Hace unos años la industria de los camiones de Japón declaró que el uso de los vehículos industriales como excusa narrativa se estaba convirtiendo en un problema. Afirmaban que, por ver repetida hasta la saciedad la idea de ver atropellado al héroe turno por un camión, la industria del manga y el anime se estaba cargando su reputación. Pese a lo cómico de la situación por una repetición en exceso, no iban desencaminados.
La premisa lleva tantos años metiéndose con calzador en animes y mangas que ha terminado convertida en meme. Que siempre el mismo camión sirva de excusa para mandar al héroe a un mundo mágico ha hecho del Truck-kun, como se le conoce de forma amigable, en un protagonista más de sus historias Isekai. Sin embargo, las risas se acaban tan pronto te pones a analizar con algo más de espíritu crítico ese recurso narrativo.
La cruda premisa del camión en el anime
Sin entrar en mucho detalle o sobreanalizar la situación, el inicio de los Isekai suele funcionar más o menos así. Un muchacho que va caminando tan tranquilo por la calle de pronto se enfrenta a un camión que no tiene tiempo para frenar o con un conductor despistado al volante. En el mejor de los casos, el accidente se produce no por pura casualidad, sino porque el muchacho en cuestión se ha arrojado delante de él para salvar a la viejecita o el niño de turno. Tras ello, se ve transportado a un mundo mágico donde, ahora ya sí, empieza su verdadera aventura.
Lo hemos visto tantas veces que hasta hemos perdido la cuenta. Da igual de qué forma te lo pinten, aunque sea cambiando al camión por un coche, la premisa es siempre la misma. Podríamos decir que, a todas luces, es una obsesión recurrente tanto de los artistas como del público japonés, y en esa precisión milimétrica con la que se repite la misma historia una vez tras otra, empiezas a ver un patrón.
El joven está lejos de ser alguien con madera de protagonista. Por lo general suele ser un varón de corta edad en una situación lejos de resultar boyante. No tiene novia ni amigos, no es rico, y si tiene un trabajo probablemente es algo precario que combina con unos estudios que no parecen llevarle a ningún sitio. Frente al camión no se planta nadie que fuese un héroe local. Cae un personaje invisible para la sociedad con pocos ojos a su alrededor dispuestos a derramar lágrimas por su pérdida.
Frente a una población con evidentes problemas de aislamiento y un alarmante número de suicidios, el camión esquiva un estigma enorme. El muchacho no lo ha hecho de forma consciente, ha sido un accidente que habría preferido evitar, pero lo hecho, hecho está, y el resultado termina siendo el mismo. Ha fallecido bajo las ruedas de un camión para irse a un lugar mejor. A un mundo mágico en el que, ahora sí, puede ser el héroe.
Un incómodo reflejo de la sociedad de Japón
En una sociedad en la que los jóvenes lo tienen cada vez más difícil y la premisa del trabaja duro y serás recompensado ha perdido la relevancia de antaño, el género del Isekai se convierte en un espejo del origen de esas alarmantes tasas de suicidios de Japón, la caída de su natalidad, y la sensación que comparten las nuevas generaciones de que hay pocas salidas posibles a ese destino.
Verlo repetido hasta la saciedad está lejos de ser una broma interna del país a nivel cultural, es la excusa perfecta para conectar con una población que sueña con una vida mejor. El camión se convierte así en el botón de reseteo de una vida real que no les permite empezar de cero. El sueño de dejarlo todo y acudir a un mundo de fantasía no por la necesidad imperiosa de querer salvar el mundo, sino de ser alguien en vez de seguir siendo nadie.
El Isekai esconde sus historias detrás de una épica aventura cuando lo que vende es relevancia en la sociedad. El dejar de ser una persona mediocre para convertirse en el héroe de la historia en un mundo que realmente le necesita, con amigos que le apoyan y una novia que decide buscarlo a él en vez de ser justamente lo opuesto.
Como casi todas las ideas que terminan convertidas en éxito, la del Isekai y su camión responde a una realidad que la población de Japón lleva años asumiendo en silencio y que las estadísticas reflejan con números tan fríos como demoledores. No es sólo que muchos se pasen su vida imaginando cómo sería empezar de cero, es que lamentablemente hay una buena parte de la población que sueña con ello como su única salida.
Imagen | Alex Chis
Ver 1 comentarios