Por qué Samus Aran tiene esa armadura tan icónica y qué nos dice Nintendo con cada trazo y sombra en su arte que adoramos (aunque no lo sepamos)

Por qué Samus Aran tiene esa armadura tan icónica y qué nos dice Nintendo con cada trazo y sombra en su arte que adoramos (aunque no lo sepamos)

Entrar en un juego de Nintendo es como volver a casa, donde cada color y forma están diseñados para hacernos sentir

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Metroid 5 Samus Aran
barbara-gimeno

Bárbara Gimeno

Colaboradora
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Bárbara Gimeno

Colaboradora

Hay algo profundamente familiar en entrar a un juego de Nintendo. No importa si se trata de correr por el Reino Champiñón, cuidar tu isla en Animal Crossing o explorar los vastos paisajes de Hyrule: todo en su diseño visual nos abraza como si volviéramos a casa. No es casualidad. Los mundos creados por Nintendo no solo están construidos para jugarse, sino para sentirse. Y en ese arte de provocar emociones desde la imagen está una de las claves más sutiles —y poderosas— de su magia.

Desde sus inicios, Nintendo ha apostado por un tipo de estética que, a simple vista, parece simple y alegre. Pero basta detenerse un momento para notar que detrás de cada elección gráfica hay una intención emocional muy concreta. No se trata solo de hacer mundos bonitos, se trata de diseñar atmósferas emocionales a través del color, la forma y el movimiento. Desde el primer "Super Mario Bros." hasta "The Legend of Zelda: Breath of the Wild", Nintendo ha construido universos donde los colores, formas y estilos gráficos son herramientas emocionales. Detrás de cada trazo hay intención, y detrás de cada mundo, una emoción.

Colores que cuentan historias

Nintendo no elige colores al azar. Desde los rojos vibrantes de Mario hasta los verdes suaves de Animal Crossing, cada tonalidad está pensada para generar una sensación:

  • Rojo: sugiere energía, urgencia, acción.
  • Azul: calma, misterio, exploración.
  • Verde: esperanza, frescura, naturalidad.
  • Colores pastel: ternura, seguridad, inocencia.

Diseñadores como Shigeru Miyamoto han hablado en numerosas ocasiones de cómo buscan que el jugador “sienta” el mundo incluso antes de empezar a jugar. Pensemos en Mario, ese icono eterno de la cultura pop. Su gorra roja, su peto azul, su bigote perfectamente recortado. ¿Por qué, entonces, el rojo? Porque es un color que llama a la acción, que sugiere urgencia y energía. Es imposible no sentir algo cuando Mario salta en pantalla: el rojo nos empuja hacia adelante, nos mantiene despiertos, nos transmite una chispa de entusiasmo que se activa con solo verlo correr. El mundo que lo rodea, lleno de bloques amarillos, cielos celestes y verdes saturados, no hace más que reforzar esa sensación de aventura constante.

Pero Nintendo también sabe que no todo en la vida es velocidad. En juegos como Animal Crossing: New Horizons, los colores bajan el tono. El rojo chillón se vuelve rosa pastel, los verdes se suavizan, los azules se calman. El ritmo cambia, y con él, la paleta cromática. Aquí no hay prisa ni peligro: todo está diseñado para que nos relajemos, para hacer que nos sintamos seguros. Las formas redondeadas de los personajes, el diseño de la interfaz, la textura acolchadita de cada objeto... todo nos recuerda a lo tierno, a lo cotidiano.

Mario Kart World El personaje de Yoshi, en verdes brillantes, sugiere naturalidad y frescura

Las emociones no surgen solo de lo que pasa en pantalla, sino de cómo se ve, y Nintendo ha entendido esto desde muy temprano. Uno de los pilares de su filosofía visual es la simplicidad emocional: formas básicas, colores puros o líneas suaves. Pero esa aparente simplicidad esconde un diseño profundamente sofisticado. En términos psicológicos, las formas redondas —como las de Kirby o Toad— se asocian con la amabilidad y la accesibilidad. No es coincidencia que los enemigos más peligrosos, como Bowser o Ganondorf, estén compuestos por líneas angulosas y siluetas más agresivas. La forma, en el mundo de Nintendo, es un lenguaje por si mismo.

