Durante el último tráiler de La Odisea liberado hace unos días pudimos ver, aunque solo por un instante, a Argos, el perro de Ulises / Odiseo, una figura en la que quizá muchos no reparamos al principio, pero que posee un peso discreto y hasta cierto punto decisivo en la historia, uno que Christopher Nolan ya ha prometido no eliminar bajo ningún concepto. Es más, el director de Interstellar y El Caballero Oscuro ha afirmado en una reciente entrevista que uno de los motivos por los que quiso rodar esta ambiciosa película es, precisamente, él.
"[Argos] tiene uno de los mejores momentos de la historia. Realmente es una de las cosas que me enganchó", introduce el cineasta al responder a una pregunta en The Late Show with Stephen Colbert. "Nunca tuve un perro mientras crecía… no tuve un perro cuando mis hijos eran pequeños, se los negamos. Y tan pronto como se fueron a la universidad, nos conseguimos uno. (…) Y… decidí hacer La Odisea porque es la historia de perros definitiva. Es la historia de perros definitiva", quiso recalcar Nolan para, quizás, sorpresa de más de uno.
Es evidente que La Odisea es mucho más que la historia de un perro —¡si Argos apenas protagoniza unas líneas en toda la epopeya!—, pero Christopher Nolan tampoco exagera con su afirmación. En realidad, tiene bastante razón en lo que señala. La presencia de Argos, aunque breve, concentra una enorme carga simbólica de su historia, uno para el que quizás tenemos que lanzar una advertencia de spoilers, ¡aunque dudo que no hayas visto a día de hoy algunas de las muchas versiones que el poema épico tiene! Pero avisados quedáis.
Qué es lo que pasa con Argos en La Odisea
Os lo refresco: hacia el final de La Odisea, cuando Ulises por fin regresa a Ítaca disfrazado de mendigo para no ser reconocido, ocurre una de las escenas más conmovedoras del relato. Ni su esposa, ni su hijo, ni sus antiguos compañeros lo identifican a la primera. El único que lo reconoce al instante es su perro, Argos. Viejo, abandonado sobre un montón de estiércol, cubierto de pulgas y apenas capaz de moverse, Argos levanta las orejas, agita la cola y fija la mirada en su amo. Y ahí, sin necesidad de muchas palabras, Homero condensa toda una vida de lealtad. No diremos más de este pasaje, pero merece la pena leerlo.
Se puede decir que Homero logra capturar en ese instante algo que cualquier persona que haya querido a un animal reconoce inmediatamente: la fidelidad sin condiciones, sin rencor por el abandono, sin necesidad de explicaciones. Es algo que Nolan, posiblemente, haya vivido en primera persona cuando llega a casa después de algún largo viaje y descubre a su cánido amigo deseoso de verlo de vuelta, sin reprocharle lo más mínimo. Confiemos en que su película haga justicia a ese momento. Lo veremos este próximo 17 de julio si no hay retrasos.
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