Aunque a este lado del mundo los tenemos jugando a Minecraft o haciendo combates de boxeo, en Pakistán el mayor grueso de influencers y youtubers se reparte entre quienes te dan el horóscopo diario o se han montado un negocio de lectura del futuro a través de WhatsApp. Acumulando millones de suscriptores, ahora esta colección de creadores se enfrenta a penas de hasta siete años de cárcel.
El Senado de Pakistán ha dicho basta. Su proyecto de ley contra la magia negra perseguirá a quien practique, anuncie o promueva artes ocultas, y obliga a todos aquellos curanderos y videntes que no lo hayan hecho ya a registrarse en el Ministerio de Asuntos Religiosos. Su intención es frenar el fraude espiritual, y buena parte de sus youtubers ya están temblando.
La magia negra de YouTube
Para una población en la que el 50% cree en el poder de los talismanes y en los jinn, las criaturas invisibles que aquí hemos acabado traduciendo a la idea del genio de la lámpara, y el 67% de sus alumnos universitarios leen el horóscopo a diario, prácticas como la de la astrología, la quiromancia o el tarot son su pan de cada día. Y con YouTube convertido en un reflejo de las juventudes de cada país, era cuestión de tiempo que gran parte de su negocio virase hacia allí.
La mezcla de una situación socioeconómica muy dura, y la facilidad de acceder a ese tipo de contenidos entre una población de 111 millones de usuarios de internet y 188,9 millones de líneas móviles, ha hecho que gran parte de la población se agarre a las cartas astrales digitales o en streaming, ya sea como guía para tomar decisiones en su día o como simple entretenimiento.
El problema, más allá del marcado giro religioso que hay detrás de la decisión, no está sólo en una colección de delitos informáticos, oleadas de crímenes rituales y gente que acude al hospital con clavos en el cuerpo por consejo de algún curandero, sino también en el hecho de que el 70% de quienes acuden a estos chamanes lo hace con la intención de dañar a terceros.
El miedo a una situación que se vaya aún más de las manos ha empujado al Senado a ponerle freno a estos fraudes y peligrosas prácticas. Las penas de hasta siete años de cárcel y multas de 1 millón de rupias pretenden que, en vez de seguir alimentando un negocio que mueve millones de rupias al año en Pakistán, lo que se haga sea hacer crecer una población de psicólogos y psiquiatras titulados que está en menos de 600 para todo el país.
Imagen | R.D. Smith
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