El gran error de Hogwarts Legacy fue esconder su mejor historia como una misión secundaria

El gran error de Hogwarts Legacy fue esconder su mejor historia como una misión secundaria

La trama de Sebastian Sallow y las aventuras con Poppy Sweeting representan el alma del RPG de Avalanche Software

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Hogwarts Legacy Troll
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Abelardo González

Editor - Tech

Hace unos días terminé Hogwarts Legacy y te conté por qué, hablando rápido y mal, me parece que sufre el mal de Assassin’s Creed. Ojo, creo que es la mejor aproximación al universo de Harry Potter que jamás hayamos tenido en el mundo del videojuego, y lo digo habiendo repasado toda la saga en los últimos meses, pero le encontré dos puntos interesantes sobre los que hablar largo y tendido: el primero, su forma de bloquear misiones a través de niveles; el segundo, la manera en la que la historia principal es lo menos interesante de un paquete lleno de magia.

Disfruté mucho el título de Avalanche Software por darme la oportunidad de vivir en Hogwarts, así que pude perderme por el castillo, asistir a clases, recorrer Hogsmeade y sentir que vivía mi propia historia del universo mágico. De hecho, hablar con compañeros como Sebastian Sallow y Poppy Sweeting para vivir aventuras con ellos fue lo que más me marcó, y eso habla muy bien (y al mismo tiempo fatal) de lo bueno que es el contenido secundario y lo "malo" que es el principal.

A nadie le importa Ranrok

Si pienso en lo que más me marcó o lo que más recordaré de Hogwarts Legacy en un futuro, no pienso en personajes como Victor Rookwood o Ranrok, y he de admitir que la magia antigua y todo lo relacionado con ella no ocupará un lugar muy especial en mi memoria. Cuando Warner Bros. Games presentó el título, lo hizo diciendo que habían creado un RPG de acción de mundo abierto pensado para que cada persona viva su propia aventura dentro de Hogwarts. Esa promesa la cumplieron, sobre todo en la exploración, pero en lo narrativo… ahí la historia es diferente.

Mi experiencia tuvo un enfoque emocional distinto al que planteó Avalanche. Sobre el papel, Ranrok y su relación con la magia antigua tienen todos los ingredientes para ser el gran motor del juego: el protagonista tiene una conexión única con un elemento del pasado, hay una rebelión duende en marcha y Victor Rookwood es el clásico aliado del malo que tiene lazos con uno de los mentores del protagonista. Todo esto significa que Ranrok y Rookwood son las dos grandes amenazas del juego, un papel que termina siendo problemático por la falta de "importancia" (por decirlo de alguna manera) de ambos.

Entiendo que hay una amenaza enorme y que el juego necesita una columna vertebral que justifique mazmorras, combates, guardianes e investigaciones, ir en contra de eso sería tirar piedras sobre su tejado. No obstante, casi siempre sentí que Ranrok y Rookwood estaban más cerca de ser una obligación que una presencia que me importara de verdad, justo lo contrario de lo que sentí tanto con Sebastian como con Poppy.

Poppy Hogwarts Legacy

El mayor acierto de Hogwarts Legacy es el contenido secundario

A partir de aquí, el artículo tiene spoilers relacionados con la historia de Hogwarts Legacy. Sigue leyendo bajo tu responsabilidad.

La historia de Sebastian, por ejemplo, no empieza con el futuro del mundo mágico en juego, sino con algo mucho más sencillo y humano: quiere salvar a su hermana Anne. A partir de ahí, la situación evoluciona y se vuelve más incómoda, oscura e interesante. Poppy, por su parte, representa el lado más luminoso de Hogwarts Legacy a raíz de su relación con las criaturas mágicas, su sensibilidad y esa forma de enfrentarse a los cazadores furtivos de una manera tan personal. Es el clásico personaje que mezcla ternura y aventura, así que sus misiones siempre tienen algo de cuento clásico ayudando a criaturas indefensas o descubriendo lugares ocultos.

Eso hace que Poppy me guste porque me recuerda que Hogwarts Legacy funciona muy bien cuando baja de escala, cuando el juego va más allá de la magia antigua o las amenazas enormes. Como punto de partida, estos dos elementos son los que captan tu atención y te llevan a vivir una historia que va más allá de tus interacciones con otros alumnos. Sin embargo, a veces basta con una criatura en peligro, una amiga con convicciones claras o la sensación de estar haciendo algo bueno en un mundo lleno de sorpresas.

Sebastian, en cambio, juega en otra liga. Su trama tenía conflicto moral, algo que la principal no consigue transmitirte con la misma fuerza. De hecho, lo que vives con él es la base de ese giro oscuro que puedes dar a tu partida si decides darle la oportunidad a las maldiciones imperdonables. Así, no es solo "el amigo de Slytherin" ni alguien que te abre la puerta a las Artes Oscuras, es una persona desesperada que acaba cruzando límites cada vez más peligrosos.

Lo interesante es que el juego nunca lo presenta como un villano, dado que confía más en su papel como chico roto por una situación que no sabe gestionar. Al acompañarlo, entiendes cómo sufre por Anne, cómo esta nunca va a poder encontrar una cura y cómo su tío Solomon ha aceptado que no hay solución mientras pone todas las trabas del mundo al camino de Sebastian. Como jugador, y más uno involucrado en un mundo mágico, piensas que quizá exista algo que no se ha probado o un hechizo que no se ha inventado, pero ahí está la trampa: pensar que hay una respuesta que la magia convencional no quiere mirar.

