Hay juegos de Cthulhu a patadas, y el motivo no es ningún misterio arcano

Hay juegos de Cthulhu a patadas, y el motivo no es ningún misterio arcano

Si quiero hacer un videojuego sobre Cthulhu, ¿puedo hacerlo legalmente? Pues sí, pero con cuidadito

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Derechos Cthulhu Andree Wallin
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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Durante décadas hemos asumido que los grandes iconos de la cultura popular eran intocables, casi eternos, protegidos por una especie de armadura legal invisible. Yo mismo recibí un toque de Toho (nada menos) por el uso de un correo personal en la universidad que hacía referencia a cierto gigante mutante escamoso. En fin, una batallita. El caso es que la realidad es mucho más enrevesada y menos romántica de lo que parece. Personajes como Sherlock Holmes, Cthulhu, Conan o King Kong no solo viven en libros, películas o videojuegos, también sobreviven dentro de un complejo entramado jurídico que determina quién puede usarlos y bajo qué condiciones. Y lo más curioso es que, cuando "mueren" legalmente para sus propietarios, no siempre quedan completamente libres. Como os decía, "es complicado".

En el ecosistema actual del entretenimiento, el dominio público no es un interruptor que se activa de golpe, sino un proceso fragmentado, lleno de matices y excepciones. Lo que parece una liberación creativa suele convertirse en un campo de batalla entre el derecho de autor, las marcas registradas y las estrategias empresariales. Entender este mecanismo es clave para responder a la gran pregunta: si eres un creador independiente, ¿puedes usar estos personajes sin problemas legales? La respuesta corta es sí, pero con condiciones que parecen diseñadas para complicarte la vida.

Arquitectura jurídica: copyright y marca registrada, dos mundos que chocan

Para entender todo este laberinto me he metido a leer varios artículos en Internet (porque no tengo ni idea de derecho), y hay que separar dos conceptos que a menudo se confunden: los derechos de autor y las marcas registradas. Aunque ambos pertenecen al universo de la propiedad intelectual, funcionan de manera completamente distinta y persiguen objetivos diferentes. El copyright protege la obra creativa en sí, mientras que la marca registrada protege su uso como símbolo comercial. Y esa diferencia, aparentemente técnica, lo cambia todo.

¿Puedes usar estos personajes sin problemas legales? La respuesta corta es sí, pero con condiciones

El derecho de autor tiene fecha de caducidad. Está pensado para incentivar la creación durante un tiempo limitado, tras el cual la obra pasa al dominio público y puede ser reutilizada libremente. En teoría, esto convierte el conocimiento y la cultura en un bien común. Sin embargo, las ampliaciones legislativas y las diferencias entre países han convertido este proceso en algo mucho más lento y desigual de lo que debería ser. Mientras tanto, las marcas registradas pueden durar indefinidamente si se renuevan, lo que permite a las empresas mantener cierto control incluso cuando el copyright ya ha expirado. Explicado un poco irresponsablemente: puedes hacer todas las aventuras de fantasía épica protagonizadas por el bárbaro cimmerio creado por Robert E. Howard que quieras, pero no puedes venderlas con la etiqueta "Conan"y el personaje no puede parecerse en nada al de los tebeos.

Holmes El Sherlock Holmes cinematográfico de Guy Ritchie

Sherlock Holmes: el detective que se liberó pieza a pieza

El caso de Sherlock Holmes es uno de los ejemplos más claros de cómo un personaje no entra en el dominio público de forma total, sino por partes. Las primeras historias de Arthur Conan Doyle llevan décadas siendo libres, pero las últimas permanecieron bajo control legal hasta hace muy pocos años. Esto generó una situación absurda en la que el mismo personaje podía ser parcialmente libre o parcialmente restringido dependiendo del rasgo concreto de su personalidad o del canon que se utilizara.

Durante años, los herederos de Doyle intentaron mantener cierto control argumentando que la evolución emocional del personaje seguía protegida. Sin embargo, los tribunales terminaron desmontando esa idea. El resultado fue una liberación progresiva que culminó en 2023, permitiendo que cualquier creador pueda usar al detective sin pedir permiso. Aun así, las versiones modernas, como las series o películas recientes, siguen protegidas, lo que obliga a separar siempre el "Holmes original" del "Holmes contemporáneo".

Derechos Cthulhu Francois Baranger Cthulhu por Francois Baranger

Cthulhu y sus mitos: cuando el horror cósmico se convierte en campo abierto

El universo de H.P. Lovecraft es uno de los casos más curiosos de dominio público porque nació prácticamente con vocación colaborativa. El autor no solo permitió, sino que fomentó que otros escritores expandieran sus criaturas y mitología. Eso ha hecho que hoy personajes como Cthulhu sean completamente libres en su versión original, lo que explica la enorme cantidad de videojuegos, novelas y cómics que los utilizan sin necesidad de licencia.

Sin embargo, el problema aparece cuando entran en juego las capas posteriores añadidas por otros autores. Parte del universo expandido de los llamados Mitos de Cthulhu pertenece todavía a escritores que continuaron la obra tras la muerte de Lovecraft. Además, empresas como Chaosium han registrado marcas comerciales como "La Llamada de Cthulhu", lo que introduce un límite importante: puedes usar el monstruo, pero no siempre puedes usar su envoltorio comercial o detalles de diseño que hayan sido utilizados antes por alguna de estas empresas. Es una libertad creativa con bordes bastante afilados.

