Mirror’s Edge
Mirror’s Edge - Análisis

Mirror’s Edge - Análisis PS3

Análisis “Mirror’s Edge”

9,0
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Por  /  12 de noviembre de 2008
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La primera aventura de Faith en PlayStation 3 es, sin duda alguna, uno de los juegos de acción más esperados de esta recta final de 2008. ¿Qué lo hace acreedor de semejante expectación? Una propuesta increíblemente innovadora, un apartado jugable robusto y unos gráficos de los que quitan el hipo.

Cuando DICE anunció allá por el verano del pasado año 2007 que trabaja en Mirror’s Edge, nos sentimos atraídos inmediatamente por el proyecto. La primera incursión del estudio sueco en los juegos con argumento –recordemos que son los responsables de la saga Battlefield-, se nos antojaba un aspecto muy prometedor; y, desde luego, no podíamos pasar por alto lo atípico de su propuesta.


Finalmente con el videojuego en las manos nos encontramos con exactamente lo que prometían Electronic Arts y el equipo nórdico, una nueva IP valiente, arriesgada y con un carisma incontestable. Un shooter que disfrutaran incluso aquellos a los que no les gustan los shooters, y un producto con unos valores de producción impresionantes al que sólo le ha faltado algo más de duración para ser imprescindible.


Faith: La Princesa de la Ciudad

Cuando llevamos a cabo nuestra entrevista con el productor de Mirror’s Edge, no pudimos evitar preguntarle si el sexo de su protagonista tenía algo que ver con un juego de acción tan atípico como este. La respuesta de Manuel Llanes fue afirmativa, y el miembro de EA sostenía que la heroína del título ofrece exactamente las dosis de fortaleza y al mismo tiempo vulnerabilidad que el videojuego necesita.

Lo cierto es que la gente de DICE ha acertado plenamente, y es que Faith exhibe precisamente virtudes y características muy poco habituales en el género, y que hacen de ella un personaje interesante, relativamente profundo y tridimensional.


Mirror’s Edge

Correr por las paredes, agarrarnos a los alfeizares, emplear cajas para escalar… El abanico de posibilidades de esta trapecista urbana es impresionante.

La historia de Mirror’s Edge en general, y la de Faith en particular se enmarca en un futuro no demasiado lejano en el tiempo, pero bastante cercano a patrones habituales de cine y cómics. En esta sociedad utópica se ha fulminado el crimen que atenazaba a la ciudad, pero se ha hecho de una forma tan tiránica y violenta que se ha creado una sociedad que sólo es tranquila y pacífica en su superficie. Los únicos que se atreven a violar el orden son los Runners, los encargados de transmitir mensajes privados por los tejados de la ciudad sin la intromisión policial, y evitando las políticas gubernamentales que cercenan los más básicos derechos de la privacidad.


Faith es una de estas runners, y en un trabajo aparentemente rutinario acaba encontrándose ante una conspiración para atribuirle un asesinato a alguien inocente, y todo ello relacionado con una familiar directa de la protagonista a la que conoceremos por el camino. No hay nada demasiado llamativo en el guión del título, y la historia acaba deviniendo en un hilo argumental bastante rutinario, que da la sensación de que todo este contexto tan fascinante de los “runners” podría haberse explorado de una forma sensiblemente más interesante.


El desarrollo de la campaña se nos narra con escenas cinemáticas entre fase y fase, y también con algunos encuentros con otros NPCs con los que daremos dentro de los propios niveles. Los videos que separan un capítulo de otro están realizados con un estilo cómic algo estático que resulta muy acertado en la estética, pero algo lento en su exposición. Estas escenas denotan la inspiración que Mirrors’s Edge recoge de novelas gráficas y series de animación.


Poesía en los Tejados

Una de las mayores dudas que existían en la redacción sobre el título que nos ocupa se circunscribía casi exclusivamente en referencia a los controles de Faith, y a la tasa de éxito que DICE conseguiría a la hora de lograr un manejo intuitivo y que además ofreciera múltiples posibilidades.

Mirror’s Edge (PlayStation 3)

Deberemos recorrer una anónima ciudad futurista para resolver el misterio que se oculta tras un sorprendente crimen.

En este aspecto Mirror’s Edge es un triunfo redondo. Con sólo un par de minutos incluso los menos experimentados en videojuegos de plataformas podrán manejar a la protagonista del programa como si fuera una extensión de su cuerpo, gracias a los sencillos controles y a su acertada disposición en el pad. Parece que la intención de DICE era más la de obligarnos a concentrarnos en el ritmo y en mantener una velocidad alta que en combinar muchos botones al mismo tiempo.


