No todos los años se puede decir que Christopher Nolan estrena película, pero el londinense busca llevar La Odisea a lo más alto de la tabla de recaudaciones de 2026 y, más importante aún, de la lista de nominaciones de los Óscar 2027. Sin embargo, y aunque aún restan semanas para su estreno, los adelantos que hemos visto hasta ahora han dividido a los espectadores e incluso a sus propios fans: algunos defienden su acercamiento realista, otros lo rechazan. Pero lo más importante de todo está en lo que aún no hemos podido ver: su narrativa. Y es que aunque no es una adaptación del clásico, La Odisea de Emily Wilson, una traducción, reedición y reconstrucción moderna, es la que mejor encaja con la visión de Nolan; y, como alguien que la ha leído, esto es lo que debes saber de los cambios que la académica y traductora inglesa aplicó.
Ya de primeras, tras ver el segundo tráiler de la película —que, recordemos, llegará el próximo 17 de julio de 2026—, se aprecian ciertos cambios con respecto a la obra original, alejados del cine épico tradicional, por lo que no es casualidad que en Nolan veamos a Wilson. Hablamos de una reconstrucción cruda, técnica y emocionalmente más honesta que sus traducciones románticas de la que Nolan ha bebido, pero sin hacer cambios estructurales. En ambos casos, la historia narra el viaje de Odiseo, rey de Ítaca, quien, tras más de diez años en la guerra de Troya, vaga otra década de vuelta a su hogar, mientras en su casa su esposa Penélope y su hijo Telémaco resisten el acoso de decenas de pretendientes que saquean sus bienes para usurpar el trono. Sin embargo, aunque sean iguales, el mensaje no es el mismo.
Para la autora, Odiseo no es astuto, es un superviviente
En su afán por deconstruir a Odiseo —algo que Nolan ya hizo hace 20 años con Batman Begins y su trilogía de El Caballero Oscuro—, el primer gran cambio es la definición misma del propio Odiseo. La primera palabra de la Odisea, que marca el centro de toda la epopeya de Homero, es ándra (hombre), seguida de polutropos, que se ha traducido como "hombre astuto" —la adaptación de la obra a diferentes idiomas presenta distintas primeras palabras, sobre todo por necesidades lingüísticas y gramaticales—. No obstante, mientras la versión original y sus traducciones clásicas nos hablan de Odiseo como alguien astuto, Wilson hace suya la lectura del texto original y cambia este adjetivo por "complicated man" (hombre complicado), cambiando por completo la psicología del personaje.
La obra de Wilson comienza con "Háblame de un hombre complicado", buscando darle espacio a su duplicidad, su astucia y sufrimiento, sus andanzas, lo que hace y lo que sufre en su viaje a casa, acercándolo más al ideal del héroe clásico y no su contraparte romántica. Para la autora, muchas traducciones clásicas de la Odisea se dejaron llevar por un punto de vista que no parecía casar con lo que buscaba Homero, mientras que Wilson busca "sacar a relucir estos múltiples puntos de vista diferentes" para Odiseo, convirtiéndolo en un personaje más poliédrico. Y aunque Wilson no transforma la historia central, su traducción está hecha para incitar en el lector la idea de un personaje que se mueve entre grises: un héroe que miente, que duda y cuya mayor habilidad no es la fuerza, sino la capacidad de sobrevivir a costa de lo que sea.
Lejos de esto, es fácil entender por qué La Odisea de 2017 encaja en su visión, porque el británico es amante del tiempo. La narrativa de Nolan siempre ha estado obsesionada con el tiempo y su impacto en la historia —prueba de ello es la narrativa fragmentada y a destiempo de Dunkerque o los viajes en el tiempo de Tenet—, y aquí es donde la estructura de Wilson mejor se asemeja a sus necesidades. La traductora mantuvo una métrica estricta, convirtiendo la Odisea en un poema rígido y de urgencia, algo que hila con su origen oral, pero que muchos autores dejaron de lado para tratar de construir mejor la narración ambiental. Y Nolan parece estar en su salsa con un no parar de sensaciones y tensión dramática en su segundo tráiler que anticipan un montaje frenético que no se detiene en descripciones secundarias.
La Odisea de Wilson no es feminista, busca una perspectiva realista de un clásico
Uno de los puntos más valientes de la versión de Wilson es el tratamiento de la esclavitud y la presencia femenina. La autora inglesa ha sido muy vocal sobre cómo los traductores masculinos durante siglos ocultaron la realidad de los personajes sirvientes llamándolos "doncellas" o "mozas". "Me deja un poco atónita… cuánto esfuerzo durante años se ha dedicado a hacer invisible la esclavitud", citó Wilson en Vox. "El proyecto de Wilson es básicamente progresista: raspar todos los siglos de acumulación verbal e ideológica: el cristianismo (Homero precede al cristianismo), la nostalgia, el sexismo añadido y los eufemismos victorianos, para dar a luz algo fresco", añadió Annalisa Quinn a NPR sobre la traducción de la autora.
Y lo curioso es que la obra de Wilson, aunque contemporánea en publicación pero no en escritura, llegó en un momento importante para la industria del cine estadounidense: el movimiento #MeToo en 2017. En este caso, su sensibilidad como mujer y académica, y el lanzamiento de esta traducción ese mismo año, dejan claro que hablamos de un cambio de calado. Así, Wilson destaca en sus notas que Penélope no es solo una "esposa paciente", sino una mujer que utiliza su propia astucia para sobrevivir en un entorno rodeado de depredadores. Por lo que es razonable pensar que Nolan ha trabajado este aspecto para que la lucha en el palacio tenga tanto peso emocional y estratégico como las tormentas en el Mediterráneo.
