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¿Es Valheim un "clásico instantáneo" como Minecraft o Stardew Valley? Volver cinco años después a este juego de supervivencia me ha abierto los ojos

¿Es Valheim un "clásico instantáneo" como Minecraft o Stardew Valley? Volver cinco años después a este juego de supervivencia me ha abierto los ojos

La recién lanzada versión 1.0 es una excusa igual de buena que cualquier otra para volver a su mundo nórdico y darte cuenta de que hay mucho que aprender

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¿Es Valheim un "clásico instantáneo" como Minecraft o Stardew Valley? Volver cinco años después a este juego de supervivencia me ha abierto los ojos
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Mario Gómez

Editor Senior

Si has estado atento a la actualidad en la prensa de los videojuegos últimamente, sabrás que unos cuantos medios han estado analizando Valheim, con notas estratosféricas, además. El RPG de supervivencia de Iron Gate sale del periodo de acceso anticipado celebrando una versión 1.0 que cosecha la friolera de un 89 en Metacritic en el momento de escribir estas líneas, con varios sobresalientes en medios grandes como PC Gamer (90) o IGN (100). Te adelanto que en 3DJuegos vamos a tardar un poquito en tener listo el análisis, pero volver tras unos años desconectadísimo del periodo de acceso anticipado me ha dejado algo claro.

Y ese algo es que estamos ante uno de esos juegos especiales. Especial como Minecraft o Stardew Valley lo son, de hecho. Un "clásico instantáneo", dice por ahí gente con muchas más horas invertidas que un servidor. Si vas un pasito más allá y lees las reseñas, verás también que existe una percepción generalizada de que es algo tremendamente evocador con un sentido propio de la acogida y la contemplación. Hablándote desde la perspectiva de alguien que ha vivido la evolución del juego mirando a través de un cristal, quise zambullirme de lleno en el mundo de Valheim para entender mejor qué es lo que lo hace tan único.

Como es habitual en el género, cualquier curioso lo tiene increíblemente fácil para meterse de lleno en el juego porque en Internet existen decenas de 'saves' con mundos híper avanzados; así como una consola de comandos que te da acceso instantáneo a los materiales que necesitas en cualquier momento, entre otras muchísimas ayudas del estilo. Pienso de verdad que tener esa clase de herramientas en mano no resta un ápice de magia al asunto, pero reconozco al mismo tiempo que para entender un producto así, es importante vivirlo a la vieja usanza: fabricando un hacha con palos y piedras, y luego una mesa de trabajo.

El bueno, el feo y el novato

Así que hice eso mismo. Tuve la gran suerte de tener a mi lado a un buen amigo de la redacción cuya cuenta de Steam registra casi mil horas en Valheim (968 en el momento de escribir estas líneas, concretamente) y que tuvo la amabilidad de actualizarme en materia de, por ejemplo, los biomas, eventos y jefes que se han ido añadiendo con el paso del tiempo; en la belleza que hay tras las matemáticas del juego o en por qué cierto 'tras mob' recibe el nombre de Deathsquito, o sea, mosquito de la muerte. Y no te miento cuando te digo que algo dentro de mí hizo clic ahí mismo, con ese monstruo. Entendí mejor el factor equis del título.

Valheim

Por supuesto, aquello no fue tan simple ni directo como llegar y luchar con un puñado de monstruos. Regresé a Valheim de la manera más tradicional posible: había perdido mi antiguo 'save' de 2021, y no me quedó otra que crear un nuevo personaje y volver al bioma de las planicies, el primero de nueve generados de manera procedimental en cada mundo, para construirme una cabaña con la que sobrevivir al frío de la noche; conformándome con bayas para sobrevivir. 

No esperaba tener que decirte que aprecié mucho la presentación del juego durante el proceso—sus gráficos no dejan de ser los de un survival indie, pero Iron Gate te permite elegir si quieres una apariencia pixelada fiel a sus orígenes o algo más suavizado con la estética 3D en mente, que es como juego yo; y las animaciones han recibido un sustancial ejercicio de refinamiento de cara a la versión 1.0. Caminar por el bosque en busca de ramitas del suelo se ve menos ortopédico, lo cual es importante porque Valheim no sería lo mismo sin su fuerte componente de inmersión, pienso.

Entiéndeme: esto no es un simulador realista, eso es evidente. Pero sí hace muchos méritos a la hora de inmiscuirte en su mundo. Su iluminación, por ejemplo, encaja (de manera intencional o no) con el tipo de textura analógica, reverberante y etérea del dream pop; mientras que incluso el tipo de enemigos que encuentras por ahí son igual de psicodélicos también. El más frecuente de ellos es sin duda el Greyling, una pequeña criatura que te acosa correteando torpemente a tu alrededor mientras juzga lo que haces en busca de una oportunidad para atacar con crudeza.

