El primer volumen de la quinta temporada de Stranger Things ya está disponible en Netflix. Desde hace unos días, los espectadores pueden ver los cuatro primeros episodios de la última temporada, un pequeño atracón que les preparará para el final de uno de los fenómenos más grandes de la última década. Por ello, mientras los hermanos Duffer buscan la forma de estar a la altura de las expectativas, hemos querido responder a la pregunta del millón: si existiera el Upside Down (o El mundo del revés), ¿cuánto costaría llegar a él?
En la serie de Netflix, existen varias formas de cruzar entre mundos, siendo la más "sencilla" (por su escaso valor económico) aprovechar una de las grietas que crean los Demogorgon. Si nos vamos al otro lado de la balanza, es posible abrir un portal con una máquina que consume muchísima energía, pero esa misma condición es su principal desventaja. En la vida real, lo más parecido serían aceleradores de partículas como, por ejemplo, el LHC del CERN.
Los principales fallos de Stranger Things
El Gran Colisionador de Hadrones, uno de los puntos de partida que podríamos utilizar para medir el alcance de este experimento, costó cerca de 4.600 millones de euros solo en su construcción. A esto, también habría que sumarle las décadas de investigación previa y, a su vez, todas las mejoras posteriores que se han ido introduciendo a medida que avanza la tecnología. Hablamos, por tanto, de una cifra que quita el aliento solo para la construcción de una máquina única en el mundo.
Si fuera posible, un portal estable que permita cruzar entre mundos necesitaría mucha más energía que las del HLC. Así, esto daría pie a instalaciones kilométricas con presupuestos estatales o nacionales, no de un pequeño laboratorio secreto de pueblo tal y como se ve en la serie. Solo en facturas eléctricas, el Gran Colisionador de Hadrones exige una inversión de decenas de millones de euros al año. Un "abre-portales" permanente, siendo aún más potente, podría requerir cientos de millones de euros en consumo energético continuado.
Sorprendentemente, existe cierto paralelismo entre lo que se refleja en la serie y la realidad (salvando las distancias, claro está). En la base de operaciones rusa, estos pudieron crear un portal que combinaba campos magnéticos extremos con energías enfocadas en un punto. Hoy, utilizamos imanes superconductores similares en aceleradores, pero también se emplean en investigaciones de fusión nuclear. Sin embargo, la construcción de estos imanes superconductores gigantes necesita materiales exóticos (niobio-titanio, niobio-estaño o criogenia de helio líquido) que elevan muchísimo el presupuesto.
A su vez, también hay que hacer hincapié en la seguridad del aparato y, por ende, el encarecimiento que provoca esta: blindaje de hormigón, controles sísmicos, sistemas anti radiación y medidas para evitar fugas de partículas o campos. Así, los portales que aparecen en Stranger Things se convierten en un manual de cómo no hacer las cosas, ya que la realidad difiere mucho de lo que se ve en Netflix: no se podría abrir un portal dentro de un edificio, sino que necesitarías túneles subterráneos, centros de datos enormes y líneas eléctricas dedicadas.
El coste real de cruzar al Upside Down
Con todo lo expuesto, la precisión de alineado y control tendría que ser milimétrica. El LHC utiliza miles de sensores y sistemas de posicionamiento ultra precisos, dado que cualquier desviación podría destruir la máquina. Más allá de ello, también surge un debate ético en torno al uso de un portal así: si fuera posible, ¿deberíamos abrir una fisura a otro mundo con fauna hostil? Mucho antes de que se realizara el primer experimento, lo más probable es que los comités de seguridad evitarían la realización del mismo.
Así, si tuviéramos que pensar en un presupuesto, un proyecto relacionado con los portales de Stranger Things necesitaría mucho más dinero que el LHC. Hablamos, por tanto, de varias decenas de miles de millones de euros. A su vez, también harían falta superordenadores para controlar la maquinaría en tiempo real, pero tendría que ser una versión avanzada de la tecnología que se utiliza en los centros de datos gigantes para procesar información tanto del LHC como de telescopios espaciales.
Por si esto no fuera suficiente, existe un coste invisible que no se puede pasar por alto: personal altamente cualificado durante décadas. Así, miles de físicos, ingenieros, técnicos y personal de mantenimiento no solo recibirían salarios de numerosos países, sino que también tendrían que coordinarse para sacar adelante un proyecto con impacto internacional. Además, a diferencia de lo que se ve en la serie, el portal no se abriría con "fuerza bruta", sino que se apostaría por buscar numerosos atajos.
Así, esto nos llevaría a intentar manipular el espacio-tiempo o sacar un mayor partido a la materia exótica para reducir tanto el tamaño como el coste. Por ello, en línea con un sable láser real de Star Wars, hoy (y siempre, hablando rápido y mal) abrir un portal al mundo del revés sería un experimento técnicamente inalcanzable. De hecho, estaría más cerca de ser un programa espacial interdimensional que un proyecto secreto de laboratorio, un aspecto similar a lo que sucedería si creamos una versión real del traje de Dune.
Imagen principal de Netflix
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