En una lectura derrotista, tanto si su plan sale bien como si sale mal, los trabajadores pagarán los platos rotos
Nvidia ha hecho historia tras alcanzar una capitalización que roza los 5 billones de euros, todo ello tras anunciar pedidos de chips por 465.000 millones de euros hasta 2026. Para muchos, esta noticia prueba que la inteligencia artificial es el futuro de la humanidad y, por ello, el valor de compañías como Nvidia, Microsoft o Google no deja de crecer. Sin embargo, algunos expertos empiezan a poner el foco sobre otra posibilidad: una burbuja a punto de explotar que se sostiene sobre promesas que nunca llegarán a cumplirse.
La IA podría llevarnos a una crisis sin precedentes
El plan de Nvidia se estructura en torno al envío de 20 millones de chips Blackwell/Rubin, 5 veces más que los 4 millones de Hopper que ha enviado durante toda su vida útil. Así, si la inversión en centro de datos se enfría, esto podría provocar que el "superciclo de la IA" se revierta de forma brusca, pero el análisis derrotista no termina aquí.
Desde 2022, la multiplicación por 12 de la apreciación bursátil revela que las expectativas del sector tecnológico se cimentan en torno a la productividad futura, una situación que entraña un riesgo. Si, ojalá no sea así, los retornos tangibles no se producen y la expectativa sigue cayendo, las promesas de capacidad afectarán a los flujos de cajas reales. Por tanto, la dependencia recíproca que existe entre Nvidia y las Big Tech puede dar pie a una rueda financiera que nos lleve a una crisis sin precedentes.
Mientras las grandes financian capacidad que justifica valoraciones, muchas no son capaces de garantizar unos números que, una vez más, son los que dan sentido al aumento de la capitalización. Hablamos, por tanto, de empresas gigantes en un mercado que exige beneficios inmediatos sin la capacidad de hacer realidad sus promesas. Así, esto podría provocar que el engranaje se atasque y los precios se recalibren de forma agresiva.
En estos momentos, los contratos y las alianzas de Nvidia con sectores como robotaxis, farmacéuticas, ciberseguridad o telecomunicaciones consiguen diversificar la narrativa de la compañía. Por desgracia, a grandes rasgos sigue orbitando sobre la misma premisa, ya que asegura que la inteligencia artificial escalará rápido en usos rentables fuera de la prueba de concepto, pero la realidad refleja justo lo contrario.
El futuro de Nvidia pende de un hilo
Al mismo tiempo que Nvidia firma alianzas basadas en promesas que podría no cumplir, la narrativa estadounidense se mantiene firme: debemos hacer que Estados Unidos siga creciendo. El problema, más allá de todo lo comentado, es que los cambios regulatorios o presupuestarios podrían llegar a alterar subvenciones, compras públicas o cronogramas de superordenadores. Ello, sumado a la exclusión de China del mercado, pone en peligro la supervivencia de los planes de compañías como Nvidia.
Desde hace años, China trabaja en lograr la independencia tecnológica y, al menos por el momento, no ha cosechado buenos frutos. No obstante, si la sustitución local avanza o se endurecen los controles, la reducción del volumen de las operaciones podría llegar a plantear un escenario trágico para los norteamericanos. De hecho, un análisis de la situación basado en todo lo que hemos expuesto deja dos vías posibles (y ninguna es positiva):
- Si la apuesta de Nvidia sale bien, la IA mejora la productividad, concentra el dinero en las conexiones entre compañías y acelera la automatización. Por desgracia, esto tendría costes sociales que darían pie al desplazamiento laboral, ya que la historia reciente ha demostrado que los directivos prefieren cobrar más antes que repartir la riqueza.
- Si la apuesta de Nvidia sale mal, el retorno insuficiente de la inversión dará pie a ajustes de plantillas, recortes de gasto y, a la postre, la reducción del mercado laboral cualificado como consecuencia directa de los ajustes empresariales.
De esta forma, tanto si sale bien como si sale mal, lo más probable es que estemos entrando en una nueva era laboral que sacrificará muchos trabajos. Por desgracia, la concentración en una cadena de suministro compleja solo complica las cosas, ya que cualquier cuello de botella o problema de stock podría llegar a erosionar márgenes, retrasar entregas y, a la postre, volatilizar las expectativas. Suceda lo que suceda, el futuro laboral de millones de personas depende de las promesas de Nvidia.
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En 3DJuegos | Nvidia quiere revolucionar la industria de la IA. El problema es que necesita la energía de 10 reactores nucleares
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