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27 años después de La Amenaza Fantasma he revivido uno de los sueños de mi infancia. Análisis de Star Wars: Galactic Racer

27 años después de La Amenaza Fantasma he revivido uno de los sueños de mi infancia. Análisis de Star Wars: Galactic Racer

Está hecho por exmiembros de Criterion Games bajo el nombre de Fuse Games, y se nota muchísimo

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27 años después de La Amenaza Fantasma he revivido uno de los sueños de mi infancia. Análisis de Star Wars: Galactic Racer
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Alberto Lloria

Editor

Si le preguntas a un fan de Star Wars qué es lo mejor del Episodio I, quizá te diga la banda sonora de John Williams, el combate contra Darth Maul o poder ver la enormidad de Coruscant; y todos estarían en lo cierto. Pero hay algo que los supera con creces: la carrera de vainas. Tan mítica fue aquella secuencia, y tan grande el despliegue de efectos especiales y prácticos, que terminó convirtiéndose también en uno de los puntos de partida más recordados para los videojuegos de carreras de la saga. Ahora, más de 25 años después de Star Wars: Episode I Racer, Galactic Racer recupera aquella pasión por la velocidad, pero lo hace con una idea bastante más extraña que la de limitarse a recuperar la nostalgia: mezclar el espíritu de los arcades de carreras con la violencia de Burnout, algunas ideas de MotorStorm y una estructura roguelite.

Un roguelite de Star Wars

Fuse Games se fundó en 2023 con una idea: demostrar que los juegos de carreras arcade, incluso aquellos limitados a entornos cerrados, pueden seguir siendo tan divertidos como las grandes producciones del género. Al frente está Matt Webster, productor de Burnout Paradise o Need for Speed: Most Wanted, y esa influencia se percibe rápidamente al ponerse a los mandos. Sin embargo, el estudio ha querido hacer algo más que recuperar una fórmula conocida y ha situado su historia después de la caída del Imperio, en un periodo de transición en el que la galaxia todavía busca su lugar antes del ascenso de la Nueva República. Y puede resultar extraño empezar hablando de ambientación e historia al analizar un juego de carreras de Star Wars; a mí también me lo parecía. Pero Galactic Racer esconde bastante más de lo que deja ver a primera vista.

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El juego llega con el clásico modo arcade, que nos permite disfrutar de sus modalidades y circuitos sin estar atados a una competición, pero también con un modo historia que sirve como puerta de entrada a su peculiar estructura. Interpretamos a Shade, un superviviente desconocido —podremos editar su apariencia, pero no sabemos cómo luce bajo el casco— de la época del Imperio que es contactado por Darius Pax, un promotor de carreras, para que acabe con el legado de Kestar Bool y su familia, actuales líderes de la competición. Es una excusa, sí. Es obvio que la historia no pretende ser una revolución, pero si el juego se esfuerza tanto por dar peso a sus personajes mediante cinemáticas y actuaciones de voz es porque cumple una función más importante: justificar cómo funciona realmente esta competición.

El equipo de Webster ha trabajado con los roguelite en mente y eso cambia bastante la manera de jugar. Shade tiene una venganza pendiente con Kestar Bool, pero no eres el centro de la galaxia ni el héroe arquetípico: como cualquier novato, necesitas clasificarte y mantenerte en la competición utilizando tokens de participación y patrocinios. Al principio solo cuentas con una ficha y aproximadamente diez carreras o eventos para conseguir luchar en las grandes ligas, ganando más tokens en el proceso. Pueden ser carreras, contrarrelojes o pruebas de eliminación, en las que el último competidor acaba explotando hasta que solo quedan tres.

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Y aquí está la parte que hace que todo esto tenga sentido: si fracasas y no tienes más fichas de participación, la run termina y toca volver a empezar. Galactic Racer es bastante poco permisivo con nosotros incluso en dificultades medias; los rivales no pasan una, pueden cortarte el avance, golpearte en plena carrera o incluso caer sobre ti después de un salto sin miramientos. Pero cada fracaso sirve para descubrir qué ha fallado y, sobre todo, para experimentar con una configuración diferente en la siguiente partida. Ahí entran las builds.

Cada carrera completada se paga en créditos y bonificaciones aleatorias en forma de mejoras pasivas o activas, aunque solo podremos escoger una de cuatro. Algunas mejoran nuestra resistencia a los golpes o nos ofrecen ventajas al comenzar una carrera, mientras que otras modifican directamente nuestra forma de afrontar la competición.

Podemos elegir entre tres vehículos: un landspeeder, una speeder bike y un Skim Speeder

Después de completar determinados eventos también podemos añadir a nuestra nave habilidades especiales que consumen energía y cuentan con un cooldown independiente para cada una. Esto evita que el caos se apodere de la carrera como ocurría en Blur y obliga a pensar cuándo merece la pena utilizar cada recurso. Podemos llevar el motor al 110% para ganar velocidad, utilizar un escudo en los momentos más peligrosos o lanzar un PEM para fastidiar a los rivales. En total tendremos seis espacios para bonificaciones y cuatro para habilidades activas.

No es un sistema especialmente profundo, pero sí consigue algo importante: que perder cuatro veces no se sienta exactamente igual si en cada intento estamos probando una combinación diferente. Y esa es precisamente la gracia: no construyes una build para verla en un menú, sino para descubrir qué puede hacer cuando vuelves a lanzarte a toda velocidad contra un circuito lleno de rivales.

