Wall Street se lleva las manos a la cabeza con el futuro de la IA: ¿apuesta cuántica o burbuja a punto de explotar?

Los caminos de Oracle e IBM reflejan el futuro más terrorífico y esperanzador de la inteligencia artificial

Abelardo González

Editor - Tech

Los análisis en torno a la inteligencia artificial y su futuro están empezando a centrarse en un debate que cada vez genera más división de opiniones: ¿estamos ante una burbuja tecnológica que no podemos controlar? A pesar de la insistencia de las grandes compañías del sector, los inversores de Wall Street han reconocido que tienen reparos a la hora de confiar en la IA, ya que consideran que podrían estar alimentando una industria sin base sólida. Ahora, Oracle e IBM se han convertido en las dos caras de la misma moneda.

Oracle, la compañía detrás de la fortuna multimillonaria de Larry Ellison, se ha convertido en el termómetro perfecto del riesgo de la IA. Tras varias predicciones muy ambiciosas, sus planes a cinco años vista han hecho que el riesgo crediticio de la compañía no pare de crecer. En resumidas cuentas, la compañía tiene tanta confianza en la IA que no tiene reparos a la hora de acumular deuda para financiar centros de datos, pero hay un problema: los inversores comienzan a preguntarse dónde está el límite a la hora de confiar en una tecnología que sigue sin ofrecer resultados a la altura de las expectativas.

IBM, por su parte, aparece en el extremo opuesto de Oracle. Arvind Krishna, director ejecutivo de la compañía, no solo ha insistido en que no existe una burbuja, sino que ha ido un paso más allá. En línea con otras grandes figuras del sector que defienden que la inteligencia artificial es el futuro del sector, Krishna señala que la IA generativa es una mejora de coste y escala frente al "anticuado" deep learning. Por ello, asegura que el retorno llegará en el mundo empresarial, un sector que quedará marcado en los próximos años por la evolución de la IA.

Las dos caras de la moneda

La situación de Oracle es un poco más crítica de lo que muchos creen. En la actualidad, amontona varios paquetes financieros que no ponen en jaque su futuro por la dimensión de la compañía, pero sí demuestran una confianza (y dependencia) excesiva del futuro de la IA: 15.500 millones de euros en bonos, otros 15.500 millones de euros en financiación de un proyecto para Nuevo México y cerca de 32.700 millones de euros en préstamos ligados a centros de datos en Texas y Wisconsin. Hablamos, por tanto, de más de 60.000 millones de euros que multiplican el riesgo de ejecución.

Krishna, a diferencia de la ambición de Oracle, ha considerado que lo importante es mantener la cautela para analizar el futuro del mercado. Así, tras hacer un análisis de la situación actual, señala que llenar un centro de datos de 1 gigavatio ronda los 69.000 millones de euros. Por ello, las promesas de 20-30 gigavatios implicarían cifras que superarían el billón de euros, pero esto no es todo: habría que amortizar dicha inversión en apenas cinco años.

De esta forma, mientras Oracle sufre porque tanto los bancos como los inversores empiezan a utilizar diferentes salidas para intentar cubrirse las espaldas en caso de colapso de la industria, Krishna se muestra analítico con la situación actual del mercado. Así, el director ejecutivo de IBM lanzó una advertencia y señaló que, aún con una inversión potencial global de 7 billones de euros, sigue siendo matemáticamente imposible que todos los proyectos obtengan el retorno suficiente.

Esto, como era de esperar, ha puesto el foco sobre Oracle, ya que el índice de grado de inversión y sus bonos rinden peor que la media. A grandes rasgos, esto demuestra que los inversores ya exigen una prima adicional para financiar su apuesta por la nube de IA. IBM, por su parte, está buscando la forma de jugar a otro juego: centralización de IA en casos de uso B2B, modular y alejados del consumo masivo. Si lo consigue, podría justificar el coste actual con la promesa de una futura ola de aplicaciones empresariales y agentes que automaticen procesos críticos.

El futuro de la carrera por dominar la IA

De esta forma, Krishna se desentiende de la carrera por modelos gigantes y usuarios finales, ya que cree que la clave del éxito de IBM reside en una combinación de IA y computación cuántica. Según sus estimaciones, si alcanzan la escala útil serían capaces de desbloquear entre 340.000 y 600.000 millones de euros anuales de valor económico.

En ambos relatos, tanto en la visión de Oracle como en la de IBM, queda patente que la deuda aparece como el eslabón más frágil. Así, mientras en la primera sirve como recordatorio de las consecuencias de los riesgos de impago, en la segunda se ve como una advertencia sensata, ya que Krishna afirma que una parte del capital prestado a la IA jamás recuperará su inversión. De hecho, es aún más escéptico que la media al considerar que no será posible ni con el triunfo de la tecnología.

En el trasfondo, la realidad de ambas empresas apunta a la misma paradoja: la IA se ha presentado como la gran palanca de productividad del futuro, pero su despliegue inicial depende de asumir niveles de volatilidad, concentración de poder y movimientos financieros que recuerdan a otras burbujas anteriores. Hoy, aunque todo lo relacionado con la IA destaca por las promesas y la ambición del futuro, sigue sin llegar a un puerto en el que podamos ver la realidad de dichas palabras y el retorno de la apuesta económica más ambiciosa de la historia.

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