Sé que afirmar que Harry Potter estaba un poco alelado en las películas de Warner es ponerse en contra, tal vez, a una legión de fanáticos del Mundo Mágico, pero hay que comenzar a tener cierto espíritu crítico para poder abordar la serie de HBO Max con los pies en la tierra. Las expectativas son altas y, aunque el trio inicial de actores ha convencido al público, hay que saber discernir entre los aspectos que son mejorables por si la serie decide hacer un trabajo más fiel al original. La representación del propio protagonista es uno de los melones que hay que abrir y no tiene nada que ver con la actuación de Daniel Radcliffe, ya que es y siempre será el Harry Potter más icónico que veamos. Sin embargo, eso no quita que el personaje estuviera sujeto a cambios cuestionables y decisiones sin sentido que hicieron que perdiera mucha de la esencia que caracteriza a un buen protagonista.
Harry nunca rompería La Varita de Sauco
Es difícil establecer las bases de un personaje cuando tienes una saga de libros todavía por terminar. Cuando se decidió estrenar La Piedra Filosofal en 2001, sus creadores se fueron adaptando sobre la marcha a los sucesos futuros. La serie de HBO Max no solo cuenta con esa ventaja, sino que también puede hacerse un esquema del personaje más adecuado a su desarrollo posterior.
Desde un inicio, el Harry Potter de las películas ha sido un buenazo. Nunca se le ha visto tomar cierta revancha en contra de los abusos de su primo, devolverle los ataques de la misma forma ácida a Draco Malfoy o realizar un buen puñado de travesuras que le hacen digno sucesor de Los Merodeadores. El Harry de las películas tenía su toque de rebeldía al hacer ciertas escapadas con la capa de invisibilidad por el castillo; sucesos que eran necesarios para que avanzara la trama. Y esto no solo le pasa a él, otro ejemplo de personaje algo perdido es Voldemort.
Pero el Harry de los libros se caracteriza por tener un tono mucho más osado, menos indeciso e incluso más hostil frente a según que sucesos. Con él no sueles tener el pensamiento de "¡Harry, espabila!". Un ejemplo muy claro es cuando los centauros se llevan a Dolores Umbridge y él no hace nada para evitarlo. En ningún momento se le vería tirarse zumo encima por la mirada de una chica tampoco. Se trata de un mago talentoso, uno que está a la altura del peso que carga sobre sus hombros desde el inicio. Al de las películas parece que las cosas le salen bien por pura suerte. En ese sentido, Harry siempre sacaba buenas notas, algo que en las películas ni se explora, ya que parecía que Hermione era la única que estudiaba, cuando no era así.
Hay muchas cosas que las películas omiten, como el hecho de que Harry se convierte en el jefe de la Oficina de Aurores en el Ministerio de Magia. Un puesto así no es por puro nombre. Pero lo que más me cabrea es una escena en concreto: la rotura de la Varita de Sauco. Este hecho jamás ocurre en las novelas. Harry la esconde para que pierda su poder cuando él muera, pero jamás deja de ser suya. Lo último que hace con ella es usarla para reparar su antigua varita, pero la deja oculta; algo normal teniendo en cuenta que llevaba 16 años acosado por un mago tenebroso que volvió de entre los muertos.
En ese sentido, no pongo las expectativas sobre el pequeño Dominic McLaughlin, sino sobre los guionistas que ya han prometido que la serie será más fiel a los libros. Queremos ver un Harry Potter con más carácter que el visto hasta la fecha.
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