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La Columna de Dayo

GTA San Andreas y la parodia a medias: ¡Qué horror la violencia! Ten un arma

"Los comentarios lo atestiguaban: The Last of Us 2 es puro 'gun porn', y sí, me entra ASMR viendo esas modificaciones."

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Grand Theft Auto: San Andreas

Hace unas semanas vi un vídeo en Twitter donde mostraban el detalle de la recreación en cada arma de The Last of Us 2. Para modificar un fusil, Ellie tiraba del cerrojo para expulsar la última bala en la recámara e insertaba un cargador con una serie de satisfactorios clics. Los comentarios lo atestiguaban: esto es gun porn, y sí, extraigo mi parte de ASMR viendo esas modificaciones. Es metódico y placentero.


Luego, por supuesto, tendrás que usar ese arma para matar a alguien con nombre y apellido, y eso está mal.


Estos días he estado jugando a GTA San Andreas y hay mucho que extraer de ahí. En más de un sentido, el título aún aguanta con firmeza y encuentro nuevas lecturas a un texto que, en su día, ni siquiera quise escuchar. La conducción da asco, eso sí. Y pegar tiros. Para CJ, dar la espalda a tu objetivo mientras disparas al aire es una estrategia válida, y le deseo mucha suerte con sus proyectos, pero hay un detalle en el que no había reparado hasta ahora: el audio de AmmuNation.


Imagen de Grand Theft Auto: San Andreas

GTA ha llamado la atención no sólo por hacer una sátira de EEUU, sino por hacerlo desde fueraLa armería más famosa del videojuego tiene su propia banda sonora. La radio de AmmuNation es distinta a la que suena en el coche, y cada vez que entras puedes escuchar alto y claro lo que ladran desde el megáfono: "¡AmmuNation, protegiendo tus derechos! ¡Dios, sueno como el puto amo en este anuncio!" Es una declaración sostenida de dos minutos y medio sobre lo maravilloso que es tener armas y cómo harán todo lo posible para darte una. El vendedor está igual de cuerdo: "funciona genial con multitudes", dice vendiendo una ametralladora. Tras una buena venta, se despide gritando "¡Se acerca una guerra! ¿Me oyes?" Menuda jaula de grillos.


GTA San Andreas se creía tan por encima de su realidad que acabó cayendo en ellaDesde hace años, GTA ha llamado la atención no sólo por ser una sátira de los EE. UU., sino por hacerlo desde fuera. Lo tenemos tan asociado con su cultura que a veces uno se olvida que Dan y Sam Houser son británicos y los estudios de Rockstar están en Reino Unido, pero tras comprar una pistola con silenciador salgo de la tienda y un grupo de los Ballas descubre que existo y que eso no puede ser. Comienzan a dispararme. Voy a una misión y hay más gente que sobra en el mundo. Comprar un chaleco antibalas antes de salir a ninguna parte acaba convirtiéndose en un rito. Una necesidad.


Cuesta decir hasta qué punto hacen esto adrede, ¿debería asumir que los EE. UU. es una distopía y que, mientras puedas comprar una escopeta en el supermercado, no podré vivir tranquilo? ¿Es CJ cómplice en este ciclo de violencia al aceptar con tanta facilidad que, si te dicen que alguien debe morir, pues se le mata? O quizá sea un videojuego y necesitan poner una excusa para pegar tiros.


Sí. Es posible.


Imagen de Grand Theft Auto: San Andreas

En GTA V al menos el hombre que te atiende no parece un sociópataPero GTA ocurre en un contexto concreto con una intención concreta. Desde su nacimiento lo hemos asociado a la sátira, y esa sátira permea cada elemento del juego. En su intento por parodiar la cultura del arma en los EE. UU., los hermanos Houser acaban validándola, porque por supuesto que se acerca una guerra. En cuanto actives la siguiente misión, alguien va a prender la weá. Y más te vale estar bien armado.


GTA San Andreas cumplirá 16 años este 26 de octubre. Es ancestral, lo entiendo. En GTA V al menos el hombre que te atiende no parece un sociópata sino alguien que se toma muy en serio sus partidas de airsoft. Pero forma parte de un texto que, en su día, recibimos con admiración. Es una muestra del cambio y de las señales que apuntan a las mil maneras que tiene el videojuego de expresarse. GTA San Andreas se creía tan por encima de su realidad que acabó cayendo en ella y todavía hoy seguimos confundiendo la seriedad y la amargura, poner nombres a los enemigos o decir que todo es horrible y mira cuánto dolor para luego excusar una evidente admiración por la violencia. Es una forma de doblepensar que aún dudo si superaremos algún día.


Hasta entonces, debería comprarme otro chaleco antibalas. El último tiroteo me ha dejado sin nada.


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