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Y todo esto termina desembocando en la parte que realmente da sabor a Galactic Racer: la conducción. Podemos elegir entre tres vehículos —un landspeeder, una speeder bike y un Skim Speeder, aunque también podremos usar una vaina similar a la de Sebulba en carreras arcade y en contrarreloj dentro de la campaña— y, en determinados modos, también un Podracer. Sobre el papel, es un abanico bastante reducido y, seamos sinceros, es una de las principales carencias del juego. Star Wars tiene una galaxia entera de vehículos que podrían haberse convertido en máquinas de carreras, pero Fuse Games ha optado por concentrarse en unos pocos.

La diferencia es que cada uno se comporta de forma distinta y juega una carta muy divertida que me hace acordarme de aquellos geniales MotorStorm: vas a competir en desigualdad, con naves de distinto tamaño, y no sabéis lo genial que es cuando aprendes cómo aprovechar a tu favor esa diferencia. La speeder bike, por ejemplo, está pensada para vivir al filo, derrapando en las curvas y pasando pegada a las barreras a riesgo de estamparte, mientras que el landspeeder apuesta más por aguantar golpes y derribar enemigos. El juego intenta compensar su falta de variedad con buenas ideas y un manejo único.

Un juego inspirado por Burnout, también MotorStorm

Y si hay algo que explica por qué ponerse a los mandos de Galactic Racer resulta tan divertido, es su evidente ADN de Burnout. No hay penalizaciones por estrellar a los oponentes, como tampoco las habrá para ellos si te mandan a besar una roca, y ahí está buena parte de la gracia. Los circuitos —con 20 variaciones en total— están diseñados para que podamos jugar de manera ofensiva o defensiva, buscar el adelantamiento perfecto o simplemente lanzarnos contra otro rival para quitárnoslo de encima. El contacto deja de ser un accidente que quieres evitar y se convierte en otra herramienta más de la carrera. Tiene ese amor por la violencia de los mejores Burnout, pero ojo, porque la velocidad y el juego agresivo tienen un precio.

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Todos los vehículos cuentan con un boost para ganar velocidad, así como con un acelerador sónico que permite ir todavía más rápido a costa de perder control y poner el sistema de refrigeración al máximo, pero las naves de carreras no son máquinas infalibles. Es posible que incluso pierdas agarre o se vea afectado el sistema de la nave en plena carrera si fuerzas mucho la máquina, condenándote a una derrota casi segura. A eso se suman el rebufo y los atajos, que convierten cada tramo en una cuestión de elegir cuándo apretar el acelerador y cuándo jugar con cabeza. Galactic Racer pide que te serenes y conduzcas con cabeza, pero también premia al jugador más aventajado que sabe jugar al límite. Tú decides cuánto arriesgar. Es Burnout, sí, pero con una capa adicional de gestión del riesgo que encaja especialmente bien con todo lo demás.

Galactic Racer pide que te serenes y conduzcas con cabeza, pero también premia al jugador más aventajado que sabe jugar al límite

¿Y recordáis que antes he mencionado MotorStorm? Pues toca repetir lo grande que ha sido la influencia de los juegos de Evolution Studios, esta vez en el diseño mismo de los planetas. Los seis mundos disponibles de salida no son simples escenarios gracias a su sistema climático. En Lantera, un planeta selvático, si llueve mucho, el agua puede servir para refrigerar el motor y permitirnos llevar un poco más allá el boost de velocidad. Los planetas helados afectan a la navegación congelando los motores elevadores, por lo que debemos pasar por grandes hornos para recuperar la capacidad de derrapar y girar con soltura. Y el calor puede incluso hacer que nuestro motor eche humo y obligarnos a ejecutar un QTE para solucionar el problema. Es una filosofía de diseño que trabajó con cabeza el ya disuelto estudio, pero que Fuse Games aprovecha para dar más identidad al proyecto.

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Aun con todo, es cierto que el juego necesita más mapas con variaciones climáticas, aunque no he encontrado un solo mapa malo. Si te paras a pensar, puede que no haya muchas opciones más allá de repetir el enésimo planeta desértico o helado; pero es Star Wars, si no las hay, las inventas. Otro de sus patinazos es que su mayor enemigo es su propia arquitectura técnica. Galactic Racer funciona a 4K  y 60 FPS en consolas, pero Unreal Engine 5 es un hueso duro de roer para las consolas actuales. O buen rendimiento o calidad visual, no ambas. Solo hay un único modo con una tasa de fotogramas sólida, pero la resolución base está por debajo de 1080p, por lo que la imagen general es bastante más borrosa de lo que necesitaría un juego que, a todas luces, se ve genial.

Una vaina loca... y muchas carreras

Sin sello
Star Wars: Galactic Racer análisis

Star Wars: Galactic Racer

Por: Alberto Lloria
Sin sello

En Galactic Racer encajan muchas cosas. Cuando estás a los mandos la sensación es genial, pero cuando pasa ese periodo romántico, ese momento de sorpresa, te das cuenta de que a Fuse Games le ha faltado mirar más allá. ¿El resultado? Un buen juego al que, de salida, le falta algo de contenido.

5 cosas que debes saber:
  • Cuenta con modos multijugador, campaña y arcade
  • El modo campaña es el más completo de todos, con una buena estructura roguelite
  • A los mandos sientes que es un juego de exmiembros de Criterion Games
  • Le falta variedad de naves, planetas y opciones jugables
  • El rendimiento es sólido, pero Unreal Engine 5 exige sacrificios en consola
Jugadores: 1-12
Idioma: Audio en inglés y textos en español
Duración: Incalculable
VÍDEO ESPECIAL

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