Durante los últimos meses el panorama de los booktokers ha girado en torno a una misma obsesión, el libro autopublicado de Mia Ballard, Shy Girl. Su historia, la de una joven con trastorno obsesivo-compulsivo que para lidiar con su pésima situación financiera viviendo como la mascota de un hombre adinerado, ya le auguraba un ruido más que llamativo en el panorama literario. Finalmente, ha sido otra razón la que ha catapultado al libro a la fama.
Tras autopublicar Shy Girl en Amazon el año pasado, las copias físicas terminaron agotadas y empezaron a revenderse a precios notablemente inflados. En vista de lo mucho que estaba creciendo la conversación alrededor de la historia, la editorial Hachette decidió hacerse con los derechos y anunció una nueva edición física que llegaría en noviembre de 2025 a Reino Unido y en abril de 2026 a Estados Unidos. Esta última, en cambio, no aterrizará en las tiendas.
La polémica de Shy Girl
Tras la publicación del libro en Europa y crecer aún más entre las cuentas de booktokers de TikTok, el canal de YouTube Frankie’s Shelf subió un vídeo en el que, durante casi tres horas, establecía que en realidad Shy Girl tenía toda la pinta de haber sido un libro creado con la IA. Tras moverse el caso en el New York Times, la editorial ha anunciado que no publicará el libro en Norteamérica ni ofrecerá nuevas tiradas del vendido en Reino Unido.
Dicen que su compromiso con la creatividad es clave y que, por lo tanto, la mera sombra de duda que caiga sobre Shy Girl es más que suficiente para frenar la colaboración con Mia Ballard. Viendo que la detección de IA devuelve un resultado de un 78% de contenido generado por inteligencia artificial, es fácil entender el porqué.
Por su parte, la escritora asegura que todo se debe a un error, a la mano de un editor que contrató para revisar el texto que, aparentemente, utilizó la IA para reescribir fragmentos sin su consentimiento. En cualquier caso, la situación de Shy Girl pone sobre la mesa diversos debates a los que conviene asomarse.
Por un lado está el límite de las editoriales que, especialmente bajo un nombre como Hachette, con esta decisión marcan una línea roja frente al futuro que está por venir. Por otro, las no pocas dudas que siembra el hecho de que un superventas autopublicado haya sido capaz de encandilar a miles de personas sin levantar sospechas y, aparentemente, dejándolos contentos en el proceso.
Por último, está por ver hasta qué punto las herramientas de detección de IA son realmente tan buenas como damos por hecho que son. Estudios publicados por Stanford y la revista Nature destacan que, por lo general, estos modelos tienen a marcar como erróneos todos aquellos textos que no hayan sido escritos por personas no nativas y criadas en inglés, el mismo lenguaje que se usó para entrenarlos.
También que, cuando se utilizan coletillas y palabras más ligadas al inglés afroamericano, las herramientas demuestran responder de forma más negativa. Que Ballard sea afroamericana es, como ya habréis imaginado, la guinda que le faltaba a un pastel que muy probablemente no terminará aquí.
Imagen | Julian Bock
Ver 0 comentarios