Valheim Sencillo en lo visual, pero tremendamente atmosférico. Valheim es tan contemplativo como grandes exponentes.

Y de alguna manera, sus movimientos erráticos entre los árboles alimentan también a esa atmósfera psicodélica que tiene Valheim; pues cualquiera que tenga cierta experiencia en el género estará acostumbrado de sobra a lidiar con los típicos oponentes controlados por la CPU que suelen salir al principio en esta clase de juegos, pero no muchos de ellos tienen ese encanto tangible que existe en ver una criatura parecida a un gnomo acechándote con un descaro sinvergüenza a unos pocos metros de distancia. 

Seguro que desde fuera parece una exageración, pero estoy plenamente convencido de que Valheim tiene una facilidad única para reconstruir ese momento zen casi terapéutico de estar perdido de verdad en el mundo; sensación que muchos de nosotros no vivimos desde Skyrim (casualmente, también nórdico) en el ya lejano 2011 y que solo puede entenderse en el contexto de una sesión profunda de juego, aislados de la realidad sin prestar atención al reloj o al acoso mordedor de las responsabilidades de la vida adulta.

Apenas había puesto en marcha la vida ermitaña reconstruyendo una pobre choza en medio del bosque, con agujeros que difícilmente resguardarían a nadie de los monstruos que aparecen durante la noche, cuando apareció nuestro héroe Humberto, que te anticipaba más arriba, con capa y todo. Para resguardarse del frío, pero sigue siendo una capa, vaya. 

El pantano es mucho más opresivo que el resto de biomas.

El regreso a Valhein, 5 años después

Sea como fuere, nuestro chico-Valheim me dio la bienvenida en su infinitamente más evolucionado mundo (según él, improvisado para jugar con otro amigo) que contaba con su propio sistema de defensas en forma de barricadas, salas llenas de cofres con toda clase de materiales en perfecto orden; e incluso un trono en la cocina. Que igual suena raro, pero ¿quién soy yo para cuestionar el juicio de un veterano de mil horas? Pues nadie.

En cuestión de pocos minutos, valiéndonos de unos portales convenientemente instalados en el exterior de su choz-digo, castillo, pudimos echar un vistazo rápido a todos los biomas que Iron Gate ha ido añadiendo con el paso del tiempo; salvo el último, que requiere algo más de tiempo y preparación. El pantano me llamó en particular, con su atmósfera claustrofóbica y opresiva, su verticalidad y sus apariciones de Draugr, uno de los cuales me persiguió durante varios minutos mientras nuestro camarada atendía el teléfono. 

Lo hizo hasta llegar a las Llanuras, que se ha convertido en mi bioma favorito. Es sencillo, convincente (es como estar en la carta homónima de Magic: the Gathering) y tiene al mosquito de marras, que se acera hasta tu posición y explota haciendo una gran cantidad de daño. Confié en poder calzarle un parry o rodar a tiempo en cuanto me pusieron en sobre aviso, pero salió mal. Exploté. Mi primera muerte en Valheim, que recuerde al menos, fue por culpa de un mosquito que me drenó la barra de salud entera de un toque. Pero no lo digo molesto.

Valheim

Ser devorado por lobos me dejó claro que Valheim no es solo contemplativo: hay mucho que aprender. Enemigos, eventos y secretos

Aquello se resolvió entre carcajadas, de hecho: es el tipo de recuerdo que uno guarda con cariño mucho tiempo después. Después nos sentamos en una piedra a hablar, hasta que llegó un evento. "Te están dando caza" rezaba la pantalla, e ipso facto mi amigo escribe en el chat una sola palabra en mayúsculas—CORRE. Y corrí, sin saber de qué. Eventualmente, me di media vuelta para ver de qué iba el tema y encontré toda una jauría de lobos persiguiéndome. Levanté el escudo, y no sirvió de nada. Morí al momento, hablamos un poco, y nos fuimos.

Como decía hace unos párrafos, aún falta un poco para leer el análisis de Valheim en 3DJuegos: quiero ver las cosas en profundidad tras años desconectado de su mundo de fantasía. Pero sí parto de la certeza total y absoluta de que este juego tiene el alma y la personalidad propias de esos juegos congelados en el tiempo de los que algunos de tus amigos hablan como una parte importante de sus vidas, y probablemente lo sean de verdad. Hay algo francamente especial, inmortal, en sus gráficos; en la geometría simple e intencional, el tacto creíble y la atmósfera neblinosa que lo envuelve todo. Es acogedor, es inflexible y tiene todo cuanto necesita para darte cosas que hacer durante años.

No sé si leer unas vivencias de una sesión promedio te habrán resultado divertidas o interesantes, pero espero que al menos los curiosos salgan de aquí con la certeza de que Valheim tiene ese tipo de sandbox en el que da gusto perderse, que uno tarda mucho tiempo en aprender, y que se queda contigo.

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