El mortal baile en las alturas de Faith exige muchísima atención al detalle y al tempo de las acciones por parte del usuario, y el excelente reparto de sus controles entre los gatillos y botones superiores del mando entronca directamente con este aspecto. En carrera no tocaremos en ningún momento los botones frontales del pad, puesto que para saltar apretaremos el superior izquierdo y para agacharnos el gatillo del mismo lado.


Con estos dos botones se llevan a cabo la práctica totalidad de acrobacias del videojuego, aunque de su combinación entre si y con otros botones se deriva la complejidad del videojuego. Por ejemplo, si una distancia de salto se nos antoja excesiva podemos apretar el botón de agacharse en el aire para obtener una ligera propulsión extra con un movimiento del cuerpo; y si, por otro lado, consideramos que una altura es demasiado pronunciada para la caída –siempre dentro de unos límites lógicos-, y queremos amortiguarla, apretaremos el botón de agacharse justo unas fracciones de segundo antes de llegar al suelo para que Faith ruede al entrar en contacto con el pavimento.


Sólo hemos puesto un par de ejemplos, y de los más sencillos, pero hay también un buen puñado de acciones especiales que podemos llevar a cabo también combinando con otros controles. Entre ellas se cuentan saltar y caer boca arriba para, por ejemplo, disparar a un enemigo; o incluso apoyarnos en una pared para tomar impulso y llegar a una más alta que se encuentre justo enfrente.


Mirror’s Edge

En Mirror’s Edge veremos en todo momento las piernas, brazos y torso de nuestra protagonista. Un aspecto aparentemente superficial pero que se revela imprescindible para un título de estas características.

En Mirror’s Edge nosotros tenemos que hacer todo el trabajo en las acrobacias, no obstante el juego en ocasiones recoge el legado de Assassin´s Creed, y apuesta por simplificar. Hemos visto algunos casos de este tipo, y el más notorio es cuando aprovechamos una serie de cajas o elementos para escalarlas y tomar impulso. Esta acción se realiza dejando apretado el botón de salto, mientras Faith hace el resto.


La Importancia del Color Rojo

Y muchos a estas alturas pensarán, ¿y qué hay de matar al personal?, ¿no era esto un shooter? Pues si, es un shooter, pero lo es a medias. De hecho lo que más tiene de FPS es su perspectiva en primera persona, que no abandonamos en ningún momento. Este elemento no sólo se traduce en un gran sentido de la inmersión en todo momento, sino que dota al juego de una gran cohesión en todos sus apartados estéticos.

El título debería inaugurar un nuevo género, el de la acción en primera persona de plataformas, y es que es la principal potencia del programa está más relacionada con los saltos y las carreras que con el combate. Casi todo lo que podemos hacer a nivel de luchas y tiroteos está íntimamente ligado al uso del gatillo derecho. Con este control no sólo podemos abrir puertas de golpe o romper cristales, sino también propinar patadas a los enemigos –voladoras si las combinamos con el botón de salto- o incluso disparar las armas que les robemos.


Igualmente relacionado con el frenético ritmo de Mirror’s Edge se encuentra el empleo del botón superior del pad, el triángulo en PlayStation 3. Con este comando desarmamos a los enemigos de un certero golpe, y debe ser empleado en el momento preciso, cuando el arma de nuestro oponente se tiña de rojo.


Sixaxis tiene cierto peso en la versión del título de EA para la consola de Sony, y se emplea, por ejemplo, en los momentos en los que Faith camina sobre superficies estrechas y debemos mantener el equilibrio moviendo a un lado y a otro el sensor de movimiento. Como se puede deducir de esta muestra no se trata de aspectos revolucionarios, pero si que aportan matices al videojuego.


Mirror’s Edge (PlayStation 3)

La combinación de exteriores e interiores es una de las facetas triunfales de Mirror’s Edge en términos de mapeado. Se alternan tejados con calles a ras de suelo y también con edificios de oficinas, almacenes o incluso centros industriales y torres en construcción.

Por otra parte el título de DICE se apunta a la cada vez más frecuente moda de eliminar de la pantalla cualquier elemento que nos recuerde que estamos ante un videojuego. El interfaz, por lo tanto, es inexistente; y las soluciones que el equipo sueco propone para solventar este factor son sensacionales. La salud de Faith no aparece reflejada en ninguna barra, sino que nos advierte de su bajo estado tiñendo de rojo la pantalla. La energía de la protagonista se regenera sola, aunque no conviene someterla a demasiados disparos, pues su tolerancia al plomo es tan escasa como sugiere su frágil aspecto.


