno.


¿Hubiera sido posible un mejor repertorio? Probablemente sí, y podría haber marcado la diferencia entre un videojuego de notable alto y otro de sobresaliente, pero lo obtenido tampoco desmerece, con una estructura adecuada y basada en un nivel de reto creciente, que va desbloqueando nuevas pruebas a medida que avanzamos. Pero en general al título no le hubiera sentado mal un poco más de dedicación, sobre todo considerando que su otra modalidad individual no es precisamente innovadora.


Más bien, Joyride es una versión altamente reciclada de las "gymkanhas" que pudimos ver en Dirt 3, con dos escenarios (Battersea Compound y Yokohama Docks) que no nos plantean nada que no conociéramos. Saltos, derrapes, donuts... y así hasta un total de 150 misiones a cumplir entre ambos trazados que nos dejarán con una sensación de "déjà vu" realmente intensa. Eso sí, para los que no lo hubieran probado será una entera satisfacción el experimentar un sistema de juego más libre, donde incluso podemos marcar la misión a ejecutar, más que nada para que se nos indique qué debemos hacer y dónde.


Impactos online y a pantalla partida

No todo es negativo. Al menos, el apartado multijugador mejora sensiblemente. Se nos permite jugar en individual o por equipos hasta un máximo de ocho jugadores dentro de una considerable variedad de pruebas (10 en total), desde las de demolición hasta las carreras. Inclusive, se integra el Modo Fiesta, con tres pruebas exclusivas (Transporter, Smash & Grab y Speed Skirmish) especialmente enfocadas a desatar la locura colectiva.

Sin embargo, si hay algo que merezca ser destacado sobre el resto, ése es el añadido de la pantalla dividida para dos jugadores en la misma consola. Y la opción estará disponible tanto si deseamos jugar por equipos como si no, con la oportunidad de añadir pilotos de IA hasta un máximo de seis (para completar la parrilla de ocho). Seis disciplinas serán nuestros particulares embajadores: Rampage, Knock Out, Domination, Head 2 Head, Race-Off y 8 Ball. Sinceramente, poco más se puede pedir. Es un gran paso adelante.


Algo que creará más de controversia es el retorno del pase VIP (incluido con el juego), sin el cual será imposible acceder a Xbox LIVE o PlayStation Network para disfrutar de Dirt Showdown en su vertiente online. Sin ánimos de entrar en la estrategia comercial de Codemasters, nos limitaremos a comentar que este pase puede ser comprado desde el Bazar o PSN si lo perdemos o adquirimos el título de segunda mano, lo cual por cierto nos dará además dos vehículos exclusivos (un Jackson Adventurer y un Subaru Impreza) aparte de la oportunidad de subir nuestras repeticiones a Youtube.


DiRT Showdown

Tendremos sólo dos vistas (una interna y otra externa), pero serán suficientes para llevar a cabo nuestro objetivo: machacar a nuestros adversarios.

Y es que la integración con Internet ha sido determinante para los desarrolladores. Si no, no nos podríamos explicar su interés por proponernos Racenet, que a cambio de registrarnos en su web nos premia con unos cuantos fondos (ideales para comenzar a comprar nuevos vehículos) y la opción de iniciar una trayectoria profesional en el juego como pilotos oficiales de Codemasters.


Infinidad de posibilidades, por tanto, para un videojuego que en lo visual tampoco defrauda. Puede ser cierto que el efecto sorpresa de Dirt 3 se haya desvanecido, con un motor EGO 2.0 que aunque siga demostrando su extraordinaria valía, no presenta grandes avances con respecto al año pasado. Aún así, la renderización de coches es espectacular, sin menospreciar a los decorados, que aunque sean más cerrados (mayormente circuitos urbanos) aún gozan de un altísimo grado de detalle.


¡Mira, mamá, sin seguro!

