Si alguna vez te han preguntado si llegas tarde a apagar algún fuego, estás en mi equipo. Quienes tendemos a caminar rápido, sin importar si vamos a comprar el pan, llegamos tarde a algún sitio o simplemente estamos paseando, parece que, según la psicología, tenemos ciertos rasgos de personalidad comunes.
Según recogía un estudio de 2017 publicado en Social Psychological and Personality Science, una de esas características eran niveles más bajos de neuroticismo, la tendencia a experimentar con mayor frecuencia e intensidad emociones negativas como la ira, la tristeza, la culpa o la inestabilidad. Vamos, que puedes estar contento de ser un ser de luz, pero no es el único rasgo que destacaron entre quienes caminamos rápido.
Lo que nuestra forma de caminar puede decir sobre nosotros
El estudio, que analizaba los datos de 15.000 adultos de entre 25 y 100 años para comprobar hasta qué punto caminar rápido estaba estrechamente relacionado con altos niveles de estrés, desplegaba un abanico de rasgos comunes que iban desde ser más extrovertido hasta mayores índices de responsabilidad.
Las cifras mantenían que, para quienes parecen ir con prisa a todos sitios, parecía haber mayores índices de organización, disciplina y constancia en sus objetivos, pero incluso frente a unos índices tan claros, ni siquiera tener la certeza de que esa velocidad al caminar decrecía menos que las del resto al llegar a edades más avanzadas podía establecerse como algo escrito en piedra.
En el propio estudio se anticipaba que la intención no era convertir el test en un detector de personalidades. Que otras variables como la edad, la condición física, el entorno o los giros inesperados de su día a día podían llevar a cambiar nuestra velocidad al caminar.
Dicho de otra forma, que aunque sí existan ciertas similitudes entre quienes acostumbramos a andar más deprisa que el resto, eso no debe extrapolarse a que quienes llegan tarde al metro sean más organizados y tengan un neuroticismo más bajo.
Imagen | Nick Fewings
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