Street Fighter y el cine nunca se han llevado bien. En 1994 nos tocó la deleznable (aunque querida) Street Fighter: La última batalla, con Jean-Claude Van Damme como Guile y Kylie Minogue en el reparto , y en 2009 llegó Street Fighter: La leyenda (Street Fighter: The Legend of Chun-Li), esta deleznable a secas, que quiso ponerse seria y tampoco le salió bien la jugada. Más de 30 años después, Legendary y Capcom vuelven a la carga. La dirige Kitao Sakurai, y firma el guion junto a T. J. Fixman., en una colorida propuesta que le da a los fans todo lo que piden, y a lo mejor algún extra que no pedían y que lo mismo no termina de gustarles…
La historia arranca en 1993, el año de Super Street Fighter II, con los amigos Ryu (Andrew Koji) y Ken Masters (Noah Centineo) peleados hasta que Chun-Li (Callina Liang) los recluta para el Torneo Mundial de Luchadores. El reparto es una colección de cromos. Jason Momoa es Blanka, David Dastmalchian es M. Bison y las estrellas de la WWE Cody Rhodes y Roman Reigns son Guile y Akuma, con 50 Cent como Balrog y Orville Peck como Vega, entre muchos otros. La peli te mete un buen chute de nostalgia , y la peli cumple lo que prometía. Como fan de la saga, la he disfrutado muchísimo, y me alegra que no tenga aires de grandeza. Me ha divertido, me ha sorprendido, y quiero más, da igual que la peli en realidad, sea malísima.
Un cosplay de gran presupuesto
La peli es un festival de tollinas de colores sobresaturados en el que cada plano parece pensado para que señales la pantalla en plan meme de Leonardo DiCaprio. Las referencias a los juegos son interminables, desde los movimientos especiales hasta detalles que solo cazarás si te has dejado muchas tardes con el mando en la mano y manejas bien el lore, y se enlazan con guiños al cine (como Toro Salvaje u Old boy) y a la música de los 90 que encajan con una historia ambientada en esa época. Es fanservice a cholón, pero del que se nota hecho por gente que ama esta licencia. Pero este cosplay de gran presupuesto tiene su parte mala: si entras en el juego, también aceptas su tono.
Y ese tono está mucho más cerca del de Masters del Universo, de la que ya os hablé hace unos meses, que de la adaptación de Mortal Kombat de 2021. Aquí no hay sangre a cubos, y hay tanta gente con los dientes apretados como humor referencial. Vienes a ver la peli por las peleas, pero te quedas por las reflexiones socarronas y bien tiradas sobre lo complicadas que son las amistades entre hombres, a ritmo de 4 Non Blondes. Entiendo que quien busque algo oscuro e intenso, y a quien no le interesen las enigmáticas inclinaciones sexuales de Bison, salga decepcionado, porque esta peli no va a darle esa peli de artes marciales tan serie que busca. A mí, en cambio, me parece la decisión acertada para una saga en la que un yogui estira los brazos como un chicle y una bestia verde reparte calambrazos. ¿De verdad hacía falta ponerse trascendental con un juego así? Tampoco te eches ya las manos a la cabeza, ¿eh? La peli aprieta cuando tiene que apretar y es molona cuando tiene que molar.
La peli te mete un buen chute de nostalgia , y la peli cumple lo que prometía
No todo funciona, claro. Si no tienes recursos para hacer a Blanka como un personaje completamente digital, quizá es mejor no hacerlo, por mucho que Jason Momoa, que además es productor de la peli, se muera de ganas de interpretarlo. Momoa ha dicho que nadie podía hacerlo mejor que él y se nota el cariño que le pone, pero esa mezcla de el personaje digital no termina de cuajar nunca, pero bueno, tampoco me voy a poner a exquisito. En una peli que presume de fidelidad visual en cada fotograma, Blanka canta bastante, es verdad. Es el único personaje de todos los que aparecen que no me he creído ni un segundo.
También salgo con alguna espinita clavada. Me habría encantado ver más peleas de Chun-Li, que mueve los hilos de la historia y merecía lucirse bastante más en el ring. La verdad es que Callina Liang tiene una presencia física tremenda en pantalla, pero por desgracia queda eclipsada por esos Ryu y Ken que son los del Street Fighter II de 1991, como si los hubieran sacado de un Shoryuken de la recreativa. También he echado de menos a cierto lugarteniente de Bison muy importante del que no pienso decir nada más. Pero bueno... para eso estará la secuela.
Lo que le falta a Bison de planta musculosa lo tiene de carisma psicótico
Y luego está Bison, que era el papel más difícil de todo el reparto. En 1994 el gran Raúl Juliá lo convirtió en leyenda en su último papel en el cine, que aceptó porque sus hijos adoraban el juego, y nos dejó para siempre aquello de que el día que Bison llegó a tu aldea sería el más importante de tu vida, pero para él fue un martes. David Dastmalchian no tiene la planta del dictador corpulento de los juegos, y en las escenas en las que debe imponerse físicamente se nota. Pero lo que le falta de planta musculosa lo tiene de carisma psicótico, con un villano incómodo e imprevisible al que no le quitas el ojo de encima. No imita a Juliá, se lleva el personaje a su terreno, y funciona este martes y cualquier otro martes.
Ridícula a mucha honra
Street Fighter es ridícula, lo sabe y ahí está precisamente su gracia. No es la adaptación solemne que algunos querrían, ni falta que le hace, porque Street Fighter siempre fue un juego de luchadores imposibles con trajes de colores y golpes que gritábamos al pulsar los botones. Hacía falta que alguien entendiera que el truco no era disimular esa herencia, sino abrazarla y hacerse fuerte en el buen humor y el espectáculo, y Sakurai lo ha entendido. Con su Blanka mejorable y sus ausencias, es la peli que te mereces y que la historia te negó. Street Fighter llega a los cines españoles este viernes 16 de octubre. Y sí, por cierto, yo también odio a Joe con todas mis fuerzas, y ahora un poquito más.
En 3DJuegos | Ya he visto Mortal Kombat II y me alegra que en Hollywood por fin se hayan dado cuenta de lo que los fans ya sabíamos
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