El sistema de daños, que se convirtió en otro de los estandartes de Dirt 3, regresa en esta nueva obra, aunque sin grandes novedades más allá de un mayor detalle a la hora de representar abolladuras, desprendimientos de partes y desperfectos, en general, en los vehículos. A pesar de todo, la tecnología sigue siendo vanguardista, suponiendo uno de los mayores exponentes del género en lo que se refiere a destrucción.

DiRT Showdown (PlayStation 3)

¿Pantalla partida para dos jugadores? Sí, y además con una buena variedad de pruebas disponibles. Especialmente divertido si tenemos alguien con quien jugar en casa.

Para que no nos perdamos ni un detalle, de hecho, Dirt Showdown expande las fronteras de la franquicia con el conocido como "crashback", que nos dará la opción de pulsar un botón -tras un accidente- a fin de presenciar una repetición instantánea del choque en cuestión. Y nos parece una brillante introducción, para nada accesoria, principalmente teniendo en consideración que los impactos constituyen la matriz de este tan destructivo videojuego.


El particular gusto por los contrastes visuales de Codemasters Racing, la omnipresencia de los efectos de partículas, el trabajo dedicado a la iluminación y la alta variedad de filtros que se aplican durante la carrera (como el oscurecimiento de los bordes de la pantalla al apretar el botón de turbo), generan una impronta fotográfica única, incapaz de distinguir a Dirt Showdown de sus predecesores -ya que Dirt 3 es gráficamente muy similar-, pero sí de sus competidores.


Además, la variedad cromática es alta, gracias a la presencia de un buen número de pistas, desde los tonos cálidos de Miami a los parajes nevados de Colorado. Solamente echamos en falta un menor reciclado (ya que algunos escenarios se repiten) y una mayor originalidad, porque por todo lo demás podemos decir que los grafistas han realizado un espléndido trabajo. Y eso a pesar de que los tiempos de carga en ocasiones puedan llegar a frustrarnos -al menos en la copia "review" que se nos ha suministrado-, con unas esperas que rompen con el ritmo sin parangón del disco.


DiRT Showdown

El sistema de daños está directamente heredado de Dirt 3 (con puntuales mejoras). Otra muestra más del elevado reciclaje de contenidos que experimenta esta entrega.

En cualquier caso, los gráficos están a un altísimo nivel, al igual que el sonido, cargado de realismo tanto en los derrapes como en los impactos o rugido de motores. La presencia de un comentarista español, con expresiones que inciden en nuestros adelantamientos o brutales choques, ayuda a la experiencia; aunque lo que más destaca sobre el resto es la banda sonora, rítmica y con fuerza a más no poder, marcada por un brillante repertorio que tiende a hacernos vibrar de tensión con cada prueba.


Resumidamente, un videojuego bien construido que aprovecha el trabajo realizado en Dirt 3 (de lo cual no le culpamos) y lo redirige hacia una perspectiva más cercana a títulos tan antológicos como Destruction Derby. ¿Podría haber sido más innovador? Puede que sí. ¿Posee un alto reciclaje de contenidos? Indudablemente. ¿Requería un mayor número de planteamientos? Pues hubiera sido deseable. Pero lo que nadie puede dudar es que el experimento es divertido y muy recomendable, tanto si se es un incondicional del motor como si nos lo pasamos en grande estrellando coches.


8,1
“Muy Bueno”
Valoración 3DJuegos - DiRT Showdown
Jugabilidad:
Gráficos:
Sonido:
Innovación:

¿Qué pasaría si Dirt 3 se convirtiera en un videojuego al estilo Destruction Derby? La respuesta es un experimento conocido con el nombre de Dirt Showdown, videojuego que nos ofrece una altísima variedad de propuestas, desde los golpes al volante hasta las "gymkanhas" o las carreras sin reglas. Pura locura motorizada salpicada por las destrezas arcade de Codemasters al tiempo que se heredan tanto las bondades del motor EGO 2.0 como el sistema de daños del pasado año. Podría haber traído más novedades, pero como "spin off" en la franquicia no tiene desperdicio.

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