En Corea del Sur existe un olor que la gente reconoce sin necesidad de describirlo: "el olor a semisótano". Recuerda la humedad acumulada, la ventilación escasa y a paredes que nunca reciben sol directo, pero no es una imagen literaria. Este concepto refleja la realidad cotidiana de millones de familias que viven en viviendas parcialmente subterráneas en Seúl. Bong Joon-ho, director de Parásitos, conocía ese olor, y sus estudios de sociología en la Universidad Yonsei le llevaron a observar cómo funciona la desigualdad con la intención de construir la historia de su película más ambiciosa.
La cinta arranca con la familia Kim en su semisótano. La cámara muestra las ventanas pequeñas a ras de suelo, la ropa tendida junto al váter y la señal de Wi-Fi robada al vecino. Poco después, toca ver el contraste con la familia Park: luz, espacio y jardines diseñados por un arquitecto. Así, la distancia entre ambas familias no se mide en metros cuadrados, sino en algo que la película tarda en revelar y que no puedes olvidar una vez lo hace.
El olor que no borra ningún ascensor social
A mitad de la película, el padre de los Park comenta que su chófer (el padre de los Kim) tiene un olor particular. No lo dice con desprecio declarado, lo dice como quien menciona que podría empezar a llover. Según el análisis publicado por Cosmonaut Magazine, el olor funciona en Parásito como marcador real de clase, no como recurso dramático. Los Kim lo reconocen, lo llaman por su nombre y saben que los delata en cualquier contexto, así que se trata de un límite que los modales, la ropa cara y la inteligencia no disimula.
Bong Joon-ho construyó esa metáfora desde la sociología. Tras estudiar en Yonsei durante los años del movimiento democrático coreano, tardó una década en desarrollar el guion de Parásitos. Cada elemento de la película (escaleras, ventanas, piedras o la inundación) tiene una correspondencia directa con la estructura material de la desigualdad en Corea del Sur. Allí, el olor no es el símbolo más vistoso, pero sí el más brutal.
La película ganó cuatro Óscar en 2020, incluido el de Mejor Película, e hizo historia al ser la primera producción no anglófona en conseguirlo. Sin embargo, lo más relevante ocurrió cuando millones de personas que nunca habían pensado en la desigualdad coreana empezaron a buscar qué era un semisótano, cómo funcionaba la movilidad social en Seúl y por qué ese olor importaba. Con solo dos horas de duración, un thriller logró lo que décadas que informes no habían conseguido: volver comprensible algo que los datos solo podían describir.
Eso tiene una explicación: Bong Joon-ho no aprendió a dirigir y luego pensó en clases sociales, fue justo al revés. Cuando llegó el momento de hacer Parásitos, no necesito investigar la desigualdad coreana porque ya la había estudiando durante años, solo tuvo que hacer una cosa: recordar a qué huele.
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