En diciembre de 2012, Boeing le hizo al mundo un regalo de Navidad muy especial: uno de los experimentos más surrealistas que se recuerdan. De la mano de distintos sacos distribuidos por los asientos, los ingenieros de la compañía de aviones habían llenado un avión de pasajeros con 9 toneladas de patatas.
Cualquiera podría llegar a pensar que estaban haciendo algo relacionado con la carga del avión, pero lo que en realidad buscaban era solucionar un problema que, hace poco más de una década, era un dolor de cabeza para la mayoría de aerolíneas: la conexión de Wi-Fi en pleno vuelo.
Por qué Boeing utilizó patatas en vez de personas
El principal problema era que, incluso aunque tuviesen una antena con la suficiente potencia, la conexión no llegaba por igual a todos los pasajeros. Lo de un pasillo enorme aislado por las paredes del avión estaba lejos de ser el único inconveniente, sumad ahí el personal de cabina repartiendo cafés con el carrito y los propios pasajeros y entenderéis hasta qué punto se complicaban las variables.
La solución era aparentemente fácil, ponte a probar el sistema con la gente a bordo, pero la idea de frenar cada vez que se paraba el vuelo, cuando lo que necesitaban los ingenieros era estar días enteros tomando decisiones, lo complicaba todo. Es justo ahí donde entra en juego una investigación sobre frutas y verduras que llama poderosamente la atención de los responsables de la prueba.
El estudio mantenía que, pese a que nos parecemos como un huevo a una castaña, por su composición y contenido en agua, los humanos las patatas tenemos algo en común, lo que en ciencia se conoce como propiedades dieléctricas. En cristiano, que tanto esos tubérculos como nosotros absorbemos y reflejamos las ondas de radio de una forma suficientemente similar para que el intercambio tuviese sentido.
Tras todas las pruebas con patatas, que se alargaron durante más de dos semanas, finalmente los ingenieros de Boeing dieron el salto a las personas esperando resultados similares y, eureka, el experimento había sido todo un éxito y el problema quedaba solucionado en apenas diez horas de pruebas con personas reales.
Para acabar de hacer que la historia fuese lo más celebrada posible, aquellas patatas no terminaron en la basura y, tal y como explicó la propia compañía, fueron donadas a bancos de alimentos para que pudiesen aprovecharse. La próxima vez que pienses en conectarte al Wi-Fi de un avión, recuerda que si decides gastarte un riñón en ello y finalmente funciona, es gracias a que te pareces más a una patata de lo que jamás habrías imaginado.
Vía | Xataka
En 3DJuegos | La curiosa relación de Bill Gates con las patatas fritas de McDonald's
Ver 0 comentarios