Si te paras a pensarlo, es fascinante que algo se esté fabricando en China, se venda por 50 céntimos de euro en Temu, Shein o AliExpress, y realmente haya un negocio rentable detrás de todo ello. Parece que salga más caro enviarlo y venderlo que crearlo y, en cierto sentido, la Unión Europea se ha lanzado de cabeza a darle sentido.
Desde el pasado 1 de noviembre, la Unión Europea suma una nueva tasa de 2 euros a los productos que llegan desde fuera de sus fronteras, que se suma a los otros 3 euros en aranceles que ya se cobraban desde julio para cualquier categoría de productos en envíos inferiores a 150 euros. ¿Quiere decir eso que si compras algo a 50 céntimos en Temu, Shein o AliExpress, ahora te sale por 5,50? No exactamente.
Por qué Europa quiere acabar con las compras baratas de China
La clave está en esa citada categoría de productos. Si compras cinco camisetas, ese producto es de la misma categoría. Si añades algo completamente distinto, como esas consolas portátiles en las que prometen jugar a 4K y 120 fps hasta la PlayStation 17, sumas una nueva categoría y los aranceles vuelven a aparecer.
Para entender a qué viene tanto arancel hay que remontarse a 2024, cuando a Europa se le fue completamente de las manos la llegada de productos extranjeros con 4.600 millones de paquetes de menos de 150 euros, el 91% procedentes de China. Además de competencia desleal, la Unión Europea ve en todo este movimiento un incremento en el trabajo de las aduanas que alguien tiene que pagar.
La idea es que plataformas y vendedores se ocupen de ese cargo y, en última instancia, que terminen trasladando sus productos a almacenes de aquí para que la Unión Europea gane en puestos de trabajo o inversión local, pero como ya habrás imaginado, incluso aunque sean productos ridículamente baratos, el problema siempre termina salpicándonos a nosotros.
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