Pero no es la única mujer del relato que ha visto cambios, y no solo hablamos de nombres como Circe o Calipso. Uno de los puntos más polémicos de la autora es cómo traduce el trato a las esclavas (dmōiai). En el canto 22, cuando Telémaco las mata, las versiones posteriores usaban palabras como "rameras" o "prostitutas". Ella elimina esos insultos porque, siendo realistas, no hay evidencia de que formen parte del vocabulario griego original. De hecho, en la obra de Homero se las describe como "mujeres sin honor". Al quitar el insulto, Wilson enfatiza su condición de víctimas de una estructura de poder. Eran esclavas que habían sufrido abusos por parte de los pretendientes y luego fueron ejecutadas por "traición" por el hijo de la máxima autoridad en Ítaca. Wilson las trata con la dignidad de las víctimas, algo muy propio del análisis crítico actual de las obras clásicas.
"A menudo me preguntan si mi traducción es 'feminista'. Mi respuesta es que no lo es, al menos no en el sentido de que intente insertar ideología moderna en el texto antiguo. Sin embargo, lo que sí hace es tratar de ver a todos los personajes, incluidos los femeninos, como sujetos con su propia lógica interna, en lugar de meros arquetipos o accesorios del héroe".
Los dioses son relevantes, pero no bajo el prisma clásico
Otro cambio con respecto a la épica clásica es la presencia de los dioses. La representación divina en las adaptaciones de Homero ha sido dispar. En Troya de Wolfgang Petersen o en Ulises (1954), los dioses son meros espectadores sin voz ni poder frente a una historia humana, mientras que en la adaptación de la Ilíada de Netflix o The Odyssey de la NBC, su presencia es relevante y central en la trama. Wilson y, por ende, Nolan, se aleja del clásico de Homero y sus dioses dejan de ser señores en tronos en las nubes. La autora los describe como fuerzas de la naturaleza caprichosas y aterradoras. A diferencia de las traducciones clásicas que los dotaban de una moralidad muy clara, Wilson los retrata como una aristocracia cósmica obsesionada con su propio estatus y honor, donde Poseidón no castiga a Odiseo por ser "malo", sino por insultar su poder, y Atenea no lo ayuda por bondad, sino por una fascinación intelectual hacia un mortal que domina el engaño tanto como ella.
Quizá el ejemplo más fácil de cómo el realismo de Nolan minimiza los demás sean los lestrigones
De ahí esa visión más realista, artesanal y ajena a cualquier floritura visual por parte de Nolan que cuaja con la deconstrucción de Wilson, pues la idea central de esta autora es transformar la intervención divina en una realidad física. Una decisión que, como citó el compañero Chema Mansilla, podría dar una dimensión mucho más peligrosa y tangible a la amenaza que acecha en Ítaca. Incluso en su traducción, la relación entre Atenea y Odiseo es una conexión entre dos seres que comparten una misma naturaleza: la capacidad de mentir y manipular. Aunque quizá la obsesión de Nolan por el realismo pase factura a la estética clásica donde la Troya de Petersen gana por goleada con un diseño micénico mucho más acertado mientras el británico aquí sí se deja llevar por la sobriedad post-moderna. A su favor que la narración de ella elimina la justicia divina, lo que hace que la supervivencia del protagonista se sienta mucho más meritoria, algo que Nolan podrá usar para reforzar esa conexión dramática con el espectador.
Y, llegado al final, qué mejor que hablar del final de la obra (perdonadme la redundancia), una de las secuencias más violentas, polémicas y cargadas de significado de toda la literatura universal. La historia culmina con el famoso concurso del arco. Penélope, en un último alarde de astucia, propone que se casará con aquel que sea capaz de tensar el enorme arco de Odiseo y disparar una flecha a través del ojo de doce hachas alineadas. Ninguno de los pretendientes, debilitados por años de banquetes y ocio, logra siquiera doblar el arma. Pero una vez que Odiseo revela su identidad disparando la flecha, comienza lo que se llamó "Mnesterofonía" o matanza de los pretendientes.
Junto a su hijo Telémaco y dos criados fieles, Odiseo cierra las puertas del salón, convirtiéndolo en una ratonera. Lo que sigue no es un duelo de caballeros, sino una ejecución sistemática. Wilson no suaviza el lenguaje y es de esperar que Nolan haga lo propio: "Entonces las colgaron con una cuerda… para que su muerte fuera lo más lastimera posible. Pataleaban durante un breve momento, pero no por mucho tiempo”. El motivo es simple: Homero es rápido y no se detiene en florituras, pero la versión de Wilson es incluso más dura, buscando una conclusión traumática, prescindiendo a su vez de arcaísmos y adoptando un lenguaje cercano, humano y actual; una Odisea del siglo XXI. Odiseo vuelve a casa y lo primero que hace es convertir su salón en un matadero. "No quería usar palabras grandilocuentes. Mi trabajo es que sientas el olor de la sangre mezclada con la comida en el suelo", añadió Wilson.
Con esto dicho, la versión de Wilson sustenta su tesis en el trauma, el peso de la violencia y el paso del tiempo, un regreso al hogar que no es feliz sino que pone punto final a una "tortura", y es fácil entrever por qué Nolan se fijaría en esta. Eso sí, cabe mencionar que lo que podría o no destacar Nolan de la obra de Wilson son suposiciones basadas en los paralelismos que trazan ambos autores. Pero al final, como espectadores, lo que es muy probable que veamos no será un relato épico como sí quiso Homero, sino un thriller existencial y humano con un Nolan para el que la épica es solo un vehículo del drama.
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