Hace 38 años dos geólogos recogieron una muestra de la playa de Omaha. No había intención alguna en aquello, simplemente estaban allí para una visita a Normandía como profesionales de la Universidad de Utah y Austin, y decidieron llevarse un souvenir. Lo que no esperaban de aquella bolsita de arena era que, años después, les catapultase a la fama por un descubrimiento de lo más singular: la metralla del desembarco del día D seguía en aquella arena.
Ocultos a simple vista, con fragmentos que empezaban en apenas 0,06 milímetros y como mucho llegaban a 1 milímetro, se escondían los vestigios de aquella batalla, y no precisamente de forma anecdótica. Según los expertos, el 4% de la arena que habían recogido estaba formada por metralla de la Segunda Guerra Mundial.
Una arena que aún conserva las cicatrices del desembarco del Día D
Lo más interesante del hallazgo es que no sólo de metralla estaba formada aquella colección de minerales. De la mano de los bombardeos, capaces de provocar hasta 1.600 grados de temperatura, también había 13 pequeñas esferas de hierro y 12 microesferas de vidrio formadas por el calor de aquellas explosiones.
Aunque cabe destacar que desde 1988, cuando se recogieron las muestras, la situación puede ser muy distinta a ese 4% que reflejaron en el estudio publicado en 2011, lo cierto es que ni lo que hubiese entonces ni lo que pudiéramos analizar ahora sería representativo de lo que la playa puede llegar a esconder. Entre las corrientes capaces de dispersar el material dependiendo del día y la hora, y el desgaste que el propio oleaje haya provocado, la cifra hoy podría ser muy distinta y, con toda probabilidad, muy inferior.
Sí resulta especialmente curioso que este tipo de estudios geológicos sirvan como una suerte de diario de los horrores que allí se vivieron. Al comparar lo encontrado en la playa de Omaha con otros lugares de Normandía como la playa de Utah, la cantidad de partículas demuestra que su batalla fue muy inferior a la de su playa hermana al otro lado de la Bahía de Veys.
De tener que ponerle una fecha a la desaparición de todas esas partículas, en condiciones normales hablaríamos de cientos de miles de años, pero al estar en constante corrosión por el agua del mar, sumado al vaivén de sus olas y corrientes, lo más probable es que la metralla del día D desaparezca por completo alrededor del año 2110.
Aunque lo de Normandía nos queda ahora como una mera curiosidad, lo cierto es que los expertos calculan que, sólo entre el mar Báltico, hay 1,3 millones de toneladas de munición sin explotar. Y eso por no hablar de todas las armas químicas que se quedaron hundidas por la zona. Que parte de todos esos compuestos ya esté en el 14% de las muestras de peces que analizan los expertos es lo que realmente debería preocuparnos.
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