Si te gusta el cine, conocerás la cara de Paul Newman tanto de la etiqueta de un bote de aliño que de peliculones tan importantes como El golpe (The Sting). Son dos cosas dicen mucho de él. En 1997, según contaba esta semana un reportaje de OKDiario, Newman y Joanne Woodward cedieron a Westport unas tres hectáreas junto a su casa para que no acabaran urbanizadas. Newman murió en 2008 sin ver la reserva forestal terminada, y fue Woodward quien pidió al ayuntamiento que esa parcela y la de su vecina Lillian Poses, que había trabajado en el New Deal de Roosevelt, quedaran protegidas para siempre. Hoy son casi 16 hectáreas de bosque cruzadas por el río Aspetuck, donde al actor le gustaba bañarse incluso en invierno.
El aliño era lo de menos en el negocio de Newman
En 1982 fundó Newman's Own con el escritor A.E. Hotchner y una condición que entonces sonaba a locura: todos los beneficios irían a causas benéficas. Lleva más de cuatro décadas vendiendo salsas en los supermercados de Estados Unidos y, según la propia fundación, ha repartido más de 600 millones de dólares.
Seis años después creó The Hole in the Wall Gang Camp, un campamento gratuito para niños con enfermedades graves bautizado como los forajidos de Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid), un detalle muy de Newman.
Imagen de Quinteto
El Newman de ciencia ficción existe, aunque casi nadie se acuerde
Pero lo que de verdad me apetecía contaros hoy son sus títulos más peculiares, los de un actor al que nadie asocia con la ciencia ficción ni con la acción. ¿Quién se espera al tipo de los ojos azules perdido en una edad de hielo? Ahí está Quinteto (Quintet, 1979), de Robert Altman, donde los últimos supervivientes de la humanidad, que ya no tienen hijos, matan el tiempo con un juego de mesa que acaba en asesinatos reales. La crítica la despellejó, aunque tiene su pequeño club de defensores y yo os la recomiendo como curiosidad. La tenéis en Filmin.
Antes, Hitchcock le había convertido en un físico que finge desertar a la Alemania del Este en Cortina rasgada (Torn Curtain, 1966), aunque luego lamentó la falta de química con Julie Andrews, ambos impuestos por Universal. En 1989 volvió al átomo con Creadores de sombras (Fat Man and Little Boy), de Roland Joffé, aunque ojo, ahí es el general Leslie Groves, el militar al frente del Proyecto Manhattan. Los jugadores de Fallout reconocerán el nombre, porque el lanzador de minibombas nucleares de la saga se llama Fat Man por la bomba de Nagasaki.
Imagen de El Coloso en Llamas
En El coloso en llamas (The Towering Inferno, 1974) es el arquitecto del rascacielos que arde en plena inauguración, codo con codo con el tremendo Steve McQueen, una peli de acción siempre recomendable. Y Camino a la perdición (Road to Perdition, 2002), de Sam Mendes, le valió una nominación al Oscar como el mafioso John Rooney, adaptando la novela gráfica que Max Allan Collins y Richard Piers Rayner publicaron en DC. Newman no solo interpretaba seductores y cowboys. Lo confieso, me hace gracia que el mismo tipo que sobrevivió a una edad de hielo en una peli que casi nadie recuerda dejara, en la vida real, un bosque para que lo disfrutara todo el mundo.
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