La emoción está en los detalles

Quizá el caso más refinado de esta sensibilidad visual se da en The Legend of Zelda: Breath of the Wild. Allí, los paisajes no solo son bonitos ni están bien diseñados a nivel estético sino que también son conmovedores. El equipo artístico del juego trabajó con una paleta cuidadosamente desaturada, donde los verdes no son súper llamativos sino suaves, donde el cielo a veces parece pintado con acuarela, y donde la luz del atardecer puede convertir una montaña lejana en un cuadro casi poético. Por supuesto, no hay nada casual en ello. Esa estética busca generar una mezcla de melancolía, asombro y soledad. Explorar Hyrule es, más que una aventura, una especie de meditación visual.

Esa estética busca generar una mezcla de melancolía, asombro y soledad. Explorar Hyrule es, más que una aventura, una especie de meditación visual.

Y si hablamos de emociones, no podemos ignorar cómo Nintendo comunica sin necesidad de palabras. A diferencia de otras compañías, que llenan la pantalla de tutoriales y diálogos extensos, Nintendo suele confiar en el diseño visual como herramienta narrativa a través, por ejemplo, de una sombra que se alarga, un cambio en la música o una nube oscura que de repente cubre el cielo, pequeñas señales que modifican la emoción del jugador sin que este ni siquiera lo note de forma consciente. Es una forma de comunicación casi instintiva, que apela más a los sentidos que al propio intelecto.

Hay algo de diseño universal en todo esto. La estética de Nintendo trasciende idiomas y culturas. Un niño japonés y otro español pueden emocionarse igual frente a los mismos personajes, porque las herramientas visuales que utiliza la compañía están arraigadas en lo más profundo de nuestra percepción: el modo en que asociamos colores con estados de ánimo, el modo en que ciertas formas nos hacen sentir a salvo o en peligro o el modo en que el ritmo visual puede calmar o acelerar nuestro corazón.

Zelda Wii U 3610681 La luz sobre Zelda jugando con los tonos dorados la convierten en algo onírico

Más que gráficos: una forma de conectar

Curiosamente, en un mundo donde la tecnología avanza a pasos gigantescos, Nintendo ha preferido no obsesionarse con el realismo gráfico. Mientras otros estudios persiguen texturas fotorrealistas y simulaciones físicas complejas, Nintendo apuesta por una estética que, aunque tecnológicamente sofisticada, parece más cercana al dibujo animado que a la imagen digital hiperprecisa. ¿Por qué? Porque para ellos la meta no es reproducir la realidad, sino mejorarla emocionalmente. En lugar de replicar lo que vemos, buscan representar lo que sentimos.

Esto no quiere decir que la compañía ignore los avances técnicos, al contrario; muchos de sus juegos son verdaderas proezas de optimización y diseño gráfico, pero su prioridad nunca ha sido el brillo visual por sí mismo, sino lo que ese brillo puede hacernos sentir. Por eso, cuando vemos a Mario dar un salto, sentimos alegría, cuando Link se asoma al horizonte, sentimos esperanza y cuando nos despedimos de un vecino en Animal Crossing, sentimos una pequeña tristeza... y todo eso, sin que nadie nos lo diga.

Nintendo diseña para el corazón tanto como para la cabeza. Su arte visual es una forma de lenguaje emocional que se ha perfeccionado durante décadas, adaptándose al tiempo sin perder su esencia. Lo que comenzó con píxeles y paletas limitadas hoy se expresa con paisajes abiertos y sistemas de luz complejos, pero el principio sigue siendo el mismo.

Nintendo sigue apostando por algo diferente: la emoción como forma de diseño. No necesita que creamos que su mundo es real, solo necesita que nos importe. Y eso, en definitiva, es lo que hace del arte de Nintendo algo tan poderoso: no se trata de ver mejor, sino de sentir más.

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