Durante años, las cámaras de seguridad se vendieron como un pequeño gesto de tranquilidad que te permitía controlar tu portal, tu garaje o tu tienda. Sin embargo, en 2026 esa promesa ha acabado teniendo un reverso mucho más inquietante: lo que antes servía para vigilar paquetes, coches mal aparcados o las persianas de tu negocio, ahora ofrecen ojos baratos, discretos y repartidos por todas partes para seguir una guerra casi en tiempo real.
Check Point Research acaba de documentar un repunte de intentos de intrusión contra cámaras IP en Israel y varios países del Golfo desde el arranque de las hostilidades de finales de febrero. Según sus datos, sostienen que ese acceso encaja con tareas de reconocimiento y evaluación de daños tras ataques, pero la idea impresiona porque ya no suena a ciencia ficción.
Otros medios como WIRED apuntan a que los intentos detectados se apoyaban en fallos antiguos (ya corregidos, por cierto) en cámaras de Hikvision y Dahua: vulnerabilidades conocidas, dispositivos sin actualizar y contraseñas que nadie cambió a tiempo. Esto implica que no hizo falta una operación imposible ni una tecnología secreta, bastó con aprovechar la costumbre tan humana de instalar un aparato y olvidarse de él.
Nosotros somos la puerta de entrada
Muchas veces un agente malintencionado no necesita un malware sofisticado, sino una cámara conectada a internet que lleva años funcionando sola, sin revisión y sin mantenimiento. Por desgracia, el problema ya no se limita a un solo frente, ya que Associated Press contaba en marzo que Israel convirtió la propia infraestructura de videovigilancia iraní en una herramienta de localización. De esta forma, aunque los expertos llevaban años advirtiendo de que esas redes podían acabar militarizándose, esto no impidió que sucediera.
Además, este mismo medio añade un dato que quita el hipo: una búsqueda de cámaras expuestas devolvió este año cerca de tres millones de resultados en todo el mundo y casi 2.000 de ellos fueron localizados en Irán. De google y porrazo, la cámara de tráfico o la del escaparate deja de parecer un objeto cotidiano, ya que pasa a ser una ventana abierta a calles, rutinas, convoyes impactos y, por encima de todo, movimientos bélicos.
Esto hace que no solo trate sobre Israel, Irán o Ucrania, sino de la forma en que la guerra moderna se cuela en la tecnología más cotidiana. Ya no basta con pensar en satélites, drones o sistemas militares carísimos, también cuentan esos dispositivos baratos que se instalaron para "estar más seguros". De hecho, una alerta conjunta de CISA, FBI y NSA ya describió en 2024 cómo actores rusos explotaban cámaras IP con credenciales por defecto y fallos conocidos para extraer imágenes y datos. En una guerra conectada, cualquier cámara mal protegida acaba siendo un espía.
Imagen principal de Alan J. Hendry (Unsplash)
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