Tras lanzar su aplicación en abril del año pasado, la hija de Bill Gates ya puede decir que ha conseguido acumular medio millón de descargas en menos de un año de vida, y que su empresa con menos de 10 empleados ya está valorada en unos 185 millones. Sin embargo, Phoebe Gates debe reconocer que, en mayor o menor medida, todo se lo debe a su padre.
El cofundador de Microsoft, sin duda uno de los multimillonarios y filántropos más famosos de nuestra era, accedió a echarle una mano cuando la empresa aún estaba en pañales. Lejos de simplemente promocionarla o invertir dinero, Bill Gates accedió a trabajar allí en el puesto más bajo posible y demostró con ello una valiosa lección para otros PDG del sector.
Bill Gates, asesor de clientes de lujo
Lo que hizo Bill Gates antes de llevarse el mensaje a Linkedin para dar un consejo a otros Programas de Dirección General fue ponerse a trabajar como teleoperador de atención al cliente de Phia, la aplicación para encontrar ofertas de ropa y artículos de segunda mano creada por su hija que la prensa internacional ha catalogado como el nuevo "Booking de la moda".
"Cuando tu hija te pregunta si estarías dispuesto a trabajar en el servicio de atención al cliente de su startup, la única respuesta correcta es sí. Con un poco de suerte, no romperé nada", decía Bill Gates en su mensaje inicial. La idea de tener al multimillonario actuando de teleoperador ya es lo suficientemente potente como para generar ruido, pero como buen gurú de los negocios que es, quiso llevar el mensaje un paso más allá.
"He pasado mucho tiempo pensando en cómo la tecnología puede hacer que los sistemas sean más eficientes, justos y accesibles. Pero con los años he aprendido que la mejor forma de entender cómo funciona algo, o dónde falla, es ir directamente al encuentro de las personas que lo usan".
Apuntando a aquello de ensuciarse las manos para entender cómo funciona una empresa, Bill Gates evitó por todos los medios invertir dinero directo en la empresa de su hija porque considera que su relación se había visto afectada por la decisión. Supervisar con dinero en juego no es lo mismo que hacerlo desde la distancia, así que mantenerse ajeno más allá de este gesto sirvió para no involucrarse: "afortunadamente, nunca llegó a ocurrir".
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