Si tuviese que elegir un momento favorito de todas las películas de Pixar, sin duda elegiría ese en el que Miguel comparte con Coco la canción de Recuérdame para intentar luchar contra su alzhéimer. No importa las veces que llegue a ella, el resultado siempre es el mismo. Una sensación tan difícil de describir como fácil de reconocer. Una que a menudo confundimos con alegría o tristeza porque, pese a lo absurdo de ese choque, se siente como tal y muestra los mismos síntomas.
Basta con describirte un par de pinceladas de ese sentimiento para que tú también termines recordando una experiencia similar. Los ojos se ponen vidriosos por lo que parece una inmensa pena, pero tu cara esboza una sonrisa por la alegría que supone estar viviendo ese momento y, mientras parece que un nudo se crea en tu garganta, tu pecho parece calentarse para transmitirte una ternura especial. Pero pese a que es factible que lo hayas sentido en infinidad de ocasiones, es igual de probable que no sepas cómo llamarlo. Eso acaba aquí y ahora. Se llama Kama Muta y los expertos en psicología ya le han dado una explicación.
Las lágrimas de alegría de Pixar
Pese a que hasta ahora no contaba con una explicación científica, la reconocíamos con frases como "me ha llegado al corazón" y, de hecho, el uso de la palabra Kama Muta procedente del sánscrito apunta en la misma dirección. En esa lengua se traduciría como "conmovido por el corazón" y, lejos de ser una mezcla de emociones, la psicología lo ha catalogado como una sensación independiente con una función social.
La idea de esas lágrimas positivas cuentan con una función evolutiva que nos empuja a ser más compasivos y fortalecer los lazos sociales a través de la empatía. Los estudios sobre el fenómeno formulan que el Kama Muta favorece el sacrificio personal por el grupo y mejora la percepción de grupos externos a nuestro círculo más cercano, lo que a nivel antropológico puede habernos ayudado a generar vínculos que de otra forma serían difíciles de abrazar.
Tras ese pico de emoción inicial, en apenas unos segundos saltamos a un estado de relajación cardiaca y respiratoria que nos transmite una sensación de paz especial. Da igual si es en el momento álgido de una boda o mientras vemos una película, el estudio ha demostrado que la sensación física y mental que despierta el Kama Muta está presente en más de 19 países, lo que implica que su factor evolutivo es algo que viene de lejos.
Como en tantas otras emociones, el mundo del marketing no ha permanecido ajena a ella aunque no supiesen darle nombre y, de hecho, Pixar ha convertido su explotación en una fórmula mágica que nos hace salir del cine sintiendo que acabamos de vivir algo especial. No importa a cuántas películas de la factoría de Disney te acerques, siempre encontrarás un ejemplo que, como mínimo, se acerca a ese chute de Kama Muta al final de la película.
Valiéndose de personajes rotos que invitan a la desesperanza, cuando en el momento álgido de sus películas esos protagonistas encuentran la forma de repararse a través de un tercero, esa conexión social y emocional sale a relucir despertando el Kama Muta.
En cualquier caso, su logro no es haber descubierto una brecha por la que colarse en nuestra cabeza, sino el hecho de evitar que esa intención caiga en el sentimentalismo barato gracias a la construcción de sus personajes y cómo su animación, paleta de color y música, van de la mano para motivar esa experiencia.
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