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El cerebro reptiliano lleva 70 años alimentando libros, películas y mitos. La neurociencia cuenta una historia mucho más extraña

  • A mediados del siglo pasado, Paul MacLean separó la evolución del cerebro en tres fases

  • La neurociencia actual cree que se equivocó al formular su teoría

El Cerebro Reptiliano Lleva 70 Anos Alimentando Libros Peliculas Y Mitos La Neurociencia Cuenta Una Historia Mucho Mas Extrana
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Rubén Márquez

Editor - Trivia
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Rubén Márquez

Editor - Trivia

Es muy probable que en algún momento de tu vida te hayas cruzado con la idea del cerebro reptiliano porque 70 años de cultura geek se han encargado de ello. Dicen que es la zona más antigua del cerebro, la que provoca todos esos impulsos primitivos en los que solemos caer. Que si lo normal es que actuemos con cabeza es porque hay otra capa que se encarga de razonar y frenar esos impulsos. 

A mediados del siglo pasado, el neurocientífico Paul MacLean separó la evolución del cerebro en tres fases. Si las más modernas eran la del mamífero emocional y la del racional, la base sobre la que se apoyaban ambas era la del cerebro reptiliano, la que heredábamos de nuestros orígenes evolutivos y representaba nuestro pasado más salvaje. Ahora, un nuevo estudio ha venido a explicar qué ocurre realmente en nuestra cabeza. 

Ni primitivo ni reptiliano, ordenado

Tal y como se recoge en Science Advances, tras estudiar a 182 especies de mamíferos se ha descubierto un patrón que desmonta por completo la teoría del cerebro reptiliano. La clave está en la diferencia de tamaño entre ciertas áreas del cerebro y otras. Si bien antiguamente se creía que esas áreas más desarrolladas pertenecían a partes primitivas, lo cierto es que todo depende del animal en cuestión y, más aún que eso, de las tareas a las que están acostumbrados. 

Si un animal depende del olfato para su supervivencia y otro hace lo propio con la vista, lo normal es que esas áreas en concreto estén más desarrolladas y terminen ganándole terreno a otras que utiliza menos. Pero la razón detrás de ello no está en un sistema primitivo que marca ese camino del desarrollo, sino en cómo el cerebro organiza la información.

Aquellos que tiran más de vista, oído y tacto funcionan mejor con un sistema más ordenado en ciertas regiones, mientras que los arrastrados por el olfato se agarran a una organización mucho más repartida por todo el cerebro. En esa diferencia abismal entre un sistema y otro es donde se desmonta principalmente la teoría del cerebro reptiliano. 

Al recrear ambos sistemas mediante redes neuronales se ha demostrado que no tenemos un cerebro primitivo que lanza impulsos descontrolados y otro que lo regula en base a la razón. Estamos ante un sistema que ya viene preparado de base desde el nacimiento y que, incluso antes de empezar a aprender, ya sabe cómo debe manejar esa información y responder a ciertos estímulos. 

Si todo eso es importante a día de hoy es porque, además de llevarse algún que otro mito por el camino, valiéndose de nuestro cerebro como base el entrenamiento de la inteligencia artificial puede apoyarse en esa misma estructura para trabajar de forma más eficiente y más barata. 

Imagen | OpenAI

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