El papel de Sebastian y Ominis

El propio material promocional de Hogwarts Legacy subrayó ese tono más oscuro cuando presentó un trailer centrado en Sebastian y la decisión de acercarte o rechazar las Artes Oscuras. No era una historia secundaria más, era la parte del juego que se atrevía a tocar uno de los temas más delicados del universo de Harry Potter: el atractivo peligroso de usar magia prohibida pensando que el fin justifica los medios.

Aquí, figuras como Ominis Gaunt se vuelven fundamentales. Para mí, Ominis se presenta como el contrapunto moral, un personaje que entiende mejor que nadie el peso de ciertas decisiones. Su apellido ya carga con una sombra enorme dentro del universo mágico al estar relacionado de forma directa con Salazar Slytherin, pero lo más importante es su manera de reaccionar ante ello: mientras Ominis sabe que hay puertas que no deberían abrirse, Sebastian cree que no abrirlas es una forma de abandonar a Anne.

Hogwarts Legacy Sebastian

Esa tensión entre los dos es más potente que muchos enfrentamientos de la historia principal, ya que no se basa en "buenos contra malos", sino más bien en amistad, miedo, culpa… y límites. Sebastian quiere curar a su hermana y Ominis quiere salvar a Sebastian de sí mismo, así que en el centro de todo tienes a una Anne cansada, enferma y convertida en el motivo de una obsesión que se aleja del amor y se acerca al control. Todo eso provoca que Solomon cumpla una función clave: representar al adulto que ve venir el desastre y no sabe cómo frenarlo sin romperlo todavía más.

Lo mejor de esta línea argumental es que nadie tiene la razón absoluta. Sebastian se equivoca, pero lo hace a través de un dolor comprensible. Ominis quiere poner límites y, como jugador, sientes que está cerrando una puerta a la esperanza. Y Solomon, un personaje que parece insensible, es el único capaz de plantarte cara cuando entiende que Sebastian está entrando en un camino peligroso. Sí, Anne necesita ayuda, pero su sufrimiento no debe ser una excusa para justificar cualquier acto.

Ranrok no funciona como villano

Ese tipo de conflicto es el que eché de menos en la trama principal. Aunque Ranrok amenaza el mundo mágico, Sebastian amenaza algo mucho más íntimo: su alma, su familia y nuestra complicidad como jugadores. Si la historia no hubiera sido sobre "derrotar al villano" y sí sobre "qué límites cruzas por alguien a quién quieres", habríamos tenido una pregunta más pequeña en escala y, al mismo tiempo, más pesada en su conjunto.

Aunque tardé tres años en jugar a Hogwarts Legacy, no tuve que investigar mucho para ver que mi pensamiento no era una sensación aislada. Tras el lanzamiento, medios como GamingBible recogieron que la comunidad pensó que la historia de Sebastian sobresalía no solo por encima de las misiones de compañeros, sino también sobre la propia amenaza que supone Ranrok y, en menor medida, Victor Rookwood.

Cuando Hogwarts Legacy deja de ser épico y se permite ser más personal, cuando cambia el futuro del mundo mágico por una amistad que se deteriora, una hermana enferma y un chico brillante que cree que su ambición no tiene límites, el juego está más cerca de ser lo que conocemos del universo de Harry Potter. Por eso, al menos para mí, Sebastian y Poppy representan lo mejor del juego.

Hogwarts Legacy Ranrok

Mientras Poppy es la aventura luminosa, la defensa de las criaturas y la bondad sin malicia, Sebastian se convierte en la sombra, la obsesión y las dudas relacionadas con nuestro papel en empujar a alguien hacia el abismo. Ambas historias funcionan porque tienen rostro y consecuencias emocionales, así que no necesitan recordarte cada cinco minutos que el mundo está en peligro.

Me es inevitable (incluso creo que es evidente) pensar en Hogwarts cuando me acuerdo de Hogwarts Legacy. Me acuerdo de sus pasillos, sus escaleras, sus clases y esa sensación inicial de llegar a la versión definitiva del castillo. Sin embargo, lo que más recuerdo es a Sebastian Sallow y la Bóveda, así como sus decisiones, sus excusas, su dolor y esa incomodidad de acompañar a alguien que cada vez tiene menos defensa. Con Poppy, en cambio, me pasa si pienso más allá de Hogwarts: si imagino un bosque, un lago o una criatura volando libre, sé que eso es justo lo que ella querría.

Todo eso me hace pensar que la historia principal movía el juego y servía como excusa para descubrir qué es la magia antigua. Aún así, Sebastian y Poppy le daban alma, y creo que eso vale mucho más que cualquier villano de turno buscando ser más poderoso mientras pone el mundo en peligro.

Y a ti, ¿qué te pareció la historia de Sebastian Sallow? ¿Conseguiste conectar con ella? Sea cuál sea tu experiencia, estaremos encantados de leerla en comentarios o en el canal de Discord de 3DJuegos.

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