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He preguntado a 8 IAs de Europa, EEUU y China cómo arreglarían la vivienda en España. Lo más sorprendente es en qué están todas de acuerdo

He preguntado a 8 IAs de Europa, EEUU y China cómo arreglarían la vivienda en España. Lo más sorprendente es en qué están todas de acuerdo

Cuando les quité el dinero de las manos, hasta el Grok de Musk y DeepSeek de China acercaron posturas

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He Preguntado A 8 Ias De Europa Eeuu Y China Como Arreglarian La Vivienda En Espana Lo Mas Sorprendente Es En Que Estan Todas De Acuerdo
ruben-marquez

Rubén Márquez

Editor - Trivia
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Rubén Márquez

Editor - Trivia

No tengo ni idea de cómo se soluciona el problema de la vivienda en España. Entiendo hasta qué punto a un problema de falta de construcción se suma otro de especulación y que, precisamente por lo alta que es la demanda, juegan al póker con el futuro de nuestros jóvenes. Sobre la solución, en cambio, voy bastante más perdido. Sé lo de construir más, limitar más, prohibir X, pero a todo eso se suma que lo que parecen defender unos con cierta lógica, lo atacan otros en una espiral infinita por ver quién la tiene más larga y quién la dice más gorda.

Con la intención de ver hasta dónde llega la madriguera del conejo del problema de la vivienda me he asomado a lo que hará cualquier usuario medio en pleno 2026 buscando respuestas sobre ello: acudir a la IA. Consciente de hasta qué punto ahí pueden caber mensajes e intenciones ocultas de todo tipo, lo que hice fue encargarle la misma tarea a 8 modelos de inteligencia artificial. Les puse a España sobre la mesa y les di 10 años para conseguir que alguien con un sueldo base pudiese vivir dignamente sin perder más de la mitad del salario en el proceso. 

La solución de la IA al problema de la vivienda en España

Su papel era muy simple. Debían explicar qué está roto y cómo lo arreglarían. Cuánto tardarían en hacerlo y quién pagaría los platos rotos. Tras su primera respuesta, les puse un palo más en las ruedas: tenían que solucionarlo todo en apenas cinco años y, además, agarrarse a abrir el grifo del gasto público quedaba fuera de la ecuación. Vamos, que si la respuesta simplemente era “construir un millón de casas con dinero del Estado”, tocaba buscar otra.

Pese a que sobre el experimento sobrevolaba el miedo a ver cómo ciertas IAs intentaban colar un mensaje político en sus respuestas, lo cierto es que todas solían coincidir en algo que probablemente has escuchado bastante durante los últimos años, que se crean más hogares que casas. 

Aunque parezca retorcida, la idea es relativamente sencilla: si tu hijo se va de casa, y tú y tu pareja os separáis, lo que antes era un hogar pasa a ser tres. Si antes bastaba con una vivienda en la que vivir todos, ahora necesitas tres. La diferencia entre hogares y viviendas, según datos del Banco de España, ya va por las 750.000, y todas las IA parecen coincidir en que ahí empieza el problema. 

No es donde acaba, ojo. Los Airbnb, las casas vacías, los fondos buitres, los grandes tenedores y los compradores extranjeros también comen del mismo pastel. La diferencia es que, al agarrarnos a los números, debemos hacerlo de forma localizada. Por ejemplo, darse golpes en el pecho muy fuertes reclamando frenar un Airbnb en un pueblo perdido de España no te arregla la situación en Madrid o Barcelona. En cambio, un piso turístico en un barrio saturado de Málaga sí le está quitando la vivienda a alguien que necesita vivir allí. 

Tampoco parece servir lo de meter más ayudas en el saco. De nada sirve dar más dinero a los 10 que pujan por entrar en las cinco viviendas que quedan si no consigues que alguien se saque de la manga una vivienda más. ChatGPT lo resumía bastante bien dentro de sus propuestas diciendo que el dinero público debía enfocarse a: “construir la casa, no a financiar al siguiente comprador que compita por ella”. Es otra de esas ideas en las que, absolutamente todos, parecen estar de acuerdo. 

Para buena parte de ellas, la solución más inmediata a ese problema pasa por otra expresión a la que nos hemos terminado acostumbrando: liberalizar suelo. Digamos que, si al lado de la estación de tren hay una parcela, debería aprovecharse ese hueco cercano a conexiones, carreteras y servicios para la gente que necesita vivir allí. Si la legislación no permite construir ahí, se cambia. Si sólo se permite construir tres plantas, se construyen seis. Grok, probablemente la IA más inclinada a la derecha del listado, lo resume eligiendo “la liberalización y agilización radical del suelo y de los permisos de construcción”. 

