En marzo de 2024, los responsables de KFC llegaban al santuario Sumiyoshi Taisha de Osaka con una delirante intención. Querían despedir al Coronel Sanders como era debido. Bueno, mejor dicho, a una estatua de plástico del Coronel Sanders a la que se atribuía una maldición que se había alargado durante décadas.
Como un funeral sintoísta cualquiera, los sacerdotes celebraron el ritual para darle descanso e hicieron ofrendas de sake y, como no podía ser de otra forma, también del pollo frito de la compañía. Creían que, tras casi 40 años de maldición deportiva, aquella era la única forma de garantizar que los Tigers volviesen a ganar la liga. Y sorprendentemente, así fue.
El funeral japonés del Coronel Sanders de KFC
Para entender de dónde viene toda esa admiración y superstición por una estatua de plástico de esas que descansan a las puertas de los restaurantes, toca remontarse a 1985, cuando los Hanshin Tigers, famoso equipo de béisbol japonés, conquistaron la gran liga de Japón. Tras muchos años sin ganarla, la euforia colectiva se apoderó de la ciudad de Osaka.
Acudiendo al río para que los más parecidos a los jugadores se lanzasen al agua celebrando el título, los japoneses iban saltando entre cánticos hasta que llegaron a Randy Bass, jugador estadounidense del que, como fácilmente imaginaréis, no había nadie particularmente parecido. Lo que más se asemejaba era una estatua del Coronel Sanders de un KFC cercano y, ni cortos ni perezosos, robaron la estatua y la tiraron al río.
Poco después de aquello, las desgracias empezaron a llegar a los Tigers. Lesiones de jugadores cruciales, temporadas para el olvido, oportunidades únicas que se les escapaban entre los dedos… La única explicación que le vino a la cabeza al público fue pensar que aquello no podía ser mala suerte, tenía que ser una maldición.
Acordándose de aquella estatua, en 1988 un programa de televisión intentó recuperarla del fondo del río sin mucho éxito y, mientras los problemas se amontonaban para los Tigers, el peso de la superstición se hacía cada vez más presente entre los aficionados. No consiguieron recuperarla hasta 2009, cuando entre labores de limpieza encontraron la estatua completamente demacrada, llena de algas y con buena parte de la estructura dañada. Ni siquiera eso sirvió.
Los Tigers tuvieron que esperar hasta 2023 para volver a ganar el campeonato y, conscientes de hasta qué punto aquella estatua se había convertido en parte del equipo, creyeron que lo justo era terminar de pedirle perdón para dar por finalizada la maldición. Darle un funeral con todos los honores era, después de todo aquello, lo mínimo que podían hacer.
Imagen | Fugu Tabetai
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