Por lo demás el saturadísimo colorido de los escenarios disimula a la perfección los tonos rojos que en realidad nos guían de un punto a otro. Tuberías rojas, puertas rojas, paneles publicitarios rojos… Si vemos algún elemento de este color cerca es que vamos por buen camino, no obstante si nos perdemos podemos pulsar el botón derecho del pad y nuestra acróbata heroína mirará directamente en la dirección hacia la que debemos encaminarnos con la intención de orientarnos.


Bailarina Urbana –Gráficos y Tecnología-

Que visualmente Mirror’s Edge es uno de los videojuegos más avanzados del momento es un aspecto indiscutible. El sobresaliente en el apartado gráfico es inapelable en un título de estas características: El impecable empleo de los colores, la exquisita dirección artística, el cuidado modelado de los personajes y la sensación de velocidad que se transmite, son motivos más que suficientes para considerarlo un lanzamiento casi redondo en este apartado.

Es agradable, además, encontrarnos con un videojuego de acción en primera persona que no se enmarca en un futuro post-apocalíptico, o plagado de monstruos y criaturas de pesadilla. Está contextualizado en el futuro, sí, pero todo desde un prisma muy realista y veraz, con unos diseños muy sólidos y apropiados, y transmitiendo en todo momento la sensación de ser un videojuego trabajadísimo en todos y cada uno de los aspectos visuales.


Mirror’s Edge

Las calles de la ciudad están salpicadas de tuberías, ventiladores y carteles publicitarios a los que agarrarse. Encontrar el camino más rápido entre todos ellos es la clave para mantener la velocidad.

Sin embargo el detalle que más nos ha fascinado es el poderoso empleo que DICE hace del cuerpo de nuestra protagonista, y de nuestro contacto visual con éste. En todo momento veremos las piernas, brazos y torso de Faith, y en las maniobras más espectaculares –como echar abajo una puerta o realizar una voltereta- vemos el cuerpo reaccionar con total realismo desde nuestra perspectiva en primera persona. Nos atrevemos a decir que es el mejor empleo de la vista en primera persona que hemos visto hasta ahora. Ciertamente vibrante.


Las únicas pega que encontramos en el apartado más puramente gráfico están relacionada con sus texturas, algo flojas y poco detalladas. También desentonan algunos modelados de ciertos personajes, especialmente los enemigos, a años luz del detalle de Faith y el resto de sus compañeros runners.


Por otra parte la vertiente tecnológica no es tan redonda como la visual, y acusa algunos problemas, menores pero ligeramente molestos. En primer lugar el antialiasing brilla por su ausencia, y los dientes de sierra aparecen por doquier, provocando incómodos jaggies. Por otro lado hay algunos problemas de clipping, y los tiempos de carga son de una duración bastante razonable, pero se encuentran en momentos muy poco apropiados incluso dentro de los niveles, cortando por completo la acción en determinadas ocasiones y ofreciendo unas interrupciones que no favorecen en nada la inmersión. La sincronía vertical está sensiblemente peor aplicada en PlayStation 3 que en Xbox 360, y a menudo provoca algunos efectos bastante desagradables al mover la cámara.


Mirror’s Edge (PlayStation 3)

El combate es bastante sencillo, aunque requiere de una enorme precisión para hacer los movimientos a tiempo. Si se nos atraganta podemos emplear el botón de la cámara lenta, que se recarga realizando acrobacias.

El aspecto de físicas transmite una sensación engañosa, puesto que si bien el videojuego nos parece algo desangelado a la hora de ofrecer unos comportamientos realistas en los elementos de un escenario excesivamente rígido; si que triunfa solemnemente en la faceta de dotar de un excepcional sentido del peso y de la acrobacia a Faith, su protagonista.


En lo sonoro Mirror’s Edge brilla con luz propia. La banda sonora es sensacional, con un toque de electrónica e Indie que encaja a la perfección con las características del lanzamiento. Los efectos de audio truenan con robustez, y el doblaje viene a cargo de algunas voces de cine, entre las que podemos reconocer en Faith a la habitual dobladora de Angelina Jolie, por ejemplo.


El Shooter Menos Shooter… –Conclusiones-

La mayor deficiencia que expone Mirror’s Edge, y con la que lamentablemente más va a sufrir de cara al aficionado es su escasa duración. Los nueve cortos pero intensos capítulos de los que consta su campaña individual se pueden superar la primera vez en poco más de 7 horas, y si nos proponemos terminarlo de nuevo para probar el desbloqueado nivel de dificultad “Difícil”, todavía nos durará menos puesto que ya conoceremos sus atajos y claves.