No hay política que cambie la realidad de la IA

Si te asomas al resto, los tintes políticos se difuminan aún más. Sin importar de qué pie cojean, con variantes de esa idea más o menos agresivas, las ideas terminan siendo las mismas: más altura donde tenga sentido, oficinas vacías transformadas en casas, pisos enormes que puedan dividirse y, sobre todo, como estrategia primordial, más vivienda alrededor del transporte público. 

En el caso de Gemini, por ejemplo, su gran solución pasa por “la cesión masiva de suelo público para la promoción privada/cooperativa de alquiler asequible no desclasificable”. En cristiano: prestar suelo público para que a las constructoras les salga más barato crear vivienda, y que la empresa privada obtenga beneficio hoy para que todo vuelva a manos del Estado tras 50, 75 o 99 años.

Sobre el alquiler, todos los modelos anteriores reconocían que demasiadas viviendas han saltado al alquiler temporal o se han salido del mercado por miedo a impagos que tarden una eternidad en resolverse. Aquí, la balsa salvavidas parece ser forzar procedimientos más rápidos para resolver esos conflictos y, a su vez, apretar al máximo al alquiler como negocio desbordado: más impuestos a viviendas vacías donde la demanda sea alta, límites al alquiler turístico en barrios donde falte alquiler residencial, y ventajas para quienes mantengan contratos de largo recorrido.

Fue justo aquí donde metí el palo en la rueda. No hay dinero público para solucionar esto y tenéis que arreglarlo en cinco años. ¿Qué hacemos? Claude se llevaba las manos a la cabeza reconociendo hasta qué punto “la restricción cambia más el cómo que el qué”. Con el Estado no pudiéndose permitir construir miles de pisos no significa que tenga las manos atadas. 

Mistral, la alternativa de IA europea, lo resume en “el poder de reescribir las reglas del suelo, el poder fiscal para penalizar el stock improductivo y un patrimonio inmobiliario desaprovechado”. Es decir, que en sus manos sigue la legislación capaz de acelerar que se construya más y antes, prestar suelo sin venderlo, cobrar más a quienes tienen viviendas improductivas, y exigir que parte de las casas nuevas salgan a un precio asequible. 

Las IA de China contra las occidentales

Oye, y China, ¿qué? Porque puestos a hablar de ideología y frentes políticos en la IA, la diferencia al agarrarnos a modelos claramente de izquierdas como Kimi, Z.AI y DeepSeek debería ser considerable. En cierto sentido sí está ahí. Kimi apuesta por “un operador público con suelo público que produzca 50.000 viviendas de alquiler asequible al año durante 15 años”. Las otras dos le siguen de cerca hasta que se cierra el grifo del gasto público y vuelven al camino del resto: “en un mundo sin presupuesto, la regulación es el único dinero que sobra”. 

El caso de DeepSeek es probablemente el más llamativo porque se queda en un punto medio: que construyan empresas y propietarios, vale, pero es el Estado el que decide qué se puede levantar, qué parte debe ser asequible y qué elementos públicos se ponen encima de la mesa. Dice que debe ser “regulador, facilitador y movilizador de activos”. 

No deja de resultar curioso que, pudiendo virar hacia cualquier lado del espectro político, la realidad para todas las IA sea la misma: necesitamos más vivienda allí donde hay gente buscando una y, si el Estado no puede permitirse su construcción, debe ser el facilitador que la asegure. No a cualquier precio, ojo, poniendo freno a la especulación, cediendo terrenos en vez de vendiéndolos y metiendo mano para que las huchas sigan rellenándose y que la rueda nunca deje de girar. 

Aparentemente, al preguntarles sobre por qué hemos llegado hasta aquí, parte del problema es que unos se llevarán las manos a la cabeza por quitar un parque infantil para construir un edificio al lado de una estación, y otros harán lo propio al ver que tienen que pagar más por esos 100 pisos que les están permitiendo vivir de rentas. 

Con todo, vista esta unanimidad que se alarga desde Europa hasta China, el problema no parece ser que no haya una solución clara y unificada para la vivienda en España. Según esos mismos modelos, el problema parece ser que llevamos años buscando una solución que no moleste a nadie y, simple y llanamente, eso es imposible. 

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