California quiere cobrar un impuesto extraordinario a sus mayores fortunas y algunos de los nombres más conocidos de Silicon Valley están gastando millones de dólares para intentar impedirlo. Sergey Brin, cofundador de Google, encabeza una oposición que ya ha movilizado más de 120 millones de dólares contra la Proposición 40, una medida que los ciudadanos del estado tendrán que votar el próximo 3 de noviembre.
La propuesta plantea un impuesto único de hasta el 5% sobre determinadas fortunas superiores a 1.000 millones de dólares. La recaudación alcanzaría decenas de miles de millones, según las estimaciones oficiales, y el 90% se destinaría a sanidad, mientras que el 10% restante iría a programas relacionados con alimentación y educación. Gavin Newsom, gobernador de California, también se opone porque teme que provoque la marcha de grandes fortunas y termine reduciendo los ingresos fiscales del estado.
Sergey Brin ya ha aportado 82 millones de dólares
El caso más llamativo es el de Brin. El cofundador de Google ha destinado 82 millones de dólares a Building a Better California, un comité que impulsa medidas contrarias al nuevo impuesto. Le siguen nombres conocidos del mundo tecnológico y financiero como John Doerr (10 millones), Michael Moritz (7,5 millones), Patrick Collison (7 millones) y Eric Schmidt, antiguo CEO de Google con algo más de 3 millones.
La lista continúa con nombres relacionados con Ripple, DoorDash o PayPal. En conjunto, los grupos que intentan detener o complicar la aprobación del impuesto han reunido más de 120 millones de dólares. En el otro lado, SEIU-UHW, el sindicato sanitario que impulsó la propuesta, había movilizado alrededor de 31 millones.
La diferencia económica ayuda a entender lo que está en juego. California alberga alrededor de 200 multimillonarios y su sistema fiscal depende de los ingresos de las rentas más altas. Quienes apoyan la Proposición 40 consideran que un pago extraordinario permitiría reforzar servicios públicos tras los recortes federales; sus detractores, en cambio, creen que podría conseguir justo lo contrario si algunas de esas fortunas trasladan su residencia y dejan de pagar otros impuestos en California.
La batalla, por tanto, irá mucho más allá del 5%. Como indica Business Insider, Silicon Valley ha convertido la votación en una lucha sobre hasta qué punto California puede gravar las fortunas que ayudó a crear sin empujarlas hacia otros estados. Antes siquiera de conocer el resultado, ya hay una cifra reveladora: evitar este experimento fiscal está costando más de 120 millones de dólares.
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