Para tratar de luchar contra la brevedad de su campaña el videojuego de DICE ofrece únicamente la posibilidad de desbloquear música, imágenes y videos mediante su exploración; y también la de superar sus retos contrarreloj. Hay 23 recorridos para vencer en esta vertiente, y se desbloquean terminando los niveles del modo individual o batiendo los récords de anteriores zonas de juego. Nuestros récords se convertirán en una sombra o fantasma al que seguir, y que nos servirá con el clásico propósito de conocer qué tal lo estamos haciendo como si de un título de conducción se tratara.


El multijugador brilla por su ausencia, aunque hay que reconocer que hubiera sido muy complicado introducirlo adecuadamente en un videojuego de estas características. El único contacto que tendremos con el mundo on-line será el de la posibilidad de compartir nuestros tiempos en las contrarrelojes, y conocer en qué minutajes se mueven los mejores corredores.


Mirror’s Edge

Enfrentarse a varios enemigos al mismo tiempo es un suicidio, puesto que Faith no está especialmente preparada para el combate. El videojuego recomienda aislar a los oponentes y enfrentarnos a ellos sólo como último recurso.

Por otra parte lo más difícil de Mirror’s Edge es hacerse con el ritmo con el que el videojuego se siente más cómodo. En determinados momentos será habitual tropezar con una sección que, por una razón u otra, no sabemos superar. Generalmente significa que no estamos orientándonos en la dirección adecuada, para lo cual el botón de guía puede sernos muy útil, sin embargo no es nada para lo que la familiarización con los niveles no nos sirva de acicate. Especialmente útil el conocerlos al dedillo para las fases contrarreloj, donde es algo imprescindible.


Los combates anteriormente detallados son lamentablemente poco satisfactorios, y el único punto flojo a nivel jugable. El cuerpo a cuerpo no transmite una sensación tan cuidada como la vertiente de plataformas, y todo el proceso nos ha parecido algo brusco y poco preciso. Deficiencias similares plagan la experiencia de abrir fuego sobre nuestros enemigos. Apuntar es más complicado de lo que debería, y la IA de los rivales es muy ligera. La escasa habilidad de nuestra protagonista, y lo poco cuidado de las escenas de lucha y disparos en general, parecen animar al jugador a hacer uso de las armas lo menos posible, y optar por la huída; aspecto con el que Faith se siente más cómoda, y táctica con la cual podemos superar la práctica totalidad del juego salvo un par de momentos muy concretos.


Mirror’s Edge (PlayStation 3)

Una vez terminada la intensa aunque algo escueta campaña individual, nos queda superar los retos. Gran parte de los mapas repiten del modo off-line, pero son un entretenimiento desafiante con el que ponernos a prueba.

En otro orden de cosas hay que destacar que el videojuego trata de mantener el interés del usuario en todo momento, y lo consigue con pequeñas alteraciones de la fórmula para no caer en lo repetitivo pese a su linealidad. Los entornos cambian muchísimo en cada nivel, ofreciendo retos muy diferentes y exigencias acrobáticas distintas; y a veces se introducen elementos novedosos como huidas luchando contra el tiempo, búsqueda de objetos o persecuciones sobre otros runners.


En definitiva con Mirror’s Edge nos encontramos ante el nacimiento de una saga que promete muchísimo de cara al futuro. Tiene algunos aspectos que mejorar como la duración, y una cierta sensación de desarrollo encorsetado; pero hemos considerado que su ritmo vertiginoso y su jugabilidad desatada merecen un 9,0 en la calificación global. Además, al igual que otros títulos recientes como LittleBigPlanet o Spore, estimamos que el merito de sumergirse en algo tan arriesgado como un proyecto de estas características también lo hacen acreedor de uno de nuestros escasos dieces en el apartado de la innovación.


9,0
“Magnífico”
Valoración 3DJuegos - Mirror’s Edge
Jugabilidad:
Gráficos:
Sonido:
Innovación:

Mirror’s Edge es un videojuego que, como mínimo, hay que probar. Si pasamos por alto su limitada duración y la escasez de modos de juego nos quedamos con un título innovador, gráficamente muy potente; y, en las facetas jugables, una propuesta adictiva y divertidísima como pocas. Un lanzamiento de acción muy recomendable para esta recta final de 2008, que sabe suplir hábilmente la brevedad con la intensidad.

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