Conan el Bárbaro: cuando el dominio público choca con el músculo corporativo

Volvamos a Conan, probablemente uno de los ejemplos más claros de tensión entre lo que debería ser libre y lo que en la práctica no lo es. Las historias originales de Robert E. Howard ya son de dominio público en gran parte del mundo, lo que permitiría reutilizar al personaje sin restricciones. Pero la realidad industrial ha convertido al cimmerio en una propiedad fuertemente vigilada por empresas que controlan su explotación comercial.

El problema no está en el texto original, sino en todo lo que se ha añadido después: cómics, películas, diseños y reinterpretaciones visuales que han construido la imagen moderna del personaje. Esa evolución ha sido protegida mediante marcas registradas y derechos derivados, lo que impide que cualquier versión contemporánea pueda acercarse demasiado a las representaciones conocidas, gestionadas por Heroic Signatures, una entidad propietaria del personaje que, a su vez, es propiedad de Funcom (parte de Tencent). En la práctica, esto significa que Conan es libre en teoría, pero extremadamente delicado en realidad.

Kong no deja de ser un gorila gigante, ¿cómo se las apaña uno para que su Kong no se parezca al Kong de las pelis?

King Kong es otro caso fascinante porque su situación legal no depende de un único elemento. La historia original del personaje pertenece al dominio público, lo que permitiría crear nuevas versiones del simio gigante sin problemas. Sin embargo, la película de 1933 y sus reinterpretaciones posteriores siguen protegidas, lo que fragmenta por completo su uso creativo. Esto genera una situación peculiar en la que se puede usar la idea general de un gorila gigante en una isla desconocida, pero no las versiones cinematográficas concretas. Ni su diseño clásico, ni sus escenas más icónicas, ni sus reinterpretaciones modernas pueden copiarse libremente. Pero claro, Kong no deja de ser un gorila gigante, ¿cómo se las apaña uno para que su Kong no se parezca al Kong de las pelis? Todo reto creativo y un ejemplo perfecto de cómo un personaje puede ser simultáneamente libre y restringido dependiendo del punto de vista legal que se adopte. Vamos, que es meterse en un berenjenal.

Superman 1938

La próxima frontera: Mickey Mouse, Superman y el futuro del copyright

En los últimos años hemos empezado a ver cómo los grandes iconos del siglo XX comienzan a entrar en el dominio público, aunque de forma extremadamente limitada. Mickey Mouse es probablemente el ejemplo más mediático, con su primera versión de 1928 ya liberada en Estados Unidos. Sin embargo, esa versión es muy distinta del personaje moderno, lo que reduce enormemente su uso real.

Aunque el personaje sea libre, su nombre o su identidad comercial pueden seguir protegidos

Lo mismo ocurrirá en los próximos años con Superman, Batman o Wonder Woman, aunque en versiones muy concretas de sus primeras apariciones. El Superman de 1938 no vuela como lo conocemos hoy, ni tiene todos sus poderes actuales, lo que obliga a trabajar con una versión mucho más primitiva del personaje. Mientras tanto, empresas como Disney o Warner seguirán protegiendo las versiones modernas mediante marcas registradas y derechos derivados.

¿Puede un fan crear obras con estos personajes?

Desde un punto de vista estrictamente legal, sí es posible crear videojuegos, películas o novelas con estos personajes siempre que se respeten ciertas condiciones. La clave está en trabajar exclusivamente con el material original que haya entrado en dominio público y evitar cualquier elemento añadido posteriormente. Esto implica una labor de investigación muy cuidadosa para no mezclar versiones protegidas con versiones libres. Mi consejo es que antes de empezar a currar en tu gran novela gráfica de Cthulhu te informes bien.

El hecho de que estos personajes y mitologías pasen al dominio público no hace sino enriquecer el propio tejido cultural de la humanidad

El segundo gran obstáculo es el uso de marcas registradas. Aunque el personaje sea libre, su nombre o su identidad comercial pueden seguir protegidos. Por eso muchos proyectos independientes optan por evitar referencias directas o modificar ligeramente los nombres. Es una estrategia habitual para reducir riesgos legales sin renunciar al potencial creativo del personaje. A diferencia de la política internacional actual, el dominio público no es el salvaje oeste, un territorio completamente libre ni un espacio sin reglas. Es más bien una zona gris donde la creatividad convive con límites legales muy precisos, con personajes que demuestran que la cultura popular está en constante negociación entre lo que pertenece a todos y lo que sigue bajo control corporativo.


A medida que avancemos en las próximas décadas veremos cómo más iconos caen en este estado intermedio, generando nuevas oportunidades creativas pero también nuevos conflictos legales. El resultado será una cultura pop cada vez más interesante. El hecho de que estos personajes y mitologías pasen al dominio público no hace sino enriquecer el propio tejido cultural de la humanidad. Se convierten en piezas compartidas de nuestra memoria colectiva, disponibles para ser reimaginadas una y otra vez desde nuevas perspectivas. Sin duda, surgirán multitud de nuevas historias a partir de estos iconos ya integrados en el ADN cultural global, y no todas serán memorables ni brillantes. Pero con las que sí consigan ser realmente especiales, esas que aporten algo nuevo o inesperado, eso que nos llevamos todos.

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