Hay películas bélicas que recordamos por su crudeza y espectacularidad. Quiero decir, todos los que la hayamos visto tenemos grabado en la retina el desembarco de Normandía de Salvar al soldado Ryan, e incluso la bestialidad con la que Mel Gibson retrató el frente oriental en Hasta el último hombre. Sin embargo, el cine bélico también puede servir para el drama y la pesadumbre, para darle un giro de tuerca a lo que espera el espectador y hacerle vivir la historia de los perdedores, y eso mismo hizo Clint Eastwood con Cartas desde Iwo Jima. El maestro estadounidense solo tiene cuatro películas de corte bélico, pero esta es la más singular de todas ellas, al dejarnos vivir la batalla de Iwo Jima desde la perspectiva japonesa en una de las mejores y más duras cintas del género que puedes ver en streaming en Netflix, pero solo esta semana.
Según ha confirmado la gigante del streaming, Cartas desde Iwo Jima estará disponible en su catálogo, tanto en su versión con anuncios como en la que no los tiene, hasta el próximo 19 de octubre. Una vez pasada esta fecha, la única forma de verla será a través de su alquiler digital o compra en Prime Video o Apple TV.
Una película rodada casi íntegramente en japonés
Hablando de la película en sí, Cartas desde Iwo Jima llegó en 2006 como un díptico junto a Banderas de nuestros padres; es decir, dos películas que, si bien se pueden consumir de forma independiente, no pueden entenderse de forma aislada. En este caso, por un motivo lógico: ambas tratan el mismo hecho, la batalla de Iwo Jima, librada entre febrero y marzo de 1945, aunque desde perspectivas diferentes, tanto desde el punto de vista estadounidense como desde el japonés. En el caso de Banderas de nuestros padres, eso sí, Eastwood reservó parte del metraje para retratar la vuelta a casa de los soldados norteamericanos tras la guerra.
Pero, volviendo a la cinta que nos atañe, la batalla de Iwo Jima está considerada uno de los enfrentamientos más sangrientos de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico. La defensa nipona estuvo encabezada por el general Tadamichi Kuribayashi, interpretado por Ken Watanabe, que organizó una resistencia basada en una extensa red de túneles y posiciones subterráneas que permitió al Imperio japonés aguantar una ofensiva de 36 días de combate. Sin embargo, en su búsqueda por retratar al individuo y alejarse de la visión simplista del conflicto, la de "buenos contra malos", Eastwood aportó una visión única al mostrar el día a día de los soldados japoneses, pero también sus dudas, su lucha por el honor frente al desánimo y el coste humano de una batalla en la que murieron alrededor de 20.703 soldados japoneses.
De hecho, otra particularidad, y la más interesante a juicio de muchos, es que Eastwood llegó a una conclusión: si iba a mostrar la perspectiva japonesa de este hecho histórico, debía ser fiel a los hechos. Así, rodó casi por completo Cartas desde Iwo Jima en japonés, pese a ser una producción estadounidense, basándose en cartas y testimonios relacionados con los militares que defendieron la isla.
Curiosamente, la película apenas se rodó en la Iwo Jima real. La producción necesitó un permiso especial del Gobierno Metropolitano de Tokio para rodar en la isla, pues allí se encuentran los restos de más de 10.000 soldados japoneses desaparecidos durante el conflicto. De hecho, el acceso a la zona está restringido y se limita, entre otros casos, a quienes asisten a ceremonias conmemorativas en honor a los marines estadounidenses y los soldados japoneses, por lo que no fue fácil llevar el equipo a Iwo Jima. El resto de la película se rodó en California, mientras que las escenas de la batalla en la playa se grabaron en Islandia.
Y así, Eastwood consiguió una de las películas bélicas más laureadas de la primera década del milenio, en un Hollywood que parecía haberse acostumbrado a la guerra épica y vistosa. Gracias a este enfoque, Cartas desde Iwo Jima consiguió cuatro nominaciones a los Óscar, entre ellas las de mejor película y mejor dirección, aunque solo ganó el premio al mejor montaje de sonido. También se llevó el Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa y fue elegida mejor película de 2006 por la National Board of Review y la Asociación de Críticos de Cine de Los Ángeles.
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